Relaciones Cuba-Unión Europea: mejor mirar hacia otro lado

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Intereses económicos, cuestiones ideológicas… ¿Qué hay detrás de la política de consentimiento de la UE hacia el régimen cubano?

Josep Borrell en la Plaza de la Revolución, La Habana, 2019. EFE

Si de algo se ha vanagloriado el régimen cubano durante los últimos meses es del buen estado de sus relaciones con la Unión Europea (UE).  Los tuits del titular de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, son muestra de ello. Mientras tanto, a las puertas del bloque regional europeo llegan constantes denuncias sobre la violación de Derechos Humanos (DDHH) en la Isla.

El Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y La Habana cuenta con un apartado sobre DDHH en la Isla, una suerte de cláusula en temas de libertades y derechos en las que Cuba debe mostrar avances como requisito para mantener las relaciones. A pesar de las constantes denuncias hechas por organismos internacionales, incluyendo a la ONU, y a la petición de varios parlamentarios europeos de romper el acuerdo por incumplimientos de la parte cubana, nada parece cambiar.

Mientras el régimen mantiene una escalada represiva contra disidentes, también parece contar con cierta confianza en su impunidad y sus acuerdos diplomáticos con la UE. Cabe entonces preguntarse: ¿Cuál es esa coraza por la que se sabe protegido el régimen? ¿Por qué la violencia política que ejerce pasa desapercibida a los ojos de la UE?

La derecha no cuenta

Varias organizaciones cubanas en el exilio han hecho llegar al Parlamento Europeo diversas pruebas de cómo el Gobierno cubano viola la cláusula de DDHH a la que se sujetan los acuerdos diplomáticos antes mencionados. Una de las últimas fue la petición «Justicia para Cuba: Sancionar a la dictadura cubana por las continuas violaciones de los Derechos Humanos básicos», la cual hicieron las organizaciones BelgoCuba y Arte-Magna Internacional. También las declaraciones de varios relatores especiales de la ONU sobre la explotación a las brigadas médicas cubanas y las del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de esta misma institución han llegado a las altas instancias europeas. Sin embargo, parece que estas fuentes externas no definen mucho la política exterior del bloque regional.

Debido a lo sucedido el pasado 27 de enero a las puertas del Ministerio de Cultura, europarlamentarios españoles elevaron una denuncia contra el Gobierno cubano. Poco después el eurodiputado español Hermann Tertsch escribió a Josep Borrell, alto representante de la UE para Política Exterior, sobre la violación sistemática por parte del régimen de la Isla del apartado de DDHH del acuerdo con Europa. La erodiputada checa Zuzana Roithová ha pedido también en varias ocasiones que se denuncie la represión contra disidentes en Cuba, al igual que su compañera Dita Charanzová.

Pudiera parecer que estos criterios que crecen dentro de la UE serían suficientes para al menos revisar su política hacia Cuba, sin embargo, no es así. Quizás, la razón de esto radique en el hecho de que quienes han levantado su voz para condenar la represión en Cuba sean miembro de partidos políticos de derechas, muchos de ellos con actitudes homófobas, racistas y de extremo nacionalismo y anticomunismo.

Tal es el caso de Tertsch, quien es miembro del partido VOX, o de los europarlamentarios españoles antes mencionados, todos del Partido Popular (PP) o de Roithová, de la Unión Cristiano Demócrata – Partido Popular Checoslovaco. Esta última, por ejemplo, es una de las signatarias de la Declaración de Praga sobre Conciencia Europea y Comunismo. Josep Borrell, del Partido Obrero Socialista Español (PSOE), que gobierna España en coalición con comunistas, parece no hacer mucho caso de los criterios de sus contrarios ideológicos.
 
Sin embargo, todo esto podría cambiar. A inicios de febrero, el Partido de Izquierda alemán rompió un viejo tabú de la izquierda internacional y aprobó una resolución condenatoria a la represión del Gobierno de Cuba sobre activistas, periodistas, artistas y opositores. Aunque es un caso aislado, podría esperarse que otros movimientos políticos similares en Europa se quiten la venda del discurso «progresista» cubano que oculta sus crímenes.

Cuba, la protegida de España

Casi siempre la política de la UE para con Cuba parece responder a la de España. Y no solo ocurre con Cuba, sino también, por ejemplo, con Venezuela. Quizás el bloque regional tenga en cuenta los lazos políticos y culturales de la exmetrópoli con sus excolonias para plantearse sus relaciones. Veamos, por ejemplo, la posición de España y la UE con el régimen de Nicolás Maduro.

La UE siempre ha tenido mano dura con el chavismo, al punto de llegar a reconocer en su momento a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Sin embargo, esta relación pasa por la de España con la nación bolivariana.

Ejemplo de ello fue en 2015, cuando la crisis en Venezuela comenzó a afectar a empresas españolas y Maduro amenazó con expropiar a algunas de ellas como Telefónica, Repson, BBVA, Mapfre e Iberia. Esos hechos coincidieron con un momento tenso entre la UE y el chavismo, donde el primero arreció con una política hostil hacia el segundo. En 2019, al tiempo que Maduro se apropiaba de la farmacéutica de origen español SM Pharma, se le cerraron las puertas al régimen para extraer su dinero y su oro resguardado en Europa.

Hasta la actualidad, la UE y España se han pronunciado contra la violación de DDHH en Venezuela, llegando a dar asilo a opositores, como Leopoldo López. Pero ¿por qué es diferente el trato con Cuba, que incluso apadrina al régimen venezolano?

La UE es uno de sus principales socios comerciales, con un volumen total de intercambio que superior al tercio de los que se realizan anualmente en la Isla. En 2019, según la Oficina Nacional de Estadística e Informaciónla región de Europa fue la segunda con mayor intercambio de mercancías, superada por muy poco por América, en especial gracias al petróleo venezolano.

España, por su parte, es el cuarto país que más mercancías cubanas de todo tipo importa, por detrás de China, Canadá y Venezuela.  También es el tercer país que más vende a la Isla, después de Venezuela y China.

Casi la totalidad de los bancos desde los cuales se envían dólares a Cuba en materia de remesas están en Europa. De estos últimos, la mayoría se ubican en España. Las empresas ibéricas, que se estrenaron como únicas inversoras en Cuba en la década de los 90, cuentan también con ciertos privilegios. Iberostar, por citar un ejemplo, tuvo la oportunidad de crear la primera empresa importadora mixta en la Isla, Logística Hotelera del Caribe S.A, con un 70% de participación.

Meliá, por su parte, gestiona 39 hoteles en la Isla, según su página oficial. Sus negocios en Cuba le reportan tanto que, después de España, es el único país que en sus informes aparece en solitario y no como parte de una región geográfica. Solo en Cuba, Meliá tiene más control de hoteles que en República Dominicana, EEUU, Bahamas, Brasil, Panamá, Venezuela, Perú, Jamaica, Colombia y México juntos. En 2016, cuando Meliá solo contaba con 28 hoteles en Cuba, una auditoría pública hecha por expertos independientes dio cuenta de que los ingresos totales de la compañía por gestionar estos ascendían a 26.2 millones de euros, lo que representaba más del 46% de los ingresos recibidos por Meliá en materia de gestión hotelera en toda Europa, Medio Oriente y África.

Sol Meliá, uno de los grandes emporios privados españoles, no pocas veces ha demostrado cuán protegido es por la política española. La familia Escarrer, principal accionista de la empresa, apareció en los Panama Papers por una red de sociedades «offshore» a las que estaban asociadas cuentas millonarias. Sin embargo, jamás tuvo que rendir cuentas por ello al acogerse a una amnistía fiscal que ofrecía el gobierno de Mariano Rajoy.

En 1999, cuando Meliá estuvo en la mirilla del Departamento del Tesoro de EEUU por mantener vínculos con el Gobierno cubano,  el entonces ministro de Economía español, Rodrigo Rato, movilizó a la UE y amenazó a EEUU con que Bruselas aplicaría un plan de medidas «antibloqueo» para proteger a Cuba. Entonces gobernaba en España José María Aznar, uno de los presidentes españoles que menos relaciones diplomáticas mantuvo con el régimen cubano.
   
Borrell y los «intereses revolucionarios»

En esta compleja ecuación no puede perderse de vista la figura de Josep Borrell, quien tiene la última palabra en materia de política exterior de la UE.
 
A finales del pasado enero, la UE y Cuba celebraron el III Consejo Conjunto de los acuerdos establecidos por ambos países, algo que el régimen divulgó por todos los medios posibles. La reunión fue, en gran medida, entre Borrell y Bruno Rodríguez Parrilla.

En la versión del Rodríguez, el encuentro pareció haber sido hecho a guión del régimen: se criticó el embargo estadounidense y se habló de relaciones comerciales e inversiones europeas en la Isla. La versión de Borrell, sin embargo, no desmiente a Rodríguez. Quizás la única diferencia sea una críptica declaración del funcionario europeo:

«No hay tabúes a la hora de poner sobre la mesa puntos de acuerdo y desacuerdo», se limitó a decir Borrell, quien no mencionó nada explícito referente a los DDHH. Lo anterior deja pensar solo dos opciones: o los altos cargos de la UE consideran que en Cuba no se violan DDHH o, simplemente, para ellos este es un tema de segundo o tercer orden en sus relaciones con la Isla.

En 2019, cuando era el ministro de Asuntos Exteriores español, Borrell acompañó a los reyes de España en su visita a Cuba. Las declaraciones que entonces dio fueron un adelanto de la política de consentimiento que actualmente ejerce para con Cuba. Según reseñó el diario La VanguardiaBorrell instó a «llamar al embargo por su nombre: bloqueo».

En aquel momento La Vanguardia señalaba también que la política de Donald Trump daba «vía libre a demandas contra compañías que se lucren de antiguas propiedades privadas confiscadas tras la Revolución cubana de 1959, lo que afecta a empresas españolas con negocios en el país caribeño, en especial, las del sector turístico». Recientemente esto se ha visto con las continuas demandas de la familia cubanoamericana Sánchez Hill sobre el emporio Sol Meliá y, por supuesto, el Gobierno cubano.

Debido a lo anterior, Borrell, quien ya había sido anunciado para su actual cargo en la UE, dijo que en Bruselas apoyaría su política hacia Cuba en una denuncia constante al «bloqueo» estadounidense. Poco después habló de los intereses que lo llevaban a tal cosa. Según él, el embargo era el responsable del impago de más de 300 millones de euros a las compañías españolas por parte de las autoridades cubanas, ya que provocaba en la Isla una falta de liquidez financiera.  

Tal vez los hechos y las tendencias anteriores solo sean una parte de la verdad tras las relaciones entre la UE y la Isla. Por ahora solo queda esperar a ver qué tanto puede mantener su política de mirar hacia otro lado la UE, mientras la represión en Cuba aumenta tanto en actos puntuales como en difusión.

Tomado De DIARIODECUBA

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