Sale de prisión en Cuba Conrado Hernández, empresario acusado de espionaje y asociado a defenestración de Lage y Pérez Roque

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Conrado Hernández fue liberado de prisión recientemente, el mismo ingeniero y empresario cubano que fue sancionado en 2011 por el delito de espionaje y estuvo vinculado con el proceso de drástica caída política y pública de ex ministros y figuras de poder por aquellos años, como Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.

La familia de Hernández ha declarado que este pudo salir de prisión gracias al beneficio penitenciario que le propinó un régimen de encierro más benigno.

El que hace más de una década se codeó con las personalidades más influyentes y poderosas de la isla, ahora está a punto de cumplir 70 años y acarrea graves problemas de salud.

Hernández fue delegado de la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial (SPRI), entidad del gobierno vasco en La Habana, por lo que estaba a punto de abordar un vuelo hacia España cuando fue detenido con su esposa el 14 de febrero de 2009.

Aunque al principio de la investigación sobre su caso y el de sus asociados se pensara que se trataba de otra situación más de corrupción en sectores con acceso a las divisas, resultaron estar envueltos en una conspiración contra los hermanos Castro.

Se pensaba en sus inicios que Hernández solo había tramitado favores a empresarios vascos a cambio de comisiones, pero la corrupción no era más que una artimaña para desviar la atención de su estrategia política.

El médico Raúl Castellanos Lage (primo hermano de Carlos Lage) fue detenido 2 semanas más tarde, quien era responsable de inversiones en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de La Habana.

Finalmente, el Consejo de Estado emitió un comunicado oficial el 3 de marzo del 2009 para anunciar, sin dar mayor detalle o explicación, la destitución inmediata de Lage y Pérez Roque.

El mismísimo Fidel Castro publicó un artículo en el periódico oficial Granma un día después, donde los calificaba de “indignos” y donde aseguraba que “la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno” despertó en ellos ambiciones que ilusionaron a los enemigos de Cuba.

Hernández resultó ser un informador del servicio secreto español (CNI), por lo que las oficinas en Cuba de la SPRI fueron registradas de arriba a abajo el 27 de febrero de ese año para encontrar pruebas definitivas para los cargos que se le imputaban a Hernández, quien ya había sido grabado conversando con 2 agentes del CNI en el Restaurante El Templete (Habana Vieja) en 2007.

Aunque los representantes del CNI en La Habana negaron cualquier relación con el caso, los agentes implicados que habían sido identificados por la Seguridad del Estado cubana fueron relevados a mediados del mes de mayo. Así lo confirmó el entonces ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos.

Hernández admitió haber aprovechado su amistad y cercanía con los ex cuadros Lage y Pérez Roque para estar al tanto de la toma de decisiones en el Gobierno cubano y pasar esa información al español. Estas declaraciones fueron hechas en un vídeo reservado por los altos mandos del Partido Comunista de Cuba (PCC) y por la Seguridad del Estado.

Hernández solía organizar grandes fiestas en la finca de su propiedad en Matanzas, a donde asistían Pérez Roque, Castellanos Lage y el ex vicepresidente Carlos Lage, quien era su amigo desde la infancia.

En la última celebración dada en la finca de Arcos de Canasí se sostuvo la famosa escena donde los amigos, hablando con plena confianza, se mofaron cruelmente de la avanzada edad de los Castro y comenzaron a planear una renovación generacional para el mando del país cuando se acabara con la gerontocracia, dando por hecho que serían ellos los que se quedaran a cargo de la isla.

Aparentemente, durante las fiestas Hernández grababa las conversaciones y luego las entregaba a la inteligencia española, lo que él no sabía es que la inteligencia cubana hacía lo mismo con su teléfono.

Uno de los supuestos secretos que Hernández habría intentado conocer había especificidades de la enfermedad de Fidel Castro, quien había traspasado el poder a su hermano Raúl en julio del 2006.

La esposa de Hernández era Amalia Isla, una teniente coronel del Ministerio del Interior cubano que trabajaba el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ). En el vídeo presentado por el PCC, la mujer reconoció que su cónyuge le pedía información clasificada sobre la salud de Castro y hasta dijo que Hernández pasó de “ser un revolucionario” a desempeñarse “como espía”.

El general de brigada Juan Escalona asumió el caso, siendo uno de los fiscales más temidos de Cuba, tras haber logrado también las condenas a muerte por fusilamiento para el general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio de la Guardia y otros dos militares en 1989. El juicio se celebró en el Tribunal de Diez de Octubre en marzo de 2011, y la sentencia no trascendió, aunque es conocimiento público que Hernández admitió su culpabilidad y que el fiscal pidió para él dos décadas de prisión. La solicitud se basa en el Código Penal cubano, el que estipula sanciones de 10 a 20 años de cárcel o pena de muerte por actos de espionaje en favor de los servicios de un estado extranjero, y hasta 15 años por la revelación de secretos que conciernan a la seguridad nacional.

A diferencia de Hernández, Castellanos Lage terminó siendo excarcelado en 2011.

Amalia Isla resultó inhabilitada para ejercer como profesional médico y fue puesta en reclusión domiciliaria durante varios meses, mientras que la hija de Hernández reside actualmente en Canadá.

TOMADO DE CUBACUTE

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