Viejos y pobres en Cuba: cerca de 1.600.000 jubilados y más de la mitad con el mínimo de pensiones

Los cálculos iniciales de la Tarea Ordenamiento ‘avizoraban mayores cuantías de jubilación’, dicen académicos. Con lo que cobran hoy, y la inflación, miles de ancianos viven en la miseria.

Una anciana cubana residente en Cienfuegos sumida en la pobreza. ROXANA MARTÍNEZ ABREU 5 DE SEPTIEMBRE

La «independencia económica» de los adultos mayores en Cuba y las exiguas ayudas del Estado cubano a los más vulnerables se han esfumado tras el «ordenamiento monetario». Este grupo poblacional se ha visto sumido en la miseria con pensiones que no alcanzan, mientras se agrava su situación con la inflación que padece la Isla. 

Según José Luis Rodríguez, Premio Nacional de Economía (2019) y de Ciencias Sociales (2021), «un ejemplo de los segmentos más vulnerables se aprecia al tomar en cuenta que Cuba tiene alrededor de un 1.600.000 jubilados, y de ellos, más de la mitad cobra el mínimo de esas pensiones«, publicó el periódico 5 de septiembre.

Esta tendencia alcanza otros picos en Cienfuegos, donde —según datos de la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social— de los cerca de 58.310 jubilados, el 70% devenga la cuantía mínima, establecida en 1.528 pesos para quienes se retiran por edad o invalidez total, y en 1.070 para los pensionados por viudez.

La realidad de los ancianos asistidos por el Gobierno, con prestaciones monetarias que rondan los 1.260 pesos para una persona, es aún más miserable

«Lo más duro de esta edad es que uno se va acercando a la muerte, y el disfrute del tiempo que nos resta puede convertirse en una pesadilla«, dijo al medio oficial Enrique Rodríguez García, de 75 años, quien reside junto a la hermana, una persona con discapacidad, de 86 años.

«¿Qué son hoy 1.570 pesos? Nunca viví del cuento. En su momento hice lo que debí hacer, y ahora me siento salarialmente maltratado, sin retribución. Padezco de anemia, no puedo salir a la calle por el riesgo a una caída, y mi situación necesita respuesta. Quiero ser medido con la misma regla que mide a todos, pero el asunto es que la regla se ha quedado corta», lamentó este hombre, graduado universitario, filólogo y que dominara hasta cuatro idiomas.

Albina Lugarda Chaviano, de 63 años, vive más más estrecheces aún. Ella recibe, a través de la Asistencial Social, una chequera de 1.260 pesos.

«¡Mira los medicamentos míos! ¡La cantidad de enfermedades grandísimas que tengo! En la farmacia gasto la mayor parte del dinero», se quejó.

«También están los ‘mandados’, la dieta, y no existe forma de que me alcance. He vendido casi todo lo que tenía de valor, y hay meses que ya no sé qué voy a hacer. Estoy sin ropa, sin zapatos, sin nada. Vivo de la caridad de la gente, de lo que puedan darme, y no siento pena al decirlo», dijo.

«Somos conscientes de que, con los precios de hoy día, exorbitantes, la pensión mínima no satisface las necesidades de los jubilados«, admitió Lino Pérez Díaz, director provincial del Instituto Nacional de Seguridad Social (INASS) en Cienfuegos.

Según Eduardo López Bastida, profesor titular de la Universidad de Cienfuegos (UCF) y presidente de la Academia de Ciencias de Cuba en la provincia, «los cálculos iniciales de la Tarea Ordenamiento avizoraban mayores cuantías de jubilación, pero se ajustaron tanto que terminaron siendo demasiado bajas para gente que trabajó toda su vida«.

«Ahora, con la inflación, a un gran porcentaje ni siquiera les alcanza para la canasta básica«, lamentó.

«Sumémosle a esto la enorme cantidad de ancianos que viven solos, un fenómeno agudizado en la última década», añadió Olga Lourdes Vila Pérez, catedrática de la UCF y autora de varias investigaciones sobre el envejecimiento poblacional en el país. «Hablamos de adultos mayores abandonados por sus familias, e igual por los hijos y parientes cercanos que hoy emigran, lo cual hace que sean mucho más vulnerables», dijo.

Según 5 de septiembreaparte del número creciente de personas de la tercera edad que viven en dependencia económica, otros jubilados alargan su vida laboral o asumen trabajos informales para ayudar a la familia o mantenerse a sí mismos, al margen de sus dolencias y deseos.

Irrael Lobelle Diéguez, de 83 años, quien cobra una pensión mínima de 1.528 pesos dijo al medio: «Solo en la alimentación gasto casi todo. Por eso recojo materias primas, para tener un dinero extra, porque a mí me gusta dar un regalito a los nietos y bisnietos en sus cumpleaños, comprarles alguna chuchería. Cuando el ‘retiro’ era de 300 pesos sentía que alcanzaba más, pero lo subieron, y subieron todo, y nunca va a dar nada».

Dagoberto Cobas Vidal, de 84 años, y con una jubilación de 1.570 pesos, declaró: «Ya no tengo muchas fuerzas y a veces voy a trabajar al campo para ganar algo más y poder comprar las cosas en la calle. Por supuesto, me preocupa el día que no pueda hacerlo: eso será dramático».

El Gobierno cubano aprobó en septiembre de 2021 la prestación de 280 pesos más a los jubilados que vivían solos y devengaban la pensión mínima sin ayuda económica de ningún familiar obligado. Por dicho concepto, las autoridades dijeron que el estado erogó 1.900 millones de pesos, equivalentes a 79 millones de dólares, según un reporte de la agencia Prensa Latina.

Eirinevys González Navarro, subdirectora de Prevención, Asistencia y Trabajo Social en Cienfuegos, dijo que en la provincia, «al momento de aplicarse la medida fueron beneficiados alrededor de 990 ancianos, y ya superan los 2.000, porque todavía permanece vigente», pero no ha resuelto la situación de los afectados.

Armando Poblet Figueredo, de 74 años, y con una jubilación de 1.500 pesos, es uno de los beneficiarios del Servicio de Atención a la Familia (SAF) en la ciudad cabecera cienfueguera, programa a través del cual intenta garantizar su alimentación del día.

«El dinero no da, y a veces ni siquiera puedo comprar todas las ofertas, a pesar de que la comida está más mala que antes«, dijo.

Juan Millares Mesa, de 76 años, otro de los dependientes de estos comedores, declaró que hay días que come un plato de arroz solo. «No tengo para comer algo diferente. Ayer mismo almorcé con la comida de aquí (del SAF) y dejé un poco para la noche, y así —declaró— voy viviendo, a lo que Dios quiera».

Desde la dirección provincial del INASS, declararon que «el incremento de las pensiones depende de la holgura económica del país para generar ingresos y poderlos destinar a tal fin. Por ello, los análisis se centran en cómo bajar los precios». Otro tanto ocurre en el ámbito de la Asistencia Social, con proyecciones orientadas a la prevención, pues «la ayuda monetaria y la entrega de recursos no resuelven mil y una dificultades que afrontan los ancianos al interior de sus hogares», reconocieron.

La profesora Vila Pérez, sin embargo, considera que «sí se debe ser flexible con las políticas laborales y salariales, especialmente con aquellas dirigidas a la jubilación y la asistencia social. Corresponde incrementar las pensiones a esas personas que mucho trabajaron durante su vida; es evidente ante la situación actual«.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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