Thais Mailén Franco: ‘No podrán callarme’

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En la prisión del Guatao ‘presencié intentos de suicidio cortándose las venas o tratando de ahorcarse’, relata la activista recientemente excarcelada a DIARIO DE CUBA.

La activista cubana Thais Mailén Franco Benítez. W. FERNÁNDEZ CUENCA DIARIO DE CUBA

Antes de comenzar su activismo opositor, Thais Mailén Franco Benítez vivió el derrumbe de la casa en la que vivía en La Habana Vieja debido a una negligencia estatal. Por ese motivo, plantó sus pertenencias frente al Capitolio habanero con sus hijos y fue detenida. Además, intentó en cinco ocasiones abandonar Cuba en una balsa. En uno de esos frustrados intentos estuvo dos meses presa en República Dominicana, desde donde fue repatriada.

El 30 de abril de este año, en la sentada pacífica en el pequeño parquecito de Obispo y Aguacate, en La Habana, la enérgica voz de esta joven de 34 años inundó las redes sociales con la exigencia de poder ver al artista y líder del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara, en huelga de hambre y sed en ese momento. Por esa acción, ha pasado casi cinco meses presa sin juicio y separada de sus tres hijos.

Fue excarcelada de forma inesperada en la tarde-noche de este martes, al igual que Yuisán Cancio Vera. En prisión permanecen Inti Soto Romero, Luis Ángel Cuza Alfonso y Esteban Rodríguez López, detenidos también el 30 de abril.

Thais Mailén Franco me recibe en la sala de su casa, a donde logro llegar a pesar de que su cuadra tiene vigilancia permanente de un agente de la Seguridad del Estado.

¿Cómo fueron los momentos previos a la sentada pacífica del día 30 de abril, que acabó con tu detención y la de otros activistas?

Desde el comienzo de la huelga de Luis Manuel Otero me había solidarizado con su causa. No quería que se complicara más su salud y deseaba verlo. Como mi recorrido habitual es en La Habana Vieja, donde viven mi esposo y parte de mi familia, era muy normal que anduviera por esa zona.

Ese día, me encontré a Esteban Rodríguez y los demás, que espontáneamente se fueron sumando, y decidimos estar en ese parque. Enseguida llegaron los agentes de la Seguridad a querer sacarnos de allí por la fuerza y comenzó el forcejeo. Si alguien alteró el orden público fueron ellos que querían sacarnos de allí, pero de ese momento lo más emocionante para mí fue ver cómo el pueblo se sumó de manera espontánea y gritaba junto a nosotros «¡Patria y Vida!». Fue inolvidable ver a tantas personas solidarias con nuestro reclamo de libertad.

Pasaste por varios centros de detención hasta terminar en la prisión para mujeres del Guatao, ¿Cómo describirías todo lo que viviste en esos lugares?

Primeramente, me llevan para la 4ta unidad del Cerro, donde interrogan a todos los detenidos. Después me llevan para la 6ta unidad policial en Marianao a mí y a Mary Karla Ares, y termino al día siguiente en la 5ta estación de Playa, donde estuve más de 20 días. En los momentos que coincidí con Mary Karla en el calabozo, comentábamos con cierto asombro cómo el pueblo se nos había unido; eso nos levantó mucho el ánimo en aquel momento.

Cuando en la 5ta estación me dijeron que me cambiara de ropa y me dieron el uniforme gris de presa, empecé a tomar conciencia de que me iban a procesar por haberme manifestado pacíficamente. En ese lugar me interrogaban de manera constante y yo siempre repetía la misma versión de los hechos. Me llegaron a decir que yo era una «mala madre» debido a que esta no era mi primera detención.

En esa unidad policial llegué a tener miedo porque me ponían en una celda oscura con mujeres desconocidas que habían cometidos delitos de penas altas. Sentí temor de lo que podría sucederme al estar con esas personas.

A través de tu familia se supo que en varias ocasiones necesitaste atención médica y medicamentos que no te llegaban.

En los 23 días que estuve en la 5ta Unidad policial de Playa la atención médica fue prácticamente inexistente. Tú decías que necesitabas un médico, que tenías algún dolor y, cuando lograbas que te prestaran atención, te decían que no había. Y así podías estar días; por supuesto, tampoco había ningún tipo de medicamento.

Ya estando en la prisión del Guatao sufro una caída cuando estaba limpiando el pasillo de mi galera. El dolor que tuve fue tan fuerte que pensé que me había fracturado el cóccix. Por suerte no fue así, pero aún tengo una pequeña inflamación producto de esa caída. En ese momento no fui atendida hasta ocho horas después, que fue cuando me trasladaron al Hospital Calixto García, y luego en el hospital de la propia prisión.

Debido a esa caída, estuve diez días en sillas de ruedas. Solo al mes y unos días de encontrarme detenida fue que me llegaron los primeros medicamentos que me envió mi familia.

De tu estancia en la prisión del Guatao, ¿qué impresiones tienes?

Yo soy una persona muy extrovertida, y en ese lugar debes aprender a contener cualquier tipo de emoción porque estás muy expuesta a que te pueda suceder cualquier problema con otras mujeres presas. Se vive bajo esa tensión constante porque no puedes dar margen a provocaciones de ningún tipo.

Ves que por cualquier motivo hay riñas entre las reclusas y sacan cuchillosPresencié más de una vez intentos de suicidio cortándose las venas o tratando de ahorcarse porque esperan condenas de más de 20 años. Muy traumático en verdad todo lo que allí se vive.  

¿Pensaste que te llegaría la liberación en esta fecha?

Cuando me dijeron que me iban a dar la libertad quedé en shock, casi no me lo creía. Ahora me encuentro a la espera de juicio por los delitos de «desorden público» y «resistencia» en una fecha sin definir.

Ellos me dijeron que tengo impuesta una medida cautelar y que tengo estrictamente prohibido salir de mi casa para participar en cualquier aglomeración o manifestación, que de hacerlo podría volver nuevamente a prisión. Pero, aunque apresen mi cuerpo, mi mente siempre será libre, y ellos no podrán callarme. Por el momento, seguiré activa a través de las redes sociales y aprovecharé este tiempo para estar con mi familia.  

TOMADO DE DIARIODECUBA

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