Violencia contra violencia: un polvorín en Cuba

‘Después del 11J, los cubanos hemos podido corroborar que la Policía no está para protegernos, y eso que el Gobierno invierte más en carros patrulleros que en ambulancias’, dice un habanero.

Una calle de La Habana. DIARIO DE CUBA

Muy lejos de esa tranquilidad ciudadana que el régimen de La Habana insiste en comerciar como «conquista revolucionaria», la violencia señorea en Cuba y se diversifica. La ineficacia de las autoridades deja la puerta abierta a más violencia, que se expresa en ciudadanos tomando la justicia por su mano contra el robo, los asaltos, las agresiones sexuales.

«Nos cansamos de esperar a que la Policía aparezca o a que se resuelvan los casos de delitos violentos, que están a la orden del día contra una población cada vez más empobrecida», dijo Pedro Luis Lafayette, vecino de Guanabacoa y víctima de un robo con fuerza en agosto del pasado año.

«Lo poco que tenemos, que se consigue con más dolor que dinero, no estamos dispuestos a perderlo, ni vamos a sentarnos a esperar que la Policía decida hacer su papel. La Policía en Cuba resuelve los delitos comunes gracias a la delación, no porque sea efectiva en su trabajo. Por tanto, hemos decidido que la justicia contra la delincuencia la ejerceremos en los barrios nosotros, los ciudadanos. El Gobierno nos ha obligado a la violencia como sustituta de la justicia«, añadió Lafayette, quien opina que los tribunales no son severos contra ladrones, asaltantes o violadores.

«Sin embargo, si robas en una propiedad del Estado o eres un opositor, sí te cae encima todo el peso de la Ley, la justicia y el copón divino», apuntó Amarilis Cárdenas, su esposa.

«Cada tienda en MLC está custodiada las 24 horas del día por dos o más militares y un carro patrullero que hace sus rondas a cada rato. Una demostración que no deja lugar a dudas sobre cuáles son los intereses que vigila el Gobierno, razón por la cual estoy en total acuerdo con que la gente castigue por su cuenta a los delincuentes, al menos como escarmiento».

Licenciada en Derecho, la joven habanera Katiuska Pedroso coincidió en que la opinión más común es que «aquellos delitos que implican prejuicio a la ciudadanía no se afrontan o procesan con la misma celeridad que aquellos otros que atentan contra los intereses del Estado-Gobierno».

«En Cuba el delito se mira desde un punto de político, siempre con ese componente de salvaguardar una sociedad socialista cada vez más hundida en la sobrevivencia, el desencanto y el miedo a exigir un cambio radical en el país. Esto se evidencia en que la movilización de recursos y capital policial, tanto para hacer valer la Ley como para el ejercicio de la Justicia, va más hacia aquellos delitos a los que, por su naturaleza, se les atribuyen agravantes desde un punto de vista político-ideológico«, explicó Pedroso.

«Atrapar a un ladrón, a un estafador, a un pedófilo, o a un maltratador de mujeres no tienen la misma prioridad para la Policía, la Fiscalía y los tribunales populares. Esto es el resorte, y la causa, de la proliferación de hechos en los que la gente se toma la justicia por su mano, y no necesita explicarse cuáles serían las consecuencias a mediano plazo», agregó.

La severa escasez y una inflación sin precedentes, que entronizan al apartheid económico resultado directo de la dolarización de la economía, complejizan la sobrevivencia del cubano de a pie. En un país donde una simple frazada de piso cuesta 200 pesos en el mercado informal —y conseguir alimentos, medicinas o productos de aseo es angustioso—, las comunidades y barriadas han decidido proteger sus bienes a toda costa, aunque ello implique involucrarse en episodios violentos.

En una pequeña localidad ubicada en el consejo popular Plaza, la misma donde a finales de diciembre del pasado año ocurrió un asalto y robo con arma de fuego en un domicilio, los vecinos están en alerta máxima y en disposición de velar, «a como dé lugar», por la seguridad del barrio. Luego de un mes de ocurrido el hecho, la Policía no ha ofrecido a Ivón Collazo y sus familiares ningún avance o esclarecimiento del suceso que aconteció a escasos metros del Comité Central del Partido Comunista.

«Hace unos días, sobre las 3:00 de la madrugada, mi esposa y yo nos percatamos de un individuo con un comportamiento sospechoso que rondaba el barrio. Alerté además a mi padre que, como encargado del edificio, enciende el motor del agua diariamente a las 4:00 de la mañana. Lo volvimos a ver con la misma actitud sospechosa cuando mi padre bajó, y entonces agarré un pedazo de tubo y bajé», relató René Aportela, quien tiene su negocio justo detrás de su edificio.

«Cuando nos vio, se desapareció. Acudí entonces al patrullero que casi siempre se estaciona en los alrededores del policlínico. Ni siquiera escucharon mi explicación ni miraron mi carnet de identidad para comprobar que yo era un vecino del barrio. Se limitaron a increparme sobre el tubo y a decir que podía ser conducido por portar un objeto contundente. No soy partidario de la violencia como solución de nada, pero el mensaje de la Policía, para mí, está más que claro«, dijo Aportela.

Los habaneros consultados coincidieron en que el régimen no garantiza la protección de los bienes del pueblo. Incluso los ciudadanos que declararon ser «revolucionarios» admitieron que los actos violentos contra delincuentes que en los últimos meses proliferan en el país son consecuencia de la inacción de la Policía, y de la desproporcionada aplicación de la Justicia, que se percibe más laxa ante delitos comunes que ante otros como el desacato, la desobediencia y la propaganda enemiga, habitualmente utilizados contra opositores y críticos del Gobierno. Esa opinión se ha fortalecido tras la represión contra los manifestantes del 11 de julio de 2021.

«¿Quiénes somos las víctimas de los robos, de los asaltos, de los hurtos? Los cubanos de a pie», dijo Marlon Duquesne, vecino de San Miguel del Padrón, donde los asaltos con violencia y las agresiones sexuales «son el pan nuestro de cada día».

«Quizás estamos haciendo el trabajo de la Policía y de la Justicia, pero no nos queda otra. La Policía cubana, no nos engañemos, nunca ha sido muy eficiente o ha estado interesada en los delitos relacionados con la violencia en cualquiera de sus aspectos. Pero luego del 11J, millones de cubanos hemos podido corroborar que la Policía no está para protegernos, y eso que el Gobierno invierte más en carros patrulleros que en ambulancias».

«El cubano jodido tiene dos opciones: o implicarse en hacer justicia por su cuenta contra los delincuentes, o colgar un cartel de ‘Patria y Vida’ en la puerta de la casa. En este último caso, verás como te parquean en la cuadra dos patrullas y un camión de boinas rojas las 24 horas, y nadie se atreve a robarte ni un palito de tendedera», concluyó Duquesne.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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