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‘Rompieron los centrales en Cuba y ahora no tienen azúcar para venderle al pueblo’

Familias holguineras hacen malabares para lograr que el producto racionado alcance para todo el mes.

Azúcar cruda despachada en una bodega cubana. TRABAJADORES

Mientras en el resto del mundo los gobiernos y organizaciones no gubernamentales hacen esfuerzos para reducir el consumo de azúcar en los niños, y en toda la población en sentido general, los cubanos hacen malabares para que este producto racionado satisfaga necesidades básicas.

“Tenemos que rompernos la cabeza para ver cómo lograr que ‘la de la cuota’ alcance para todo el mes. Al menos para que los más pequeños puedan desayunar y merendar”, dice a DIARIO DE CUBA, Yanet, una madre con dos hijos residente en Mayarí, Holguín.

“Solo podemos hacer café por la mañana para desayunar y el resto del azúcar dejarla para ellos, los niños, y aun así, ahorrando mucho, montando guardia en el pote, porque cuando aprieta el hambre todos enseguida miramos para allí. Sin embargo, hay que aguantarse porque no hay dónde conseguir más”, cuenta. 

Cuando aparece es a 50 pesos la libra, un precio impagable para el que vive de un salario. ¡Rompieron los centrales y ahora no tienen azúcar para venderle al pueblo! Es lo que parece”, añade.

“Mi marido gana solo 2.100 pesos y no da para ese precio tan alto. Saca cuenta para que veas, le subieron poco más de tres veces el salario y el azúcar en la calle, que es donde único podrías encontrar con mucha suerte, ahora cuesta más de ocho veces. No da la cuenta, esto está tres veces más malo que en diciembre”, dice.

Antes de la Tarea Ordenamiento, el precio del azúcar de la canasta básica que se vende a través de la libreta de racionamiento (subsidiado) era de diez centavos, para la cruda, y 15 centavos, la refinada. La liberada se ofertaba a seis y ocho pesos, respectivamente.

Después del 1 de enero, con los nuevos precios, la azúcar cruda y la refinada se empezaron a vender a cinco y seis pesos, tanto para la venta “normada” como la “liberada”. Sin embargo, en Mayarí, como en otras regiones del país, la venta liberada de azúcar es nula en lo que va de año.

“La única opción que queda es la gastronomía, donde subieron los precios de los refrescos y a una libra de azúcar le tienen que sacar 43 pesos”, dice Ariel, un custodio y padre de familia.

“Es ahí donde la gente resuelve y te la venden como si fuera refresco hecho, cuando conoces a alguien”, añade.

“Al precio que originalmente tiene, le cargan el salario de los trabajadores que ahora es alto, el consumo eléctrico que subió por las nubes, los impuestos y la ganancia del establecimiento. Por eso cuesta 43 pesos. Y por ahí la gente en la calle se guía y el que ‘lucha’ algo por la izquierda la vende a 50 pesos la libra. No hay piedad, pero fue el mismo Gobierno con todos estos inventos el que nos puso la soga al cuello”, asegura.

Es triste ver a tus hijos con hambre y no tener nada que darles de merendar. Ya es raro ver un carrito por la calle vendiendo dulces o caramelos y ahora con más mala calidad cuestan cinco pesos. No se puede mandar a hacer un pastel de cumpleaños porque los dulceros te piden que lleves el azúcar y los huevos, porque no tienen. ¿Pero de dónde lo vamos a sacar si lo de la cuota no alcanza?”, declara.

El punto más sensible del asunto es la necesidad doméstica de este producto básico, de primera necesidad, antiguamente abundantísimo en Cuba.

Sin embargo, la carencia afecta también a los trabajadores privados que ven diezmadas sus ofertas e ingresos. Al final es la población la que deja de recibir estos productos y servicios complementarios en la dieta diaria. 

Un cuentapropista que no quiso revelar su nombre opina al respecto: “Estamos parados casi todo el tiempo y lo que aparece es muy caro. Nos autorizaron a subir hasta tres veces el precio para que tengamos margen de ganancia, pero eso no fue calculado para el azúcar a 50 pesos, sino a cinco pesos por el Estado”. 

“Lo peor es que en la declaración de impuestos no podemos poner ese precio porque sería confesar un delito, pero donde aparece así es en el mercado negro y hay que arriesgarse y trabajar para sobrevivir. Esto es una ‘cabeza de caballo’, estamos jodidos por todos lados”, dice.

Por más de 200 años Cuba estuvo entre los primeros productores y exportadores de azúcar en el mundo, con etapas de supremacía en el mercado. En 2002 Fidel Castro, con la industria hundida por la ineficacia y el descuido tecnológico, y frente a una crisis de bajos precios que luego fue superada, decidió destruir el 70% de las fábricas y pasar a otros renglones agrícolas el 60% de las tierras.

Casi dos décadas después solo muelen alrededor de 40 centrales, de 161 que existían. Entre los 66 que quedaron tras la desarticulación de la industria, la meta inicial trazada era llegar a cinco millones de toneladas a largo plazo y tres millones a mediano. En estos momentos, la apuesta se ha reducido a lograr un millón y medio.

Tomado De DIARIODECUBA

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