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Marx aseguraba que la historia de la humanidad se medía en una línea ascendente (desde la sociedad primitiva hasta el comunismo, pasando por las distintas facetas intermedias) que era una política incapaz de ser violada y no había lugar para el retroceso; pero lo que Marx no tuvo en cuenta era que en Cuba las leyes están para ser infringidas.

La sociedad cubana ha ido y venido a su antojo por ese espectro económico y, cuando el cinturón ha apretado, ha vuelto a la comunidad primitiva sin mucho conflicto, aprovechando una de las prácticas económicas más rudimentarias: el trueque.

Dada la importuna y vasta escasez y el desabastecimiento que deja los anaqueles inhóspitos, y tomando en cuenta la invasión del dólar en la economía nacional, el pueblo cubano ha tenido razones para preocuparse sobre el valor que debe alcanzar la moneda nacional dentro de unos meses o años, tal vez cuyo único fin termine siendo sanitario.

La situación ha llevado a la mayoría a adoptar viejas tradiciones y comenzar a crear canales de Telegram para intercambiar lo que se tenga (que aunque no sobre, tampoco urge).

Este mercado alberga todo tipo de ofertas sobre herramientas, joyería, vestimentas, electrodomésticos y hasta antigüedades, reliquias heredadas, con tal de conseguir artículos más necesarios a cambio, como alimentos, productos de aseo y medicamentos, cuya protagonista de moda es la Permetrina por la expansión que ha tomado la sarna en el país en los últimos meses.

Se manifiesta, por sobre todo, en la gestión estatal, pues el Estado es quien debería dar respaldo y valor al medio de intercambio comúnmente aceptado. La población intuye que el dinero nacional es menor confiable con cada día que pasa, por lo que prefiere retornar a un sistema de pago antiguo pero probadamente eficaz antes que acumular la moneda de un Gobierno inestable.

Entretanto, el sistema político solo ignora la inflación o la reprime severamente; todo para que se interponga la dura realidad en la idealizada imagen que quieren proyectar, en la que los precios se regulan y las conciencias están siempre por el lado de la disciplina o de la redención.

Pero este retrato de ensueño no puede estar más alejado de la verdad, en que la regulación de precios solo agrava el panorama, donde a los productores privados les queda un mínimo margen de ganancia y las empresas importadoras estatales con beneplácito de militares pueden disponer de varias veces sus beneficios originales.

Las manifestaciones comunes de la situación radican en las largas y extenuantes colas que se articulan frente, al costado o a varias manzanas de distancia de las tiendas, las cuales, esqueléticas y congestionadas, tampoco pueden intentar satisfacer la demanda de un pueblo ansioso. El trueque seguirá fortaleciéndose si el Gobierno no da pasos radicales para liberar la producción y fortalecer la moneda nacional. Son tiempos duros, y los que se avecinan pintan peor.

TOMADO DE CUBACUTE

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