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Una cubana infarta con los precios en las tiendas en MLC: ‘un queso completo a 60 dólares’

Amanda Santana Rizo cuenta su primera visita a una tienda en divisas extranjeras en La Habana.

Centro comercial Boyeros y Camagüey, en La Habana. YANSELL CAMILO ARBELLA DEL CAMPO/FACEBOOK

Una cubana visitó por primera vez una tienda en MLC (moneda libremente convertible) en La Habana y casi infartó con los altos precios de los productos, entre ellos del queso que deseaba su madre pero costaba 60 dólares. 

Amanda Santana Rizo fue al centro comercial ‘Boyeros y Camagüey’ con 100 dólares que le envió un amigo. «Mi mamá hizo una lista imaginaria, la encabezaba un pedacito de queso, pechuga de pollo y mínimo dos pomos de champú y acondicionador… Ahí estábamos yo y mi madre cogiendo y dejando», contó en Facebook

«Llegamos a los cárnicos: los paquetes de pechuga 73 dólares, un salmón completo 58 dólares, unas croquetas que no son Prodal cinco dólares, piña en trocitos, zanahoria rayada, pavo entero 32 dólares», dijo Santana sorprendida con los precios. 

«¡Mami vámonos ya de aquí! ¡Pero ahí estaba él! Detrás del vidrio, iluminado, envuelto en papel dorado, ese queso que de lejos se veía que no era ni siquiera gouda! Y mi madre corrió hacia él y yo corrí hacia mi madre… 60 y no sé cuánto el queso entero. Mi madre esperanzada: ‘pero Amy no hay que comprarlo completo, mira, él lo puede picar», le dijo su madre ante el muchacho tras el mostrador.

«‘¡Ay, no! Es queso de ese verde con moho. ¿Han probado este queso?’, nos pregunta él. ‘Esto no sirve ni para espaguetis ni para pizzas, es un queso duro que más bien es para picar, acompañar con alguna bebida, vaya, algo muy gourmet’. Desiste mi madre del queso y le pregunta ‘¿en cuánto ese chorizo? Este es vela, 15 dólares el kilogramo, completo sale en 18 dólares… ‘No, qué va. Muy caro’, dice mi mamá y yo pasando perra pena», dijo.

«¡Mira mami, café! Tres tipos de café: natural, mezclado… No tienen puesto precio y cinco morenas, dos viejitas, un viejito y un hombre rodean el parlet haciendo un barullo que pa’qué… ‘¡Siete pesos! ¡Todos a siete dólares!’, grita otra morena que fue a la caja a preguntar cuánto valían. Macarrones a 60 centavos, coge otro mami, y espaguetis a 1,20 dólares coge tres también. ¡Ya veremos luego donde buscamos puré! Porque ese pomito de salsa condimentada en cinco dólares. No me parece», contó.

«Dentro y fuera de la tienda militares y policías te miran, te chequean las jabas, el vale, te van toreando por dónde salir, por dónde coger, ‘párate para allá, no me pueden hacer media aquí’. Yo esperando a que mi mamá fuera al guardabolso, mientras guardaba el vale y la tarjeta en el monedero pensé: ‘Tal parece que nos están haciendo un favor, ¡que hay que agradecer! Como si no estuvieras pagando con tu dinero, dinero que ya no es tuyo desde el minuto en que lo depositas en el banco y pasa a ser un numerito simbólico en esa tarjeta igual de fea que el carné», señaló.

«Ya en casa, almorzando un puré de papas sintético con un huevo frito en aceite de oliva, miro el resto de las jabas aún encima de la mesa y digo ‘73,40 dólares toda esta pinga’ y nos echamos todos a reír. ‘Pero tata, mira’, me dice mi hermana leyendo, ‘con la compra de este paquete de café parte de tu dinero irá destinado a la realización de proyectos de sostenibilidad y responsabilidad social en los países del tercer mundo’. Y que nadie se empinga y sale gritándole a (Miguel) Díaz-Canel singao. ¿Singao él, cuando es a nosotros a quienes nos la tienen metida hasta atrás?», concluyó en referencia al grito del rapero contestario Maykel Osorbo en el barrio de San Isidro.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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