‘Vamos a necesitar carretillas de dinero’: las compras de dos familias cubanas en la ‘Tarea Ordenamiento’

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‘Ni hablar de carne de cerdo, pescados y conservas; eso es deporte de alto riesgo’, dice una madre de familia.

Cola ante un mercado habanero. J. E. RODRÍGUEZ DDC

Las largas colas, tanto en los establecimientos comerciales en moneda libremente convertible (MLC) como en los de moneda nacional (MN), continúan predominando en el panorama habanero tras la arrancada del proceso de unificación monetaria y cambiaria en la Isla y pese al aumento de casos de Covid-19.

“Lo que prevalece es el desabastecimiento, la escasez y, por lógica, el racionamiento, con la consecuente especulación de precios en el mercado negro”, señaló Gustavo Chacón Calzadilla, trabajador de una fábrica de tabacos y padre de cuatro menores de edad, quien además coincidió con una preocupación entre los empleados estatales: la producción nacional. “Ni a corto ni a mediano plazo” podrá respaldar a un ordenamiento monetario que apenas funciona como cortina de humo.

“No importa si los salarios aumentan otras cinco veces, sino cómo evolucionarán los precios porque la producción nacional no puede cubrir ni la mitad de la demanda, y hay que seguir dependiendo de las importaciones”, dijo Chacón Calzadilla, quien después de recorrer la mitad de La Habana para abastecer la despensa de su familia —compuesta de ocho miembros— tuvo que recurrir al sector privado y enfrentar estos precios: un kilogramo de jamonada, 225 pesos; un kilogramo de picadillo de pollo curado, 53 pesos; un kilogramo de hamburguesa de pollo, 183 pesos; un kilogramo de masa de croquetas de pollo, 36 pesos; un kilogramo de mortadella de pollo curado, 180 pesos.

“Apenas se puede conseguir productos en los agromercados estatales, e incluso ni en las cooperativas, y tal parece que los carretilleros se extinguieron. Apenas hay plátanos, boniatos, tomates, vegetales o alguna fruta, y donde surten un poquito se arma la cola y la tremenda. Ni uniendo el salario de mi esposa (2.100 pesos mensuales) con el mío (2.200 pesos) podremos sostener el tren de gastos —y eso solo en comida— más allá de los productos de la canasta familiar normada”.

Por dos bolsas de un kilogramo de leche en polvo, que obligatoriamente tuvo que comprar en el mercado negro, Chacón Calzadilla desembolsó 400 pesos. Nada de lo comprado, luego de invertir casi medio día, alcanzará para alimentar a su familia un mes. A lo sumo “y con un poco de tacañería”, para 15 días. Las extensas colas hicieron desistir a este padre de familia de intentar llevarse a casa pollo, salchichas, puré de tomate y pastas.

El aumento salarial, para gran parte de los empleados estatales, no ha significado incentivo alguno. En varios sectores laborales, como los tabaqueros, los trabajadores están presionando a los directivos para la revaluación de los salarios que el Gobierno estableció como parte de la llamada “Tarea Ordenamiento”.

“Nuestro gremio es uno de los que aporta considerables ingresos monetarios a la economía del país, aun en medio de la pandemia. Sin embargo, qué puedo comprar con ese aumento salarial injusto en medio de una escasez de todo que nos sirve en bandeja al mercado negro”, cuestionó Chacón Calzadilla.

Los 2.200 pesos mensuales que gana ahora son casi la cifra que cobraba cuando sobrecumplía los planes de producción, antes de la llegada del ordenamiento monetario, dijo.

“Un cuento del Gobierno para dormir niños”

Casi sin tiempo para dedicar a sus hijos por las obligaciones laborales, Regina Isabel López Cañizares no puede invertir más en las extensas colas que se repiten en las panaderías, los mercados agropecuarios y antiguas tiendas recaudadoras de divisas, los Mercados Artesanales Industriales (MAI) y las bodegas.

“Pusimos ordenamiento monetario, ¿y qué?”, ironizó López Cañizares, técnica en estomatología, madre de dos menores y una adolescente, al ser preguntada sobre qué había podido comprar con su nuevo salario.

“Solo puedo decir que ‘el cuartico sigue igualito’ y nosotros, los obreros, seguimos en los mismos puestos, con el mismo fiasco y con las mismas promesas del Gobierno”, respondió. “Tanto el aseo personal como gran parte de los alimentos solo pude encontrarlos en los vendedores particulares”, dijo López Cañizares, quien además tiene a su cargo a su madre y su tía, ambas de la tercera edad “y con los achaques de salud propios de la vejez”.

En una reciente compra, cada bolsa pequeña de detergente le costó 75 pesos; cada jabón de baño 60 pesos; tres champús de 500 mililitros le costaron 120 pesos cada frasco; tres tubos de pasta dental CloseUp 60 pesos cada uno, y tres desodorantes Obao, 50 pesos cada uno. Para una familia integrada por siete miembros como la de López Cañizares, con dos ancianas y dos menores de edad, lo adquirido a duras apenas alcanzará para el mes.

“Ni hablar de carne de cerdo, pescados y conservas en los puntos de venta del Estado. Eso es deporte de alto riesgo. Una trabajadora como yo, que tiene que lidiar con un turno laboral de hasta 12 horas, ¿en qué momento puedo ir a fajarme en una cola para comprar ‘la fibra’?. Tengo que ir directo al particular que, en vez de una pesa, lo que tiene es un cinto”.

La libra de carne de cerdo, clasificada como banda, le costó 70 pesos pues no podía darse el lujo de pagar 90 por cada libra de bistec. La libra de hueso, a diez pesos, le resultó algo cara “pero lo usas para potajes y te ahorras comprar mucho condimento que también están perdidos”. La verdadera odisea, comentó López Cañizares, es lograr cubrir el mes.

“Ni sumando a los mandados de la bodega los tres productos que logras rastrear en las tiendas llegas al mes; eso es un cuento del Gobierno para dormir niños. Es demasiada la escasez de todo. Hasta los cigarros están racionados, y ni con el aumento de sus precios hacen acto de presencia en los establecimientos del Estado”, lamentó López Cañizares, quien recibe 3.400 pesos mensuales de salario.

“Pero me descuentan un 8%: el 5% de los primeros 3.000 y de los 400 un 3%. Al final, neto me queda un aproximado de 2.800, apenas unos cientos por arriba del salario mínimo”, aclaró. “Para llegar al mes, con esos sueldos que solo suenan bonito, pero no resuelven, los cubanos van a necesitar dos carretillas de dinero”, concluyó.

Tomado De DIARIODECUBA

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