Testigo del juicio contra Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo: “Llegas a temblar, entre miedo e impotencia”

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Un artículo en el periódico The Washington Post, escrito por el periodista cubano Carlos Manuel Álvarez, expone algunos detalles del juicio esta semana contra los artistas y activistas Luis Manuel Otero Alcántar y Maykel “Osorbo” Castillo.

El artista Julio Llópiz-Casal, quien participó en el juicio como testigo, denunció las arbitrariedades cometidas en el mismo. “Lo más desagradable es la sensación de operativo parapolicial”, dijo. “Llegas a temblar, entre miedo e impotencia”, aseguró.

Álvarez describe, a partir del testimonio, que los argumentos de la fiscalía eran “arengas e ideología concentrada” a favor del castrismo. “Sus evidencias gráficas estaban manipuladas, trucadas”, afirma.

De igual modo, recuerda que las autoridades les negaron la entrada a la prensa extranjera y los diplomáticos europeos que se dirigieron al lugar, mientras los periodistas de medios independientes y activistas “no pudieron salir de sus casas porque una patrulla policial los retenía”. “A muchos les cortaron el servicio de internet”, señaló el autor.

“Otero lucía flaco, en algún momento lloró. Rabia, cansancio, ¿quién sabe? Osorbo, a quien le cambiaron el abogado apenas tres días antes del juicio sin razón alguna, está enfermo, le han salido unas protuberancias, como bolas por todo el cuerpo. Luego de dos biopsias en la cárcel, no han llegado a ningún diagnóstico. En un momento de descanso, ambos pudieron abrazarse e intercambiar algunas ideas”, detalló.

“La defensa de Osorbo se enfrentaba a la publicación de un meme en redes sociales por parte del acusado. Ahí, dijo la fiscalía, se irrespeta la imagen del presidente Miguel Díaz-Canel y del primer ministro Manuel Marrero. Cuando Osorbo intentaba recordar los cientos de veces que ha sufrido cárcel, abusos e interrogatorios, la jueza declaró —entre ríspida, grosera y seca— que nada de eso refería al caso y desestimó sus palabras. Lo importante eran el meme y la bandera”, refirió previamente.

Julio Llópiz-Casal acudió como testigo junto a Lázaro Saavedra, Premio Nacional de Artes Plásticas en 2014. Básicamente, se presentaron para demostrar que Otero es un artista. “(…) Debían explicar a la fiscalía, desde una baranda de madera, cómo lo que Otero hace se inscribe en una larga tradición estética que recorre todo el siglo anterior”, denuncia Álvarez.

“Racimos de policías y militares, vestidos de uniforme o con ropa ordinaria, aburridos y hambrientos, preguntando por la mortadela de la merienda, pululaban por los alrededores y también ocupaban la mayor parte de los asientos del juzgado. Había al menos tres cámaras de filmación, una que grababa desde el fondo y otras dos enfocadas para cada uno de los acusados, quienes estaban custodiados y separados entre sí por oficiales”, narró.

Testigos le describieron el Tribunal Municipal de Marianao como “un edificio con patio interior amplio, planta cuadrada, dos pisos, corredores con columnas cilíndricas, bancos de granito por todas partes. Parece una construcción que fue colegio alguna vez. En el lobby hay una recepción y, justo antes de entrar al patio, hay acceso a una gran escalera”.

Para el periodista y escritor, “Otero y Osorbo han señalado el clasismo y la desigualdad vigentes en la isla, largamente disimuladas por la retórica comunista y la costosa fabulación utópica del poder totalitario”.

“Sujetos negros y pobres que tienen prohibida cualquier expresión elemental porque el mínimo ejercicio de afirmación propia revela que el castrismo no solo no pudo arrebatarle, ni a la miseria ni al espanto, los cuerpos pobres y las vidas desplazadas que dice representar, sino que los hundió todavía más en el tedio opresivo y el deber de la simulación”, opina.

Álvarez subraya que el veredicto del juicio se emitirá en dos semanas. “Si se confirman las condenas, nadie salvo el totalitarismo se las va a creer, pero eso es suficiente en un país donde lo único que no se finge es el castigo”, sostuvo.

TOMADO DE CUBITANOW

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