Santiago de Cuba: entre el hambre y las broncas en la venta de pollo

Una desorganizada venta provocó aglomeraciones y enfrentamientos. Los beneficiados fueron el mercado negro y el Covid-19.

Venta de pollo en Santiago de Cuba. DIARIO DE CUBA

Broncas callejeras y grandes aglomeraciones de público provocó la venta de media caja de pollo para cada núcleo familiar de la ciudad de Santiago de Cuba, en un intento de Gobierno por aplacar el hambre y el masivo rechazo del pueblo contra la medida de suspender la admisión de dólares en efectivo en los bancos estatales.

El lamentable espectáculo conmocionó el fin de semana a la segunda urbe en importancia de la Isla, inmersa en un complejo escenario que, por una parte, atenta contra la economía y, por otra, favorece la expansión del Covid-19.

Al rechazo de los santiagueros a entregar los dólares estadounidenses antes de que el banco deje de aceptarlos, se suma el riesgo epidemiológico provocado por la circulación de varias cepas del Sars-Cov-2, entre ellas las de California, Reino Unido, Sudáfrica y dos mutaciones de la de Wuhan, China.

El desespero de las autoridades locales por controlar la inconformidad social trajo consigo el desorden y la indisciplina en los principales barrios de Santiago de Cuba, que solo en el mes de junio acumula más de 2.000 infestados y una veintena de fallecidos, según los partes del Ministerio de Salud Pública.

En improvisadas tribunas, desbordadas de triunfalismo y politiquería, los presidentes de los Consejos Populares y los funcionarios de la Cadena de Tiendas TRD explicaron que la distribución del pollo se estaba realizando «de los barcos a los supermercados, sin pasar por los frigoríficos», y que era «otra muestra del denuedo con que el Estado atiende las urgencias de las familias».

Sin embargo, uno de los comerciales de esa cadena explicó a DIARIO DE CUBA que la inusitada distribución en medio de la severa escasez obedecía a que «dos barcos llevaban días descargando pollo en el puerto Guillermón Moncada y las cámaras frías de la ciudad no daban abasto para almacenar toda la mercancía».

La decisión fue tan rápida que no hubo tiempo de dividir el producto en porciones. Los responsables se vieron obligados a vender una caja para dos núcleos y eran los propios vecinos quienes se encargaban de dividirlas, puntualizó el directivo, que prefirió permanecer en el anonimato.

Ante la interrogante de por qué no distribuir el pollo de forma equitativa entre las provincias del Oriente de Cuba, donde alrededor de cinco millones de cubanos enfrentan la escasez de alimentos, el funcionario respondió que «esas provincias están aisladas por el coronavirus, y el país no tiene combustible para una transportación masiva».

La «distribución» tampoco incluyó a otros municipios de Santiago de Cuba y muchas personas de menos ingresos no pudieron acceder a ella. La desorganización convirtió las bodegas en el centro del mercado negro, pues la caja de pollo, que costaba 640 pesos, se vendió a entre 3.500 y 4.000 pesos.

En muchos lugares el pollo no alcanzó y a otros ni siquiera lo llevaron, aduciendo a que esta semana será distribuido.

Al oscurecer, los bodegueros y trabajadores de las TRD suspendían la venta y la trasladaban hacia las comunidades periféricas, donde las cajas de pollo se vendían a entre 2.000 y 2.500 pesos.

En el supermercado del Micro 7, del Distrito José Martí, mujeres, impedidos físicos, ancianos y embarazadas protagonizaron acaloradas trifulcas, arrastraban las cajas de pollo por el piso e intentaban descongelarlas tirándolas contra las zanjas y utilizando palos, piedras, destornilladores y cuchillos.

Algunas personas recogían las piezas de pollo desperdigadas por el suelo y llenas de tierra y otras inmundicias.

La violación de los protocolos de higiene tuvo lugar en momentos en que se investiga el acelerado deterioro de decenas de pacientes de la provincia de Santiago de Cuba, cuyos niveles de infección preocupan a los médicos.

Mientras el Grupo Temporal de Trabajo para el Enfrentamiento al Covid-19 extendió por otros 15 días el toque de queda y el resto de las medidas restrictivas, Beatriz Johnson Urrutia, gobernadora de la provincia, continuó culpando al pueblo de la crisis.

Hasta la fecha las autoridades sanitarias no han podido controlar los 265 focos activos y siete eventos de trasmisión local del territorio, localizados en hogares de ancianos, la zona 6 de la Empresa de Correos y la termoeléctrica Antonio Maceo, entre otras intuiciones.

El periódico oficial Sierra Maestra informó en su edición del 5 de junio que solo en el distrito José Martí se impusieron entre 8:00 de la noche y 5:00 de la madrugada de los últimos 15 días, 314 multas.

De acuerdo con el reporte de prensa, ese es el resultado de la labor conjunta que realizan la Dirección de Inspección y Supervisión, la Inspección Sanitaria Estatal y el Ministerio del Interior en la segunda comunidad de edificios multifamiliares de la Isla, solo superada por Alamar, en la capital cubana.

Paradójicamente, nada dijo la prensa sobre las actuaciones irresponsables del Gobierno, solo se concentró en el uso incorrecto del nasobuco, la estancia en lugares no autorizados, el desplazamiento por la vía durante la noche y la falta de distanciamiento.

Según Daniel Sánchez Almaguer, presidente del Consejo Popular José Martí Sur, las principales aglomeraciones se localizan en el banco, los centros comerciales y las farmacias.

El cierre del transporte también ha favorecido que las personas se aglomeren. Tras una enconada puja contra las autoridades, los motoristas de Santiago de Cuba consiguieron que los dejaran tirar pasajes al amanecer y en el horario de la tarde.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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