Sistema de salud castrista: caro, ineficiente, con ‘logros’ dudosos y dañino para la economía cubana

Entre 2012 y 2021 las mujeres cubanas perdieron 6,7 años de esperanza de vida y los hombres 7,5, una verdadera tragedia.

Pacientes y acompañantes en una sala del Hospital Calixto García, en La Habana. DIARIO DE CUBA

Mientras casi todo lo que alguna vez construyó la Revolución cubana se está desintegrando en óxido, marabú, grietas, arrugas y desencanto, aún el castrismo saca pecho con sus éxitos en salud. Así, aprovechando el impacto del coronavirus, la propaganda estatal se intensificó mezclando notas de chovinismo sanitario con loas al régimen a ritmo de «La fuerza de un país», pegajosa melodía del fidelista dúo Buena Fe.

Esta sempiterna y ahora intensificada propaganda sobre los «logros de salud de la Revolución», ha conseguido que muchos cubanos crean vehementemente que los índices de esperanza de vida y mortalidad infantil son conquistas de la política castrista, y eso tiene un peso fundamental en el apoyo o poca confrontación que recibe el Gobierno de una amplia porción del pueblo, que teme perder salud si cambia el sistema.

Pero, ¿respaldan los datos esta propaganda oficial?

Esperanza de vida al nacer

Los cubanos comenzaron el siglo XX viviendo como promedio apenas 33,2 años; eso no mejoró robustamente hasta la década del 30, durante la cual se adicionaron 4,1 años a la esperanza de vida. La década del 40 aportó seis años más, pero fue en los 50 cuando sucedió el mayor avance de longevidad en la historia de Cuba, ¡8,3 años! Ese impulso, debido al buen desenvolvimiento económico y el mejoramiento de los servicios de salud logrados en los años previos a la Revolución, llegó hasta los 60, década en la que se adicionaron otros 8,1 años a la esperanza de vida promedio.

Desde entonces, el aumento de esperanza de vida desaceleró, e incluso, a consecuencia del fracaso económico, ha habido preocupantes retrocesos. Según datos de «Cuba. Epidemia de Covid-19. Modelo Logístico«, del académico Juan Carlos Albizu-Campos, entre 2012 y 2021 las mujeres cubanas perdieron 6,7 años de esperanza de vida y los hombres 7,5, una verdadera tragedia.

Y si las cifras absolutas demuestran que el gran salto de longevidad de la sociedad cubana sucedió antes de la Revolución, si miramos cifras relativas al resto de América Latina encontramos que, en 1960, Cuba superaba en casi ocho años la media de esperanza de vida latinoamericana, mientras ahora la supera en menos de cuatro —o está por debajo, según los datos de Albizu-Campos—, lo que indica que el continente, en conjunto, ha avanzado en longevidad más que la Cuba revolucionaria durante estos últimos 60 años.

Paradójicamente, el fracaso económico del régimen castrista contribuye a que los cubanos estén más sanos, manteniéndolos «a salvo» de la obesidad —el mayor problema nutricional de América—, gracias a la escasez de alimentos y al ejercicio que impone la falta de transporte. Añádanse todas las muertes no ocurridas en accidentes viales por existir solo 5,6 vehículos por cada 100 cubanos, frente a 26,7 en Latinoamérica o 91 en EEUU. En todo caso, una salud forzada es castigo, no dicha.

Mortalidad infantil

Sobre el bajo índice de mortalidad infantil del que tanto se ufana el castrismo es importante destacar que antes de 1959 ya traía un mejoramiento sostenido y estaba entre los primeros del continente. Pero queremos centrar la atención en la investigación de los economistas Vincent Geloso y Benjamin Powell junto al médico Gilbert Berdine, quienes han encontrado medidores objetivos que cuestionan la fiabilidad de las estadísticas que provee el Gobierno cubano. Expliquémoslo.

El índice de mortalidad infantil recoge las muertes acaecidas durante el primer año de vida, mientras el menos publicitado índice de mortalidad fetal contabiliza los fallecimientos sucedidos entre la semana 20 de gestación y el momento antes del parto.

Estos investigadores han encontrado que, sin justificación alguna, la correlación entre el índice de mortalidad fetal y el índice de mortalidad infantil en Cuba duplica la encontrada a nivel mundial, lo que los lleva a la fuerte sospecha de que en la Isla se clasifican sistemáticamente las muertes neonatales —ocurridas hasta una semana después del parto— como muertes fetales, disminuyendo así, mediante amaño estadístico, el índice de mortalidad infantil.

Costo sanitario

Ahora pensemos en el costo de estos «logros de la Revolución», pues, aunque sea la salud lo más valioso para muchos, esta sigue teniendo un coste; los recursos que a ella se dedican, forzosamente tienen que restarse de fines alternativos, también útiles y deseados.

A falta de poder comprar o crear tecnología, y teniendo disponible un pueblo como mano de obra semiesclava, la política castrista ha consistido en masificar la asistencia primaria —que acapara más del 40% del gasto sanitario nacional—, fabricando médicos a escala industrial, tantos que hoy Cuba exhibe el mayor número de galenos per cápita del mundo (nueve por cada 1.000 habitantes), siete veces más que Latinoamérica y el triple que Estados Unidos.

Para sostener tal ejército de batas blancas, el país está entre los que más PIB dedican a salud —aun cuando los salarios de los médicos son de los más bajos del mundo y la infraestructura se cae a pedazos—, lo que indica que el sistema sanitario castrista es excesivamente caro e ineficiente: tiene que gastar mucho más que los demás para obtener unos índices de salud levemente mejores… si es que son ciertos.

Conclusiones

  • La esperanza de vida al nacer y la mortalidad infantil comenzaron a mejorar mucho antes de que llegara la Revolución.
  • En los últimos años, la esperanza de vida al nacer ha caído estrepitosamente.
  • Cuba estaba comparativamente mejor con respecto al resto del continente antes de 1959.
  • El fracaso económico contribuye a la esperanza de vida, como subproducto de la falta de alimentos y transporte.
  • Hay serias dudas, ya no solo basadas en la no contrastabilidad de las fuentes estatales, sino por evidencias estadísticas concretas, sobre la veracidad de los datos oficiales.

El relato propagandístico de los «logros de salud de la Revolución» se mantiene sobre un sistema sanitario desproporcionadamente caro, que entorpece el desarrollo de la economía, lo que impide incluso la sostenibilidad a largo plazo del propio sistema sanitario.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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