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Trabajo por cuenta propia en Cuba: el frenesí de los ilusos duró 48 horas

¿Dónde está la reforma? ¿Qué futuro tienen los emprendedores en Cuba?

Una floristería particular. DIARIO DE CUBA

Cuando el diario Granma anunció el pasado 6 de febrero de boca de la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó, que se eliminaba el listado donde se recogían las 127 actividades aprobadas actualmente para ejercer el trabajo por cuenta propia, y que en su lugar se permitiría el ejercicio de dicha modalidad de trabajo en más de 2.000 actividades incluidas en el Clasificador Nacional de Actividades Económicas de Cuba, a excepción de un listado de 124 excepciones, varias agencias de prensa daban la noticia como algo sustancialmente novedoso. Incluso algunos iluminados que se dicen expertos en economía cubana categorizaban el anuncio como algo realmente renovador e histórico.

La fiesta de los ilusos duró 48 horas. Cuando el Gobierno hizo pública la lista de las actividades prohibidas, los soñadores de migajas sintieron un gran apagón: el régimen dejó bien claro que no está dispuesto a liberar las fuerzas productivas, así de simple.

¿Y ahora qué? ¿Qué van a hacer los que se adelantaron a los acontecimientos? ¿A dónde fueron a parar sus sueños?

Si alguna enseñanza nos ha dejado esta dictadura es que no podemos adelantarnos a los acontecimientos. No se puede festejar antes de conocer. No se puede confiar en quien nos oprime, en quien nos cercena nuestra libertad, en quien nos reprime y adoctrina desde que nacemos. Con migajas no se logra la libertad. Y en el punto en que estamos ahora mismo, es cuando las exigencias tienen que ser más firmes que nunca. Es todo o nada.

Resulta obvio que las más de 2.000 actividades autorizadas no van a resolver el problema de la economía nacional, pues las 124 más importantes han sido prohibidas.

El Estado opresor no ha liberado las 124 actividades que constituyen el tronco de cualquier economía que se pretenda desarrollar de forma robusta y eficiente. El candado ha sido puesto al sector financiero, al productivo, al informativo, al cultural y a la propia fuerza de trabajo. Sin estos cuatro elementos, es imposible desarrollar una economía próspera y eficiente.

En el nuevo esquema que acaba de parir el mediocre equipo de Díaz-Canel no puede haber bancos privados, los profesionales no podrán ejercer su profesión de forma independiente, en la agricultura no hay chance, se hará lo que hoy tiene estipulado el Ministerio del ramo; es decir, nada: producir para que Acopio sea el que comprador obligatorio del 80% de las cosechas al precio que el Estado mismo fije y comercie los productos. Abogados, ingenieros y arquitectos seguirán en las mismas, solo podrán laborar en empresas estatales. Los campesinos que cultivan caña de azúcar y tabaco —los dos renglones exportables más lucrativos de la economía cubana— solo podrán ser eso, simples cultivadores y suministradores —mal pagados— de materias primas a las empresas estatales, sean mixtas o no, pues ellas son las que se encargan del mercado minorista y las exportaciones.

No hay liberación de la agricultura. Quienes crían ganado vacuno no podrán vender la leche, la carne ni el queso en un mercado libre. Todo pertenece al Estado.

Tampoco se podrán crear empresas para construir viviendas, ni empresas para producir materiales de construcción. No se podrán explotar canteras, etc.

Los artistas no podrán tener sus galerías ni hacer cine, grabaciones de música ni radio de forma independiente. Así, los escritores no tendrán la oportunidad de contar con una casa editorial privada. Los periodistas no podrán ser independientes, editar periódicos, revistas…

No hay chance alguno para un emprendedor que quiera producir medicamentos. Imaginemos que un grupo de científicos cubanos consigue capital para producir medicamentos a partir de sus propios proyectos de investigaciones. Sencillamente no es posible.

Los emprendedores no pueden participar en negocios de suministro de energía ni de telecomunicaciones, todo queda en manos del Estado. La lista de prohibiciones es larga, no vale la pena seguir analizándola. Con lo descrito hasta ahora es más que suficiente para entender que la dictadura cubana no ha movido un solo dedo, su status quo se mantiene incólume, no cambia la forma ni el contenido de su libreto. Sin embargo, vale la pena resaltar que los profesionales pueden ser cuentapropistas, aunque nunca ejercer sus conocimientos en la actividad privada. ¿Usted es arquitecto? Ponga un timbiriche de pastelitos o pizas.

¿Dónde está la reforma? ¿Qué futuro tienen los emprendedores en Cuba? ¿Qué futuro tiene el pueblo cubano con un Gobierno que sigue aplastando a sus ciudadanos de forma cotidiana, privándolos del derecho a generar riquezas, de poder asociarse —otra importante prohibición explícita a los cuentapropistas— o ejercer la libertad de expresión para expresar su rechazo a este estado de cosas? ¿Este es el anzuelo aperturista para fomentar un nuevo deshielo con la Administración de Joe Biden? Por cierto: ¿quién fue responsable de que se congelase nuevamente la relación?

Es fácil comprender que el Gobierno cubano no haya cambiado un ápice el esquema de manipulación que utilizó para promover el deshielo con Obama: ¿Las sanciones? Hay que levantarlas inmediata e incondicionalmente porque solo afectan al sufrido pueblo cubano. ¿La represión a la libertad política y económica internas? Mejor no hablar de eso porque distrae la atención del objetivo de quitarnos de arriba las restricciones a GAE S.A.

Los que después de lo ocurrido con Obama repiten y difunden las líneas maestras de la propaganda oficial, sea desde Washington o La Habana, ¿padecen miopía política, son ignorantes pese a sus títulos académicos, o son cómplices conscientes de la dictadura?

Tomado De DIARIODECUBA

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