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‘Recuerdo sus carcajadas mientras nos violaban’: Emigrantes cubanos en la Selva del Darién

Decenas de emigrantes han podido llegar al albergue de San Vicente, en Metetí, Panamá. Por el camino, algunos se toparon con la peor cara de ese viaje.

Una emigrante con muletas y otra con un bebé en la Selva del Darién. J. A. GÓMEZ TOBÓN DIARIO DE CUBA

Los cerca de 700 migrantes cubanos que estuvieron varados en Necoclí, Colombia, han ido llegando en los últimos días al albergue de San Vicente, en Metetí, Panamá, tras recorrer la llamada “Ruta de la Muerte” que discurre entre los dos países por la selva del Darién. En el camino por la parte panameña se cumplieron algunas de las peores advertencias de los coyotes (traficantes de personas) que los guiaron en territorio colombiano.

DIARIO DE CUBA pudo hablar una cubana violada junto a una compañera de viaje en el Darién panameño, a escasos metros de Bajo Chiquito. “De un platanal salieron seis indígenas armados con machetes, nos taparon la boca y a la fuerza nos llevaron adentro de las matas. Nos quitaron los pasaportes y nos arrancaron la ropa mientras nos decían ‘si gritan, les cortamos la garganta’. Ellos sabían que nuestros amigos iban adelante”, relató la emigrante.

“Mi mente quedó en blanco desde el primer momento. Solo recuerdo sus carcajadas mientras nos violaban”, añadió la cubana que pidió no se revelara su nombre. Afirmó que, no obstante, su mayor dolor es la actitud de las autoridades panameñas: “No hacen nada. Son una banda de indígenas que roban a todo el que pasa pasaporte, teléfono y hasta comida. No hemos recibido ayuda psicológica ni médica especializada”, lamentó.

A los robos y las violaciones se sumó la muerte de una emigrante haitiana. “Ella cayó al suelo de repente, tratamos de auxiliarla, pero fue en vano. El esposo está acá, en el albergue. Se le ve aislado de todos, cargando a su niña”, relató un cubano.

El emigrante describió la situación en el albergue de San Vicente como “un régimen carcelario”.

“Nos dan solo una hora de carga eléctrica para los celulares. La orden es dormir a las 9:00PM. Por eso se formó un motín. Unos haitianos no querían entrar al albergue, es que el calor es insoportable. Los ánimos se caldearon, la guardia tiró gas pimienta y afectó a una bebé”, dijo el cubano, que pidió mantenerse en el anonimato por temor a represalias.

El domingo había 347 emigrantes en el albergue, entre ellos unos 100 son cubanos. “La comida es buena, pero poca”, acotó el emigrante.

La primera meta

Los cubanos y el resto de los emigrantes llegaron a territorio panameño guiados por coyotes desde Capurganá, Colombia, por la llamada “Ruta de la Muerte”.

Por el camino, la selva se pone más densa. En ocasiones la trocha solo permite andar en fila. La humedad, las grandes rocas y los tramos empinados exigen parar cada 200 metros para tomar aire, y la sed va aligerando el peso los envases de agua que llevan los emigrantes.

DIARIO DE CUBA acompañó a la familia del cubano Carlos Alberto Guevara hasta el tercer campamento en la selva del lado colombiano, a unos 500 metros de la frontera con Panamá.

El cubano Nelson Ballestero, al ver a una emigrante tratando de arreglar sus chanclas, buscó unos tenis de su esposa y se los regaló.

Por el camino, una bebé comenzó a llorar. Una cubana la calmó con unas gotas de agua de azúcar. “No creo que esa nena lo logre, ese llanto es de agonía”, dijo el coyote que guiaba al grupo, en el que iba incluso una mujer con muletas.

“He visto personas tomar esta trocha con varillas en los pies o con muletas como esa señora. Esos son los más impetuosos para subir la loma, dan ejemplo”, dijo el guía a DIARIO DE CUBA.

Los coyotes llevaron a los emigrantes hasta el tercer campamento. Allí, el cansancio y el saber que esos hombres que los guiaban ya no los acompañarían más, silenció a los viajeros. Carlos Alberto Guevara se rascaba insistentemente la cabeza, mientras su hijo pequeño, ajeno a lo que pasaba, estaba emocionado porque había encontrado un pedazo de totumo (fruto de un árbol) y creía que se trataba de un huevo de dinosaurio: “Papi, si me encuentro un dinosaurio bebé, ¿me lo puedo llevar?”

Este reportero regresó a Capurganá desde el tercer campamento. En el camino había personas que iban recogiendo abundante ropa, zapatos y hasta comida que los emigrantes habían tenido que dejar para soltar peso. Y al inicio de la trocha, cuatro cubanos rezagados iniciaban la subida.

“Casi no salimos de Necoclí, no teníamos dinero, pero un amigo nos giró unos dólares. Con eso compramos comida. Esperamos poder alcanzar al grupo antes del amanecer”, dijo uno de ellos.

Después, DIARIO DE CUBA no ha dejado de recibir mensajes: “Padrino, llegamos. Fue duro, pero lo logramos”; “Amigo, estamos en el albergue de San Vicente”. Carlos Alberto Guevara envió un mensaje a través de otra persona: “Estamos bien todos. Llegamos sanos y salvos”.

Tomado De DIARIODECUBA

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