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Una diplomacia relámpago, por decreto, no restaurará las relaciones entre Estados Unidos y Cuba

La naturaleza opresiva de la dictadura cubana hace que el concepto de ‘relaciones normales’ sea imposible en estos momentos.

El presidente de EEUU, Joe Biden. VOZ POPULI

Al acercarse la toma de posesión del presidente Joe Biden, una gran parte de los estadounidenses esperaba ansiosamente el comienzo de una nueva era. Mientras, el saldo mortal de la pandemia del COVID-19 llegaba a más de 400.000 fallecidos y el ataque al Capitolio recalcaba la amenaza del terrorismo doméstico.

Sin embargo, mientras estos temas monumentales eran debatidos, el congresista de Massachusetts James P. McGovern, presidente del Comité de Reglas en la Cámara de Representantes, se tomó el tiempo para escribir una carta de tres páginas dirigida al presidente entrante, relacionada a un tema de menor importancia: el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

En su carta, fechada el 15 de enero y publicada el día 19 en su página de internet del Congreso, McGovern urge específicamente al ya presidente Biden a que «actúe de forma temprana, rápida y comprensiva para reparar el gran daño que se les ha hecho a las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, al pueblo cubano y al estadounidense y a las relaciones internacionales de los EEUU con nuestros aliados europeos y latinoamericanos durante los últimos cuatro años».

En las tres páginas, el congresista McGovern trata afanosamente de presentarle el caso a la nueva Administración, a favor de llevar a cabo acciones específicas referente a Cuba, incluyendo remover al Gobierno de La Habana de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, volver a suspender el Título III de la Ley Helms-Burton, restaurar una embajada estadounidense con funciones plenas y servicios consulares en la Isla, encabezada por un embajador, y abrir los viajes, los intercambios y el comercio entre ambos pueblos.

Nada de lo que promueve McGovern en su carta es nuevo. Esencialmente, el congresista insta a regresar al estatus quo de la administración Obama.

En 2014, el presidente Obama llevó a cabo un proceso para establecer relaciones con Cuba, mediante el cual actuó «de forma temprana, rápida y comprensiva». Desafortunadamente, también actuó unilateralmente. Las acciones del presidente Obama fueron implementadas por orden ejecutiva, evitando los debates, votos y cualquier otra acción congresional que pudiera haber amenazado su plan de restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

El llamado del congresista McGovern a favor de una acción «temprana, rápida y comprensiva» es también un concepto viejo y gastado, presentado por los académicos William M. Leogrande y Peter Kornbluh en su libro de 2014 Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana (Diplomacia encubierta con Cuba: Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana). La parcialidad abierta a favor de la dictadura cubana compromete las recomendaciones de los autores para restablecer las relaciones bilaterales.

Una de las recomendaciones más alarmantes de la carta del congresista McGovern es la de «separar las relaciones entre EEUU y Cuba de la política de EEUU hacia Venezuela y de la política doméstica de la Florida». En el mismo párrafo se contradice, al escribir que «el trabajo político que se requiere para fortalecer y reconstruir una base de apoyo al [Partido] Demócrata dentro de las diferentes comunidades inmigrantes en la Florida… requiere inversiones dedicadas y a largo plazo por parte del Partido Demócrata, no del Departamento de Estado».

En ese párrafo, el apoyo del congresista McGovern a «reparar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba» demuestra su fin partidista: convertir a la Florida en «azul «(léase «Demócrata»). Uno no puede dejar de preguntarse si el congresista McGovern se aseguró de que su carta —con una sección que es abiertamente partidista y con matices de campaña— fuera aprobada por el Comité de Ética de la Cámara de Representantes antes de imprimirla en el membrete congresional y publicarla en el sitio web de dicha institución.

Debe resaltarse que, el 3 de noviembre de 2020, dos republicanos cubanoamericanos, María Elvira Salazar y Carlos Giménez, fueron electos al Congreso, virando dos escaños del Sur de la Florida en la Cámara que anteriormente estaban ocupados por demócratas. Sus victorias elevaron el número de miembros del Congreso cubanoamericanos a diez, incluyendo tres senadores y siete representantes. Mientras que la mayoría de los diez legisladores son republicanos, dos de ellos, el senador Bob Menéndez y el representante Albio Sires, son demócratas de Nueva Jersey.

El congresista McGovern le dice al presidente Biden que él «siempre ha argumentado que las relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos son lo correcto, tanto para el pueblo estadounidense como para el pueblo cubano». Estoy de acuerdo. Las relaciones normales son preferibles entre los Estados Unidos y Cuba. ¿Quién quiere mantener relaciones anormales? Nuestros países comparten lazos históricos y culturales que han sido fortalecidos por exiliados cubanos que, durante décadas, han vivido y prosperado en los Estados Unidos como parte integral de su diversidad. Estoy seguro de que sus descendientes, nacidos aquí y criados en la honra de sus raíces cubanas, también quieren relaciones normales. Pero la propia naturaleza opresiva de la dictadura cubana hace que el concepto de «relaciones normales» sea imposible en estos momentos.

Para que las relaciones se «normalicen» de verdad entre ambos países, Cuba necesita demostrar un verdadero compromiso con llevar a cabo pasos políticos, económicos y sociales hacia un cambio significativo. Los partidos políticos tienen que ser legalizados, la represión en contra de los disidentes tiene que cesar, las libertades de expresión, de religión y de reunión tienen que ser respetadas y fomentadas, la liberalización económica tiene que implementarse, y las condiciones sociales para todos los cubanos tienen que mejorar. Por su parte, la administración Biden y el Congreso (no los partidos políticos o las campañas) deben colaborar para estudiar los pros y los contras de cualquier política hacia Cuba. De no hacerlo, los pronósticos para las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba apuntan al fracaso.


Daniel I. Pedreira es candidato a doctor en ciencias políticas en la Universidad Internacional de la Florida y miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA).

Tomado De DIARIODECUBA

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