Al día con Florencia, Cuba y el Mundo

Una apuesta cubana por la soya

‘Sorprende la predisposición del sistema castrista a descubrir lo mismo una y otra vez presentándolo como nuevo, como algo que va a hacer y no algo en lo que ya fracasó.’

Cultivos de soya. CHILEBIO

A finales de 2020, Miguel Díaz-Canel presidió un encuentro de expertos en el cultivo de la soya que concluyó con un plan muy concreto: en cinco años Cuba cultivará 100.000 hectáreas de soya, lo cual le proporcionará toda la materia prima necesaria para producir el 100% del aceite que consume, y además el 25% del alimento animal.

En el conclave se expusieron los resultados de un lustro de estudios realizados por nueve universidades, 14 centros de investigación de varios ministerios, más el grupo monopólico BioCubaFarma, con la obtención de cinco innovaciones en el área de productos o servicios, otras cinco en procesos, y dos en el ámbito comercial.

Aunque no especificaron, es seguro que cuando dicen innovaciones no se refieren a algo como internet o las celdas fotovoltaicas, sino a lograr hacer en Cuba lo mismo que se hace en el capitalismo hace décadas, algo que probablemente dejará de hacerse en unos meses por falta de financiación o porque los que saben hacerlo emigran o se van a trabajar como cuentapropistas.

Sorprende la predisposición del sistema castrista a “descubrir” lo mismo una y otra vez presentándolo como nuevo, como algo que va a hacer y no algo en lo que ya fracasó antes.

¿Qué hay con la soya? ¿Se conoce su cultivo en Cuba?

La soya es un cultivo increíble, una tonelada genera casi media tonelada de harina al 25% de proteína, lo que equivale a 120 kilogramos de proteína neta por una hectárea sembrada más 200 kg de aceite. EEUU, Brasil, China y Argentina, son los monstruos agrícolas que más la producen, mientras que los principales importadores son países industrializados como China, Japón, Alemania u Holanda.

En Cuba, los primeros estudios los realizó la Estación Experimental de Santiago de las Vegas iniciando el siglo XX. Ya en 1905 lograron aclimatar allí 50 variedades de soya. En las décadas posteriores los principales investigadores de la Estación incorporaron nuevas variedades como la “Biloxi”, “Otootan” o “Improved Pelican” para la producción nacional. En 1955 se publica el folleto titulado El cultivo del frijol soya. En 1958 el Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC), en coordinación con la Estación Experimental de Santiago de las Vegas, da a conocer áreas de cultivo ubicadas en Villa Clara, en Ciego de Ávila, y en la zona arrocera del sur de Pinar del Río, con el objetivo de extraer aceite y producir alimento para ganado.

Solo nos queda imaginar a dónde habrían conducido las inversiones del BANFAIC en esas zonas si no hubiese llegado el comandante y mandado a parar.

Desde la década del 60 —ya en Revolución— no han sido escasos los estudios sobre el tema, todos arrojando como resultado la factibilidad de la cosecha en Cuba. El ya clásico análisis de Pico y Vieira, en los 90, demostró que con el cultivo de las variedades creadas en Cuba —aun usando fertilizantes importados— el precio por tonelada de soya era casi la mitad del de importación a partir de rendimientos inferiores a una tonelada por hectárea.

En 2012, el Proyecto de Innovación Agropecuaria Local logró en condiciones de extrema sequía —en los 100 días de cultivo no llovió y la plantación solo fue irrigada dos ocasiones— un buen rendimiento en todas las variedades, algunas superando la tonelada y media por hectárea.

En fin, más de 100 años de estudios dejan claro las dos cosas más importantes que se necesita saber al respecto: en Cuba es posible cultivar soya, en Cuba es rentable cultivar soya.

Aun con ese aval centenario, el país ha vuelto a dedicar cinco innecesarios años de estudio implicando nueve universidades, 14 centros de investigación, varios ministerios y el monopolio BioCubaFarma, todo para conocer por el Dr. Ortiz Pérez, del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas, que la soya en Cuba solo la plantan pequeños y medianos productores y la empresa estatal Cubasoy, la que ha “logrado” sembrar más de 2.000 hectáreas al año —solo el 7% del área cultivable de esta empresa—. Todo esto es, como mucho, anecdótico de cómo funciona el castrismo.

Ni siquiera el hecho de que la soya sea un cultivo de ciclo corto que puede sembrarse como secundario en rotación a siembras de grandes extensiones como la caña, el arroz o el tabaco, ha posibilitado su arraigo en los campos cubanos. Esta oleaginosa así sembrada facilita el control de insectos, plagas y malezas, posibilita un uso muy eficiente de fertilizante, pues consume el aplicado en exceso al cultivo precedente, y generalmente fija más nitrógeno que el que sus raíces usan. Solo utilizando el área en demolición de las tierras que utiliza la zafra Cuba podría sembrar casi las 100.000 hectáreas a las que aspira el Gobierno.

Parece que el castrismo tiene que experimentar con todo antes de intentar experimentar con lo único que da resultado en todas partes: la libertad de comercio.

Entre las pocas cosas buenas de la revolución está su estabilidad en el fracaso. Si fuese legal el juego, quien escribe apostaría a que en cinco años, en vez de 100.000 hectáreas sembradas de soya, tendremos a otro presidente —designado— redescubriendo los beneficios del cultivo de la soya. ¿Alguien apuesta en contra?

Tomado de DIARIODECUBA

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: