Solavayas del 2020

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Cuba

¡Pasen, pasen y vean lo más esperpéntico del año! ¡Casos clínicos que quitan el hipo! ¡Indecencias que no deben ver los niños! ¡Seres venidos de otro planeta! ¡Las peores pesadillas del año que se esfuma! ¡Los mayores descaros!

Ilustración. ALEN LAUZÁN

Fernando Rojas

Como a todos los niños, a Fernandito le dijeron que con extraños no se habla. Y él, niño obediente como era, no le dirigió la palabra a nadie que no conociera. Y tampoco permitió que se la dirigiera extraño alguno.

Luego, en tanto pionero y joven militante comunista, Fernan fue adoctrinado en que los extraños eran unos vendepatria, gusanos, mercenarios y terroristas. Y era inútil el diálogo con ellos.

Años de estudios académicos en la desaparecida Unión Soviética lo ratificaron en lo mismo. Y, colocado en su eterno puesto de viceministro, Fernando Rojas ha sido consecuente con aquella advertencia que recibiera en su más tierna infancia.

Resulta paradójico entonces que cuando él se muestra dispuesto a dialogar con el extraño que sea, ese extraño lo deje esperando en un parque y no aparezca nadie con quien el viceministro pueda dialogar a los piñazos. Y que más tarde se presente una dialogante multitud en las puertas del ministerio donde él cuenta con buró y teléfono. Entonces a Fernando Rojas le corresponde restringir el número de voces de esa coral y tiene que permitir que un puñado de ellos suba las escaleras del ministerio. Fernando Rojas se ve obligado a reprimir (no a otros, sino en sí mismo) el deseo de entrarle a patadas a esa treintena de extraños.

La extraña Bruguera, Tania de nombre, le exige que levante un teléfono y pida la libertad de Luis Manuel Otero Alcántara, a lo cual él se ve forzado a responder: “Con ese nivel de confrontación yo no puedo dialogar”.

Porque un nivel de confrontación así va más lejos que su promesa de tranca a todo extraño que se le pare delante en aquel parque filmado.

La insolencia de esa treintena de extraños llega hasta el punto de que uno de ellos le pregunta en qué consiste su trabajo. Pero, ¿cuándo se ha visto? ¡Maldita la hora en que, contra las advertencias escuchadas en su infancia, él permitió que esos extraños (exceptuando a Pichy Perugorría, que es amigo probado) subieran las escaleras del ministerio para dirigirle la palabra!

Se ha recordado que Fernando Rojas participó en anteriores negativas de diálogo. Hace diez, hace 20 años. O hace más. Porque Fernando Rojas estuvo ahí cuando a Celia Cruz le impidieron asistir al velorio de su madre. Cuando a Meme Solís lo mandaron para la agricultura por querer irse del país, Fernando Rojas pasaba por el terraplén en un yipi. El día en que fusilaron al peinetero Plácido, ahí estuvo el viceministro Rojas. Y cuando el capitán general Tacón hizo arrodillarse a Heredia para dejarlo repatriarse por un rato, el encargado de notificarle a José María que ya tenía que largarse de Cuba no fue otro que Fernando Rojas. Porque hay siempre un viceministro de guardia para aclararle a los extraños que nada de diálogo, y ese viceministro es él.

Silvio Rodríguez

“Yo me muero como viví.” Ven acá, ¿y eso qué es? ¿El eslogan de una firma de botox? ¿El anuncio de una clínica de cirugía plástica en Miami?

Ah, no, que es una línea del “poeta” Silvio Rodríguez…

Pero mira que este Silvio es bambollero, tú.

Qué bambollero es, por tu madre…

Ahora dice que él no hizo más que susurrar en el acto de repudio que le metieron, con altoparlantes y transporte garantizado, a Mike Porcel. Y que la culpa del acto de repudio la tuvo Porcel, por no avisar que se iba echando.

Ahora dice que él no estuvo a favor de los fusilamientos en 2003. Que él firmó una carta que pedía comprensión internacional para esos fusilamientos, pero no es que estuviera mismamente a favor de los fusilamientos.

Silvio no está esperando a morirse para realizar ciertos cambios en su cómo vivió.  Rodríguez está metiéndose botox por un tubo. Ahora resulta que allí donde gritó apenas susurraba. Resulta que él no alcahueteó para los que fusilaban…  Silvio Rodríguez lo que necesita es tiempo para morirse bien preparado. Con suficiente tiempo, él arregla bien sus cosas. ¿O no entendió, hace poco, que la gente vive mal en Cuba? ¡Qué clase de descubrimiento el suyo! Eh, Finlay, mira el mosquito que se te ha posado en el antebrazo…

Como Silvio Rodríguez tenga tiempo suficiente suficiente, un día de estos va a descubrir que hay algo que se llama vergüenza y que ese algo que se llama vergüenza podría estar dentro suyo.

Yusuam Palacios

Este sujeto sale de un atracón de muñequitos soviéticos. Es Cheburashka montado por el espíritu del Lobo-espera-que-ya-verás. Es la versión ñángara del gremlin al que se le moja el tacho. El Cheburashka rabioso este se pone a gritar que la tángana es de los revolucionarios, que a los revolucionarios sí que le roncan, que la calle es de los revolucionarios. Toda esa rufa vieja.

Aunque es verdad lo que dice Cheburashka Palacios. Que la calle es de los revolucionarios se nota por los baches y los balcones desplomados.  Que es de los revolucionarios se nota en cómo han jodido las que fueran hermosas aceras de La Rampa.  

Y también las bodegas son de los revolucionarios. Por eso él afirma: “Si Cristo repartió los panes y los peces un día, el comandante en jefe Fidel Castro, el general de ejército y nuestros dirigentes de hoy han estado repartiendo los panes y los peces al pueblo cubano por más de 60 años”.

¡Échale chícharo al café de las maracas pá que suenen! ¡Chiquichá-chiquichá-chiquichá!  

A Yusuam el orgullo revolucionario le llega hasta Cristo y la indignación le llega hasta quienes administran Twitter, porque esa gentuza millonaria y tecnológica ha permitido que le hagan a él una cuenta parodia.

Al tal Yusuam en sus palacios le parece una indecencia y una desfachatez que Twitter no sea de los revolucionarios.

Tremenda pincha la de aquel o aquellos que hayan perpetrado tal cuenta: parodiar lo que es ya en sí mismo una parodia. Porque en Yusuam Palacios tiene estación final la oratoria castrista. Que alguien como él dirija un timbiriche bautizado como Movimiento Juvenil Martiano da la medida de la mediocridad imperante en la corte de Castro the Second. No bastando con arrimarle a José Martí las cenizas del viejo dictador, le han endilgado el zapping de muñes bolos este.

Granma

Visionario como siempre fue, el comandante en jefe echó una ojeada a las embarcaciones amarradas y se decidió por el yatecito aquel. Y mira que había mejores barcos entre los atracados, pero él no lo dudo ni por un momento: decidió que ese y no otro.

¡Preclara visión la suya! No vaya a afirmarse que lo hizo por cuestión de presupuesto, por ahorrar plata de la que le regaló Prío Socarrás para que comprara un barco. ¡El que eso afirme que se esconda o levante bien la guardia porque Fernando Rojas no permitirá que se hable así del comandante en jefe!

Los que lo acompañaban (al comandante, digo) le hicieron ver cuántas otras mejores oportunidades habría que la de navegar en algo semejante a una Girón con gente colgada de las puertas. Empero el comandante avisó que tenía que ser ese yate y no otro. Y la razón estaba clara. Aunque clara solamente para quien tuviera la visión histórica y política del comandante en jefe.

Y es que subiéndose a aquel yate, podrían ponerle luego el mismo nombre a un periódico, y el nombre de ese periódico se confundiría casi con el del órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Granma Pravda, ¿se entiende? Bueno, ahora se entiende, pero entonces quién podía sospechar la tanta historia que vendría después, quién sino un cerebro como el de esas cenizas de carbón de marabú que reposan en el camposanto de Santa Ifigenia.

¡Preclaro y visionario! Usted le pone a un periódico Abue (traducción aproximada de Granma) y puede publicar en sus páginas cuánta chochera se le ocurra. Más que eso: un diario que se llame Abue puede olvidarse de lo que quiera. Hasta el más rotundo alzhéimer.

Ya era ridículo ponerle a un yate el nombre de la abuela. Era como surcar el mar subido a una postal del Día de las Madres. Pero la verdadera ridiculez estuvo en bautizar un periódico con ese nombre.  

De todas las barbaridades publicadas este año por el diario Granma, recordamos aquí su desvelo y preocupación, el 15 de mayo, ante el hecho de que, en medio de la pandemia, el hermano pueblo estadounidense no encontrara carne suficiente en los supermercados y solo pudieran alimentarse de carne los muy ricos.

El hermano pueblo estadounidense, cros y cras.  

Hermano estadounidense, recárgame el móvil.

Hermano estadounidense, esta es la plantilla de mi pie, y que sean Nike.

Hermano estadounidense, levántame el embargo.

Mariela Castro

Sí, mi cielo, de acuerdo contigo. De acuerdo con que se pueden decir muchas cosas de Mariela porque Mariela es capaz de decir muchas cosas. ¿No soltó hace unos meses que los campos de concentración de la UMAP fueron como unas escuelas al campo? ¿No tuvo el atrevimiento de afirmar que la Virgen Ochún de la Caridad del Cobre no estaba para oír a los contrarrevolucionarios? Pero, mi vida, lo que estaba intentando decirte, y tú no me dejaste, es que la que me interesa a mí no es la Mariela que dice, sino la que no dice.

¿Que porque vengo a fijarme en lo que ella no dice? A ver si me explico, porque no es exactamente en lo que no dice, sino en lo que no hace. Mira para los alrededores. No, no al boina negra ese de la esquina, sino a los alrededores de esta isla. Mira cómo hay países que no hicieron ninguna revolución, países en que existe el capitalismo más cruel y un subdesarrollo tremendo. La suerte de esos pueblos no les interesa a unos parlamentos y congresos llenos de politiqueros de diversos partidos. En Cuba, en cambio, existe una revolución, existe un partido único y un parlamento donde todos los representantes pertenecen o siguen a ese partido único. Ahora explícame tú, porque yo no lo entiendo, cómo si en la Asamblea Nacional del Poder Popular está la vanguardia de la sociedad, por toda América Latina están aprobando el matrimonio igualitario y aquí nada de eso.  

¿Llegaste hasta aquí conmigo? Estírate un poco la licra que la tienes muy metida. Aquí está fallando algo entonces. O el PCC no es vanguardia de nada o la revolución es una mierda o Mariela Castro, quien tendría que encargarse de esto, está cobrando y viajando para no hacer nada. Y en lugar de hablar tanta porquería, hablando hasta en nombre de los dioses, lo que tendría que estar… ¿Cómo? Pero, ¿qué tiene que ver que a las parejas homosexuales le salgan los hijos adoptados de dos en dos? Sí, yo vi los de Ricky Martín. Y los de Miguel Bosé, que son dos y dos. Pero, ven acá mi amor, ¿qué tiene que ver esto con que Mariela no haga nada por el matrimonio igualitario?

¿Entonces tú crees que lo del matrimonio igualitario no se va a aprobar aquí mientras el padre de Mariela pueda casarse con otro hombre? Ay, espérate, que se me quedó atrás la metedeo derecha.  Claro, claro, porque si al general casado le da por adoptar Mariela tendría menos herencia que repartir…

Miguel Díaz-Canel

¡Guarapo y limón! Cada mandatario de la revolución tiene sus líquidos fetiche y, del mismo modo que el general Raúl Castro prometió una ronda de vasos de leche para todo el mundo mientras que a él le servían vodka, lo de Díaz-Canel es la limonada y el guarapo.

“¿Cuándo vamos a tener guarapo por la libre en este país?”, preguntó a los reunidos en una asamblea y ninguno de los revolucionarios reunidos allí supo, no ya responder a esa pregunta, sino de qué carajo estaba hablando.

“Productor de caña”, dijo del país, “y no hay guarapo”.

La caña, a tres trozos, el marabú en su punto, y Díaz-Canel con su cuento del guarapo por la libre.

“Nosotros tenemos que tener limones en el país”, reconoció. No lo pensó más y se lanzó al terreno de lo filosófico. “La limonada es la base de todo”, dijo.

Una doctrina tan profunda fue saludada con trompetilla de memes, y esto fue algo que sacó de quicio a Rafael Hernández, director de la revista Temas, quien reprochó que el noticiero de la televisión oficialista recogiera aquella muestra de la sabiduría del presidente para exponerlo a “la vaciladera y la guanajería de las redes”.

Cada pensador halla un motivo de perplejidad a su altura: Díaz-Canel, limonada y guarapo; Rafael Hernández, la guanajería de las redes.  

En la tángana del Parque Trillo, tángana para revolucionarios, la música estaba buenísima, bailaba todo el mundo, bailó hasta el presidente Díaz-Canel que, en un momento, alzó un brazo y portaba parle tremendo. Hum, Rolex que tú conoces. Los guardaespaldas hacían su trabajo, por supuesto, y no solo por el relojón, sino porque el presidente estaba envuelto en la bandera: pulóvito de bandera cubana y parle saboroso.

Al presidente Díaz Canel tienen que cuidarle el guache, la bandera en el pulóver y también, como apuntó Rafael Hernández, la porquería que habla.

Arnaldo Rodríguez

Eso de Arnaldo y su Talismán parece el título de un libro infantil, no el nombre de una orquesta que se respete y que respete a los bailadores que la escuchan.

Arnaldo y su talismán parece la versión Dora Alonso de Harry Potter.

Este Arnaldo ha recogido lo que quedó en la pista de la timba y con esas sobras hace su música: un tacón de pulla suelto, una pestaña postiza caída, un arete de fantasía y cuatro o cinco charcos de quiénsabequé. Esta sarta de objetos perdidos son los talismanes de su música: metales que dan dolor de muela y unos temas tan, pero tan malos, que uno llega a pedir que acaben de entrar de una vez esos metales.

Y va y se para el talismán mediocrón este en una cola del pan, no tanto por llevarse una libra a casa como porque lo reconozcan. Y la gente de la cola va y lo reconoce porque desde que se murió Rosa Fornés la gente está que saluda a cualquiera.

Quisieron hasta colarlo, pero él que no.

Que no, que no le agüen la fiesta, que si estaba allí era por cultivar su popularidad y habría hecho cola igual si lo que daban por la cola era nada. Arnaldo estaba allí para sentir amor de pueblo.  

Le fue tan bien en la cola que no pudo menos que manifestar luego su felicidad en las redes sociales y hablar de una “cola riquísima y larga”.

Arnaldo ha compuesto una canción en homenaje a los Comités de Defensa de la Revolución pues quien encuentra placer en hacer una cola larga, ¿cómo no va a sentir admiración por la chivatería y represión institucionalizada? Así que agarró un título de Rubén Blades y le puso “Siembra” a su canción. Como si los CDR fueran los que garantizaran la papa y el boniato.

Pero, hablando de jama, el compañero Arnaldo tiene en el reparto Siboney un restaurante bautizado por él como “proyecto cultural”. Ese proyecto tiene como especialidades culturales “el conejo estofado en salsa española y un conjunto de tapas, cócteles y bebidas nacionales e internacionales”, según consigna una publicación especializada.

Con negocito así, y en Siboney nada menos, el episodio de Arnaldo en la cola del pan era seguramente la filmación de algún videoclip, no la búsqueda de mandados. Por un negocito así Arnaldo defiende la revolución hasta la última cuerda de su guitarra.

“¡Tírate, que te voy a batear con mi propia guitarra!”, le dirigió a Otaola. Y, refiriéndose a Otaola y Trump, amenazó: “¡A los dos me los paso por mis berocos mulatos, o jabaos, como los de Antonio Maceo!”.

Tanta adrenalina y tanta testosterona hizo que Arnaldo se dirigiera a Otaola y a Trump en femenino. En cuanto a sus berocos, él no llegó a contarlo en las redes, pero antes de que llegara su turno para el pan tuvieron que sacarlo de allí porque no había necesidad, por riquísima y larga que estuviera la cola, de que un músico que sale por la televisión se quitara la ropa en medio de la cola para enseñar el color de no sé qué cosas.

Gerardo Hernández

Pues parece que no estaba errado el talismánico Arnaldo a quien los berocos le cambian de color según les dé la luz cuando dedicó una canción de siembra a los Comité de Defensa de la Revolución (CDR).

No estaba errado porque la equivocación de tareas institucionales viene desde la propia dirección de los CDR, a juzgar por la gira de agricultura urbana emprendida por su coordinador general Gerardo Hernández.

El exespía de la Red Avispa se ha sumado a la extensa lista de teóricos de la producción agropecuaria con que cuenta la historia económica de la revolución cubana. Lista que, por supuesto, encabeza el comandante en jefe Fidel Castro.

“Si cada CDR produce una calabaza, y son 138.000 en el país, entonces serían 138.000 calabazas de más”, calculó el coordinador Hernández.

En junio fue la batalla del espía por la calabaza, y al mes siguiente daba la pelea por la piña. Tenía delante un puñado de cederistas y les zumbó: “Ustedes representan a varios CDR. El país tiene cerca de 138.000 CDR. Si a un solo cederista por CDR se le ocurre sembrar una piña; uno solo por CDR, ¿de cuántas piñas estamos hablado?”.

Aritmética de segundo grado, pero aquellos cederistas tenían la cabeza tan ocupada en chivatear que no podían sacar ninguna cuenta.

“138.000 piñas”, aseveró gloriosamente Gerardo Hernández.

¡La cantidad de cáscara de piña que podría comerse teniendo esa producción!

En otro recorrido suyo llamó a sembrar plátanos y, puesto que se hacía más difícil esta vez el cálculo de plátanos o racimos por CDR, el exavispa se agarró a un bombillo que vio por los alrededores. Cerró los ojos, inspiró hondamente y lanzó esta otra perlana, que es mojón envuelto en lana: “Si en cada uno de los 138.000 CDR que existen en el país se apaga una luz, sería esa misma cantidad las que dejarían de funcionar para contribuir con el ahorro de energía”.

El reconocido economista Guillermo García Frías, comandante de la revolución que fue el primero en abogar por las carnes de cocodrilo, avestruz y jutía, seguía a través de periódicos y noticieros la campaña alimentaria de Gerardo Hernández y tuvo a bien llamar al general Raúl Castro.

Para decirle que aquel joven tenía una mente brillante. Gerardo era un hombre capaz de engañar a los servicios de inteligencia estadounidenses, de preñar a su mujer estando en la cárcel y sin mediar visita matrimonial, y ahora de resolver operaciones aritméticas a una velocidad insuperable. ¡Sacaba centenas de miles de calabazas de la nada!

Un hombre así, opinó García Frías, tendría que estar en el Consejo de Estado.

Y, en efecto, hasta allí ha volado la avispa.

Manuel Santiago Sobrino Martínez

Como al nombrado así no lo conocen ni en su casa a la hora de comer, valga aclarar que es el actual ministro de la Industria Alimentaria. Y, una vez presentado el actual ministro de la Industria Alimentaria, pasemos a presentar a otro ser no menos extraño. En este caso hablaremos de la gallina decrépita.

¿Es la gallina decrépita el equivalente avícola de la vaca loca? No. Una gallina decrépita es simplemente aquella gallina que, por ancianidad, deja de poner huevos.

Ministro y gallina, decrépitos ambos, parecían la fórmula perfecta para resolver (por enésima vez) el hambre de un no menos decrépito pueblo. Así que gallina decrépita para la gente… Pero no, para ahí la distribución, que de lo que se trata es de croquetas de gallina decrépita.

Una croqueta de gallina decrépita es simplemente una croqueta en cuya composición, además de carne de gallina decrépita, entran otras no menos decrépitas sustancias. ¡Deglutan ese cable, compañeros!

De tripas habló también el ministro Sobrino Martínez. De comer tripas. Y el diario Tribuna de La Habana recomendó no dejar caer cáscara de plátano en la basura. En las páginas de ese diario pudo leerse: “Sepan que la cáscara es tan nutritiva como el interior: aporta hierro, potasio y vitaminas B, C y K. Como si fuera poco, contiene buenas cantidades de manganeso, fibra, antioxidante y cobre”.

¡Dan ganas de comerse la cáscara y botar el plátano envuelto por ella!

Guarapo por la libre, limonada como base de todo, calabaza y piña en cada comité, cáscaras de plátano, tripas, croquetas de gallina decrépita, patica de curiel asada al jugo… Este 2020 ha sido, sin dudas, el “Año de la Inventiva Culinaria Revolucionaria”.

“Guerrero Cubano”

A este youtuber sí que no lo conoce nadie. Es más desconocido que el ministro de la Industria Alimentaria. Arleen Rodríguez, la periodista de la Mesa Redonda, lo entrevistó hace unas semanas. Puede afirmarse, por tanto, que Guerrero Cubano no es Arleen Rodríguez.

¿”Guerrero Cubano” es Reinaldo Taladrid?

¿O es Edmundo García, cuyo estado de salud parece tan sólido como sus ideas, a juzgar por su última aparición?

¿”Guerrero Cubano” es Pedro de la Hoz?

Múltiples son las hipótesis que se barajan en diversas cancillerías, múltiples las cábalas que se hacen en las redacciones de los más connotados diarios. Quien habló con Arleen Rodríguez reconoció que constituían un equipo. El trabajo de ese equipo, encargado de divulgar detalles de investigaciones criminales y chanchullos contra los enemigos de la revoluciónski, garantiza una imagen limpia de la Mesa Redonda y las diversas redacciones oficiales cubanas. Hacen pasar por cuentapropistas de la información lo que no es más que una pequeña empresa en la que Villa Marista externaliza su trabajo.

Israel Rojas

Él solito, por tu madre. Que el otro no venga, que se ponen a cantar. Él solito y lo más lejos posible de Arnaldo y su Talismán, para que no se les ocurra grabar juntos. Y, por tu madre, no menciones delante de él a Raúl Torres. No le des idea para colaboraciones. ¿Me prometes que no viene a cantar? Okéi, que hable todo lo que quiera. Que diga que los médicos que están fuera tienen que pagar su carrera por novena vez si es que quieren volver al país. Que diga que la prensa oficial tiene que ser la contrainsurgencia del periodismo independiente. Que calcule que si cada CDR compone una canción tendríamos entonces 138.000 canciones y Buena Fe las cantaría todas. Que diga lo que quiera, pero que te imploro que no cante. Porque la última vez que oí algo de él y del que canta con él tuve que desintoxicarme oyendo a Ricardo Arjona. Y, sí, Ricardo Arjona podrá ser una gallina decrépita, pero Buena Fe es una croqueta de gallina decrépita.

Tomado De DIARIODECUBA

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