Sustituir el trigo, la carne y la leche, la solución de Frei Betto para la alimentación de los cubanos

‘En Cuba no hay hambre. ¡Pero los cubanos tienen mucho apetito!’, hace malabares el teólogo brasileño en ‘Granma’.

Frei Betto (der.) junto al primer ministro Manuel Marrero y la primera dama Lis Cuesta en un evento gastronómico en La Habana. ISMAEL FRANCISCO AP

«En Cuba no hay hambre. ¡Pero los cubanos tienen mucho apetito!», comentó el teólogo brasileño Frei Betto, amigo personal de Fidel y Raúl Castro y quien funge como asesor de La Habana para el denominado programa de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional (SAN).

En un artículo sobre el tema publicado en el diario oficial Granma, Betto narró su estancia en Cuba durante dos semanas como parte de ese programa financiado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Oxfam y la Unión Europea.

«El Gobierno gasta más de 2.000 millones de dólares al año para importar alimentos, incluso de Brasil, al que le compra, entre otras cosas, arroz y pollo», comentó, antes de asegurar que la situación alimentaria en Cuba es afectada sobre todo «por el bloqueo» de EEUU.

«Se suman a eso las catástrofes climáticas que azotan periódicamente al país, como huracanes, inundaciones y sequías, y el hecho de que Cuba se ve obligada a importar petróleo para producir energía, ya que es pobre en recursos hidráulicos», agregó.

«A pesar de esa dramática situación, Cuba resiste. Toda la población, de casi 12 millones de habitantes, tiene acceso a una canasta básica mensual y a los sistemas de Salud y Educación de manera gratuita. No hay personas que vivan en situación de calle ni mendigos», aseveró.

Betto indicó detalles del programa de Soberanía Alimentaria, que incluirían cambiar hábitos alimentarios de los cubanos, «como la preferencia por el pan de trigo, un cereal importado. Cuba produce mucha yuca y tiene condiciones para adoptar también el pan de maíz y de harina de coco. Y la carne puede cederle un lugar mayor al consumo de frijoles, lentejas, espinaca, maní, soya y aguacate, ricos en proteínas. Aunque la Isla no cuenta con mucho ganado lechero, las nuevas generaciones ya se acostumbran a la leche y el yogurt de soya«, aseguró.

Según el religioso brasileño, los resultados de este plan de Gobierno deben verse «en los próximos cuatro o cinco años».

En 2020 Betto celebró la aprobación del programa SAN, y dijo esperar que el país redujera «drásticamente la importación de alimentos e insumos y garantice a toda la población una alimentación saludable, inocua, un trabajo intensivo de educación nutricional».

La reacción de los cubanos en las redes no se hizo esperar ahora. La historiadora Alina Bárbara López Hernández compartió el texto en su muro de Facebook con la pregunta: «¿Hasta cuándo estos líderes de una izquierda acrítica van a seguir de espaldas a la realidad de los cubanos?»

A ello, el exdiplomático cubano Enrique Guzmán Karell señaló: «Ellos sostienen el país de sus deseos. Pero lejos. Bien lejos de los derechos que le asisten a sus afectos y a ellos mismos. El problema frente a este fenómeno no es ya político ni ideológico, sino ético».

El cineasta salvadoreño que vivió la mayor parte de su vida en Cuba Jorge Dalton, subrayó: «Si uno se pudiera sentar a sacar la cuenta del dinero del presupuesto nacional invertido todos estos años en esos becarios estrellas del pensamiento oficial, son millones y millones. Cuánto cuesta o ha costado alguien como Frei Betto, Ignacio Ramonet, la propia Martha Harneker, Gianni Mina y los recientes Atilios Borones, por solo mencionar unos pocos, se pudiese haber pagado gran parte de las diversas deudas externas».

«Con asesores como este, el infierno del hambre y el desamparo nos espera con las puertas abiertas», lamentó Raúl Rojas Leyva.

A pesar de las sugerencias de Betto, el teólogo hizo acto de presencia en 2020 en el evento gastronómico Cuba Sabe, que tuvo por sede el lujoso Hotel Iberostar Grand Packard de La Habana y que organiza la primera dama cubana Lis Cuesta. Este no persigue la sustitución de los alimentos tradicionales sino, por el contrario, «promover los valores de la cocina criolla nacional».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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