Se acerca el fin de año y en Cuba el cerdo parece un animal ‘en peligro de extinción’

Los precios no paran de subir y ‘es para llorar. El que no guarde un pedacito de pollo para fin de año, no comerá nada’, dice un periodista de DDC en Santiago de Cuba.

Una mujer lava un cerdito en la puerta de su casa en La Habana. DIARIO DE CUBA

De ser una región altamente productora de cerdo, Mayarí (Holguín) ha pasado a no tener ofertas de venta de esa carne ni en los establecimientos estatales ni en los privados. Los mayariceros no solo se están volviendo vegetarianos a la fuerza, sino que ven como una quimera la posibilidad de tener siquiera un pedacito de «macho asado» para Navidad o fin de año, como es tradición.

La situación en Mayarí es extrema, pero en otras regiones de Cuba los residentes lo tendrán también difícil para comer cerdo en esas fechas, no por solo por la escasez, sino también por el precio.

«Nos han matado la alegría. En este país no ha quedado nada. No hay fiestas familiares ni visitas, porque nadie se atreve a visitar a nadie con esta miseria. Imagínate, donde llegas haces un hueco. Se vive al día y con miseria. Yo nunca me he podido adaptar a eso y ya soy un viejo de 87 años», comentó Rolando, un anciano jubilado que merodeaba el mercado Ideal de Mayarí «por si acaso sacan algo».

«Ni con el dinero aparecen las cosas. Aquí, antes de la Revolución, la mayoría éramos pobres, pero no miserables, hasta el más humilde comía puerco en Nochebuena y en fin de año. Casi todo el mundo compraba dulces de afuera, como turrones, uvas, peras, de todo, pero el que no podía hacía dulce de corteza de naranja, riquísimo y tradicional. Y se iba de casa en casa, y todo el mundo comía en la casa del otro, era algo bonito y alegre. Pero con el azúcar y la carne de puerco perdidos y por las nubes, ¿quién puede? ¡Destruyeron todo!», se quejó Rolando.

Iroídes, otro mayaricero que buscaba infructuosamente algún vendedor de carne para «cambiar un poco el menú», dijo a DIARIO DE CUBA que los mercados estatales no han vendido una sola libra de carne ni este año ni el pasado». Y el precio en la calle «va siempre para arriba, cuando aparece».

Igualmente, Omar, un bicitaxista que andaba en busca de cualquier oferta proteica para el consumo familiar, opinó que «como no hay en ningún punto de venta que tenga carne ni de puerco ni de ningún tipo, ni el Estado vende pollo en ningún lado aquí, la carne sigue subiendo y el día que alguien tiene un puerco criado en casa, pide lo que quiere por él, y la gente le compra porque no hay otra opción».

«Para encontrar carne hay que preguntar a la gente barrio por barrio si alguien mató (un cerdo), y a ver si hay suerte, porque se forma tremenda matazón y no alcanza. Hasta peleas hay si alguien quiere comprar mucho. Te puedes pasar varios días hasta que tengas suerte y encuentres. Y todas las semanas sube 10 pesos más. Hace poco estaba a 150, después 160 y ya escucho que lo están vendiendo a 170 (casi siete dólares al cambio oficial). No para de subir y no hay. ¿Adónde vamos a parar?

La estabilidad de la producción de carne de cerdo en Mayarí, como en el resto del país, fue destruida por la desarticulación de los convenios de la empresa porcina con los productores particulares, debido a la decisión gubernamental de no importar más piensos en medio de su crónica falta de liquidez y la incapacidad del sistema económico de estimular la producción en el país.

Pero en Mayarí es mucho más patente esa crisis porcina. Casi ha llevado a cero la producción porque fue precedida de la persecución y el desmantelamiento de los negocios de los principales productores del territorio por parte del Gobierno.

El operativo contra exitosos productores, ocurrido antes de la pandemia y tuvo cobertura de la televisión estatal. Los emprendedores caídos en desgracia fueron exhibidos públicamente y tachados de delincuentes. Algunos terminaron en prisión, otros se apartaron del negocio y no pocos emigraron en busca de otra tierra donde tuvieran libertad económica.

Por ese camino, Mayarí ha llegado a una situación en la que los vecinos bromean con amargura diciendo que el puerco «está en peligro de extinción».

Muchos tendrán que conformarse con el pollo

Pero el peligro de pasar Navidad y fin de año sin el plato tradicional de Cuba afecta a todo el país.

«Es para llorar. El que no guarde un pedacito de pollo para fin de año, no comerá nada», dijo Alejandro Antonio Torreblanca, periodista de DIARIO DE CUBA en Santiago de Cuba. En esa ciudad, la libra de carne de cerdo se paga a entre 180 y 200 pesos (ocho dólares al cambio oficial).

«Los cerdos de entre 60 y 80 libras, que son para asar, están a entre 6.000 y 8.000 pesos (entre 240 y 320 dólares), e incluso más caros. Es lo que pida el dueño», dijo Torreblanca.

«Algunas personas me han dicho que están comprado carne en estos días porque en los próximos será imposible para ellos pagarla«, debido a la constante subida de precios, apuntó Jorge Amado Robert, también periodista de este diario en Santiago.

En los barrios de La Habana Vieja el cerdo que vende el Estado supera los 200 pesos la libra y es ahumado. «Para comprar carne de puerco fresca tienes que tener contactos en alguna finca», dijo el periodista de DIARIO DE CUBA Jorge Enrique Rodríguez, residente en Los Sitios.

En Alamar, ya el precio apunta a subir a los 225 pesos (nueve dólares), indicó Osmel Almaguer, periodista de este diario residente en la localidad.

«Muchos habaneros, muchísimos, dicen que comerán pollo, porque no están para el dolor de cabeza ni para pagar esos precios», afirmó Rodríguez.

El Gobierno cubano ha aumentado en los últimos meses las compras de pollo a Estados Unidos, su principal proveedor de esa carne, pese al embargo.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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