Se salva la cocinera cubana multada en Mayarí con 8.000 pesos por machacar los plátanos

‘La gente está contenta porque era un abuso, algo absurdo’, comentan usuarios del comedor social donde la mujer dejó de trabajar tras apelar la multa.

Una calle de Mayarí, Holguín, Cuba. O.RAMÍREZ DIARIO DE CUBA

La multa de 8.000 pesos impuesta el pasado 10 de junio a una cocinera del servicio de asistencia social local (SAF), «por machacar los plátanos a sus comensales y no escribir ‘fufú’ en la carta, sino ‘plátano hervido'», fue retirada finalmente, celebraron en la comunidad de Guayabo, en Mayarí, Holguín.

«La gente está contenta porque era un abuso, algo absurdo«, dijo a DIARIO DE CUBA Emilio, uno de los ancianos que recibían el servicio del comedor social.

«Si se hubiera tratado de un hombre ‘de sangre’, capaz que hubiera perdido la cabeza con un inspector así, que te echa una multa tan abusiva», consideró.

«La pobre Alba está que no cabe de la alegría y el alivio. Ella apeló, pero no tenía muchas esperanzas. Ha quedado afectada de los nervios. No todo el mundo resiste tranquilo con una multa tan grande. Ojalá se recupere pronto y pueda retomar su empleo. Se asustó mucho con la multa y dejó el trabajo, pero no era para menos».

«Es la primera vez que oigo decir que una multa se retira«, dijo Ramón, otro vecino.

«Miles de gentes han apelado multas tan injustas como esa y no se las han quitado. Eso de apelar es una formalidad. Esa gente después que te muerde, tienes que pagar. Viven de eso. Se la quitaron porque lo subieron a internet y todo el mundo criticó el abuso con esa infeliz. Pero abusos así pasan a diario con los inspectores y la gente se queda callada porque tiene miedo», agregó.

Después de la publicación del caso en DIARIO DE CUBA, otros medios independientes digitales se hicieron eco. También tuvo repercusión en las redes sociales. 

Algunos usuarios llegaron a ofrecer ayuda a la humilde cocinera para pagar la multa en caso de que no se la suspendieran. Campesinos de la cooperativa local planeaban proponer en su asamblea de asociados ayudarla con sus «fondos socioculturales», porque la consideraron una víctima de los inspectores estatales.

Un vecino describió el caso de manera singular: «antes de la revolución los torturadores batistianos usaban un alicate, los de ahora usan un bolígrafo«.

Las multas excesivas agobian la vida de los cubanos, una situación agravada por la pandemia, que ha incrementado la ya abultada lista de prohibiciones y reglas. Más allá de una penalización para garantizar la convivencia social armónica y funcional, la multa se vuelve un acto represivo porque no tiene relación proporcional con los ingresos salariales de los trabajadores.

Al parecer, debido a los montos, estas sanciones económicas han sido diseñadas para persuadir a los infractores más acaudalados o corruptos, pero se aplican a todos los ciudadanos por igual, provocando numerosas injusticias. 

Frecuentemente la población acusa a los encargados de imponer las multas de trabajar en función de cumplir un plan, en vez de vigilar simplemente que se cumplan las normas.

También son señalados por corrupción, de actuar en busca de sobornos.

El pasado mes de marzo un joven mayaricero, en la localidad de Guaro, se suicidó tras haber sido multado dos veces en la misma semana con un total de 7.000 pesos, presuntamente por andar sin nasobuco y por vender plátanos respectivamente.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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