‘Sancocho para puercos’: lo que han comido los niños cubanos en las escuelas este año

‘Somos víctimas todos, los verdaderos culpables no tienen a sus niños comiendo arroz y chícharos’, dice una madre cubana.

Escolares en La Habana. DIARIO DE CUBA

«Lo que está sucediendo en las escuelas cubanas con el tema de la alimentación da pena», se quejó la cocinera de uno de estos centros estudiantiles del reparto Alamar, municipio Habana del Este, quien describió semanas sin que hubiera «plato fuerte» en escuelas como la Elio Llerena y la Ramón López Peña.

Cuando ha habido alguna proteína han sido «huevos o una mortadela malísima que está llena de harina». Los niños solo han almorzado «arroz y frijoles y, con suerte, alguna mermelada de postre», detalló la trabajadora.

«A veces un niño lleva algo para acompañar el almuerzo, unas chicharritas de plátano o una salchicha, y el resto de los alumnos le pide o lo mira con envidia. Da mucha pena eso», agregó.

La situación es más dramática si se tiene en cuenta que muchos de esos niños tampoco pueden tener en sus casas una alimentación adecuada, que compense las carencias del menú escolar cubano, debido al desabastecimiento de productos básicos y a los altos precios de los alimentos. Ahora, con el fin del curso, para algunos de ellos las cosas empeorarán, porque a la mala situación en casa se sumará la falta del «sancocho» escolar.

Los problemas con la comida en las escuelas durante el año han sido generalizados, según se deduce de las publicaciones del grupo en Facebook Madres Cubanas por un Mundo Mejor.

«En la escuela primaria de mi hijo, en Punta Brava (municipio Playa), dan arroz, chícharos y a veces pan. Nunca proteína. Es un abuso total, y la situación viene de años», dijo Irasema Castro, cuyas palabras fueron confirmadas por madres de Guanabacoa, Cotorro y Marianao.

«Desde que yo estudié, hace 12 años, el almuerzo daba asco. Me imagino que ahora da el doble de asco», comentó al respecto Camilo Eliani.

La comida «es pésima, pero pésima, y la elaboración más pésima todavía. De los chícharos, que son el plato diario, porque no varían, siempre están duros los granos. Sin sazón, ni nada. Del arroz, para qué hablar. Mi hijo tiene solo ocho años y come normal, pero ya hasta el arroz tengo que mandarle, porque el de la escuela es bien poco y en bolas. De plato fuerte, hace bastante que no les dan y el pan lo pican en cuatro. Qué te puedo decir. Triste situación la de los niños, pero a dónde te vas a quejar, dónde vas a llorar», escribió Grettys González, visiblemente afectada.

Otra madre, Rosali Martínez, confesó no tener palabras para describir lo que siente. «Sin palabras, eso no es un almuerzo, eso es un sancocho para los puercos. Mi hija, que es de muy buen comer, dice así: ‘mamá, qué malo está el almuerzo de la escuela'».

Los integrantes del grupo también mencionaron casos de menores con problemas estomacales debido a la mala elaboración de los alimentos.

«Paramos en el pediátrico por una mala digestión. Más nunca probará nada de la escuela», dijo Glenda Rachel Nápoles.

Las escuelas, como cualquiera de las instituciones cubanas, están blindadas frente a cualquier tipo de reclamación verbal o legal, y ni pensar en una demanda, ya sea porque los padres no tienen cultura jurídica o porque están convencidos de que nunca ganarán una pelea judicial. No importa que la práctica cubana se encuentre tan desfasada con respecto a cualquier estándar internacional o al más elemental sentido común.  
 
La página web de la organización Stanford Children Healt, un sistema de atención médica radicado en San Francisco, California, que se especializa en la atención pediátrica y obstétrica, establece que, para los menores comprendidos entre las edades de seis a 12 años, son necesarios «alimentos saludables y bocadillos nutritivos».

Aconseja el consumo de granos (trigo, arroz, avena, harina de maíz, cebada y otros), verduras variadas y coloridas (verde oscuro, naranjas y rojas, así como legumbres y verduras ricas en almidón), frutas (o jugos sin agua ni azúcar; frutas frescas, enlatadas, congeladas o secas), lácteos (o comidas confeccionadas a partir de la leche, con preferencia sin grasa o bajos en grasa y altos en calcio) y proteínas (carnes y aves magras o con poca grasa, y sobre todo pescados, nueces, semillas y frijoles).

Tales estándares solo pueden ser cumplidos por los hijos de los más altos dirigentes del país, que además estudian en escuelas donde no existen problemas con la alimentación. Para el resto, la escasez es tal, que ni siquiera contando con una elevada solvencia económica pueden los padres garantizar un complemento alimenticio adecuado para suplir las carencias de la alimentación estatal.

«Nosotros somos víctimas todos, los verdaderos culpables no tienen a sus niños comiendo arroz y chícharos», sentenció una madre en la propia red social.

En los círculos infantiles, a pesar de tratarse de un grupo etario más vulnerable, la situación es similar. Para Noreysi Bertot Pereira, la gran preocupación es que su hija de cuatro años prefiere no comer debido a la mala calidad del almuerzo.

«Es doloroso cuando me dice que no comió porque estaba muy mala. Que le dieron de merienda jugo malo (de mermelada de papaya) o que le dieron Bob Esponja (harina de maíz) o que el pan estaba muy duro. Yo lloro solo de saber eso. Lo mejor es que no permiten que entre nada de merienda en el círculo».

En Santiago de Cuba la situación alimenticia también es grave. «El círculo donde tengo a mis hijos es uno de los mejores de este distrito. Normalmente los niños meriendan jugo de plátano o de frutabomba y una rebanadita de pan. En el almuerzo les dan arroz, chícharo y picadillo. Lo único es que mis hijos siempre llegan con hambre a la casa, porque no se llenan«, expresó una madre residente en el municipio cabecera.

La crisis de la alimentación escolar en Cuba es tan solo una de las formas en que se evidencia el colapso de un sistema incapaz de garantizar juguetes, centros de recreación, vestimenta o asistencia médica elementales a los que sin dudas representan el futuro de este país.

Lo peor es que, terminado el curso, los padres no tienen ninguna esperanza de que el próximo sea mejor. La regularidad del desastre año tras año no les permite esperar otra cosa que más situaciones difíciles y  quebraderos de cabeza para compensar a sus hijos la mala alimentación de la escuela.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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