‘Subes los precios o cuelgas los guantes’: la disyuntiva de los choferes privados en Cuba

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Una estampida de choferes hacia otras actividades ha provocado una ostensible disminución del transporte privado en La Habana. Aquí, algunas de las razones.

Carro roto en Cuba. DIARIO DE CUBA

Ana Gloria lleva cerca de media hora esperando uno de los tradicionales «almendrones« que cubren la ruta entre Alamar y Centro Habana. Ella prefiere este tipo de transporte, porque piensa que así reduce la posibilidad de contagio de su pequeña hija, que aún no ha sido vacunada contra el Covid-19.

«Cada día se nos hace más difícil conseguir un botero. Al principio de la pandemia disminuyeron bastante, pero ahora están casi desaparecidos«, apunta, secándose el sudor con un pañuelo que lleva en su mano derecha, mientras sostiene a la pequeña con la izquierda. 

La ostensible disminución de almendrones que prestan servicio de rutero en la ciudad se debe a una estampida de choferes hacia otras actividades no relacionadas con el transporte, o hacia la modalidad ‘puerta a puerta’, también permitida dentro de la Licencia Operativa de Transporte. Pero son muchos los que han elegido cruzarse de brazos.   

«Ya desde antes de la pandemia había pensado en guardar el carro y dedicarme a la albañilería. Era demasiado. A cada rato imponían nuevas leyes y casi siempre éramos nosotros los que salíamos perjudicados», explica Raúl, un holguinero que llegó a la capital hace cuatro años con el propósito de mejorar sus condiciones de vida.

Las leyes a que hace referencia el transportista pertenecen a sendos paquetes aprobados en 2017 y 2019. El primero de ellos corresponde a la reorganización del transporte privado y la implementación de piqueras. También incluyó los topes de precio y el control del cobro a los pasajeros según el tramo del recorrido. Hubo inconformidad  entre los conductores y el servicio disminuyó ligeramente, pero luego siguió primando la ley de la oferta y la demanda. 

Dos años más tarde, se diseñó el segundo paquete, que las autoridades no dudaron en aplicar a principios de 2020, pese a la inminencia de una crisis sanitaria a causa del Covid-19. Entonces, se determinó que las tarifas en cada territorio serían establecidas por los gobiernos municipales y provinciales, y se unificaron los servicios «rutero» y «libre» en una misma licencia denominada «regular», manteniéndose aparte la de auto «clásico o de alto confort».    

«Llegó el Covid-19 y las cifras de contagios empezaron a multiplicarse. Empezó la paranoia con las medidas sanitarias y de aislamiento. Nuevamente valoré guardar el carro, pero decidí dedicarme al transporte puerta a puerta. Muchos de mis viajes eran al aeropuerto. Por cada viaje cobraba entre 25 y 30 CUC, pero también comenzaron a prohibirnos la entrada allí, así que volví al boteo, solo una o dos veces por semana y ganando muy poco, porque había muy pocos pasajeros», cuenta Raúl. 

Amaury, un transportista que trabaja sin licencia y cuyo objetivo es reunir dinero para emigrar, afirma que lo suyo son los viajes libres. «Porque la gasolina está muy cara y en mi carrito (un Moskvitch) no cabe mucha gente. Botear no me es rentable». 

Las limitaciones de horarios y la restricción de movimiento que sobrevinieron como parte de las medidas para controlar la pandemia, así como la escasez de combustible, influyeron en la estampida de choferes hacia otras actividades. 

La medida gubernamental de establecer precios diferenciados del combustible para los transportistas particulares, que podrían comprarlo a través de tarjetas expedidas en oficinas de FINCIMEX, les ayudó poco en la práctica, porque hubo cierre de gasolineras y de las citadas oficinas de FINCIMEX, por contagio entre los trabajadores

«Actualmente, todos los boteros consiguen unos 240 litros de petróleo a 14 pesos el litro (la inmensa mayoría de los carros de trabajo tienen motores de petróleo), pero casi todos consumen mucho más de 240 litros. El resto del petróleo tienen que comprarlo a 25 pesos en el CUPET», aclara el bioquímico y transportista privado Oscar Casanella. 

Los precios diferenciados para los transportistas privados son:

  • Gasolina Motor (83 octanos): 14,66 pesos (precio minorista en CUPET: 20 pesos)      
  • Gasolina Motor (90 octanos): 16,46 pesos (precio minorista en CUPET: 25 pesos)
  • Gasolina Motor (100 octanos): 20,27 pesos (precio minorista en CUPET: 30 pesos)
  • Diesel Regular y Especial: 13,99 y 15,12 pesos (precio minorista en CUPET: 25 pesos)

La explicación de los continuos intentos gubernamentales de «perfeccionar» este sector y que parecen más bien una guerra de desgaste contra los choferes, podría radicar en un temor del régimen a que estos puedan alcanzar un empoderamiento económico.

Juan Carlos es uno de los boteros habaneros que ha entregado la licencia y optado por ganarse la vida con otra actividad. «Ellos (el Gobierno), con sus medidas, te obligan a decidir entre perder dinero o corromperte, y yo decidí dedicarme a transportar paquetería en mi carro, pero solo por la izquierda. Mientras haya tanta injusticia no pienso botear«.

Para Raúl, la principal adversidad que tienen que superar los boteros en la Isla es lo que deben pagar para que sus vehículos se mantengan funcionando y en condiciones adecuadas para trasladar pasajeros.

«A ellos (el Gobierno) no les interesa el trabajo que pasamos para mantener estos carros antiguos en pie. Desde la tapicería, que cambiarla te puede costar más de 10.000 pesos, hasta el rodamiento, que sale en 3.000 o en 5.000 pesos para las cuatro ruedas, dependiendo de la marca. Todo eso lo venden personas que viajan y lo traen, porque no hay muchas opciones estatales y las que hay son en MLC (Moneda Libremente Convertible)». 

«Una goma, por ejemplo, te sale en 45 MLC, una batería entre 80 y 120 MLC. Y no vayas para los chapistas o los mecánicos, porque se te van 3.000 o 4.000 por un trabajo sencillo como cambiarle la dirección al carro», agrega el transportista.

En un país donde escasean el combustible, las piezas de repuesto y precios de los servicios de mantenimiento aumentan cada día, así como el del MLC, que ahora mismo supera los 75 pesos, «subes los precios o cuelgas los guantes», sentencia Amaury. 

«Yo trato de ser justo, pero tampoco puedo regalar mi trabajo. Mis tarifas dependen de la distancia a recorrer. Por poner un ejemplo, una carrera entre Alamar y Centro Habana la puedo cobrar a 250 o 300 pesos«, detalla el transportista, que asegura poder bajar un poco el precio de sus servicios debido a que él mismo se encarga de las reparaciones mecánicas que requiere su auto. 

TOMADO DE DIARIODECUBA

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