Raúl Castro debe pedir perdón a los cubanos por la Crisis de Octubre

En 1962, Moscú tenía en Cuba todo un ejército de más de 44.000 efectivos, 24 plataformas para lanzamiento de misiles; 45 ojivas nucleares, 42 bombarderos Ilyushin IL-28 y 40 aviones MiG-21.

Fidel Castro y Nikita Jrushov en la Plaza Roja de Moscú. GRANMA

Exactamente 60 años después de la Crisis de los Misiles en Cuba, en octubre de 1962, el mundo podría tropezar de nuevo con la misma piedra rusa, en aquel entonces comunista, y hoy sin colores ideológicos, pero tan imperialista y expansionista como a mediados del siglo XX.

La Crisis de Octubre, como se le conoce en Cuba, que puso al mundo al borde de un infierno atómico, humilló a Fidel Castro, que fue ignorado olímpicamente en la negociación entre el presidente John F. Kennedy y el dictador soviético Nikita Jruschov para poner fin a la crisis. Y ambos hicieron el caso del perro a las «condiciones» que puso el dictador cubano para que se pudieran retirar los misiles nucleares de Cuba, que pomposamente denominó «Los Cinco Puntos de la Dignidad».

Sin embargo, la crisis terminó apuntalando a Castro, pues se pudo atornillar más en el poder al amparo de la promesa del presidente John F. Kennedy a Moscú de que no habría invasión a Cuba. Con aquella sombrilla nuclear soviética, abierta desde 7.539 kilómetros de distancia (la más corta entre Rusia y Cuba) el dueto Fidel Castro-Che Guevara llevó impunemente al extremo máximo el montaje del modelo soviético estalinista de los años 30. No obstante, con propósitos políticos continuaron haciendo constantes movilizaciones militares ante el peligro inminente de una «invasión yanqui».

La solución de la crisis también favoreció a la URSS. La maniobra de colocar misiles nucleares en las narices mismas de EEUU formalmente fracasó, pues los tuvo que retirar, pero a cambio logró que Washington retirara sus armas nucleares del territorio turco, bastante cercano a las fronteras soviéticas. Y, encima, se fortaleció el régimen castrista, su cabeza de playa cubana en América para expandir la influencia geopolítica de la URSS.

Ahora Vladimir Putin pretende hacer lo mismo. Chantajea a Washington con el empleo de armas nucleares en Ucrania para que EEUU deje de apoyar a las fuerzas militares ucranianas con armamento de alta tecnología. Si los generales rusos cumplirán o no la orden de semejante ataque, o si antes sacan del poder al nuevo Iván el Terrible, es cosa que está por verse.

Moscú sabía que Fidel no tenía principios y era usable

Regresemos en el tiempo a los días convulsos de la peor crisis internacional de la historia moderna. Para empezar, detengámonos en la irresponsabilidad anticubana de Fidel Castro.

El Archivo de Seguridad Nacional de EEUU publicó el 14 de octubre de 2022 una traducción de una reunión en el Kremlin el 18 de julio de 1960 entre Nikita Jruschov y Raúl Castro para «tantear la relación de Cuba con EEUU», previendo la situación que se crearía cuando Fidel Castro proclamara el carácter comunista de la «revolución tan cubana como las palmas», lo que ocurrió nueve meses después, en abril de 1961.

Es decir, desde mediados de 1960 ya Moscú sabía que Fidel Castro carecía de los principios patrióticos y humanísticos que aparentaba poseer, y era capaz de cualquier cosa con tal de mantenerse el poder ad infinitum, y que para ello necesitaría subsidios que solo la URSS podía darle. Y que, por tanto, el tirano cubano estaba dispuesto a permitir armas nucleares en suelo cubano y convertir a Cuba en pieza clave de la Guerra Fría. De manera que Jruschov usó a Castro, y este se dejó usar a gusto.

La conversación Nikita-Raúl en el verano de 1960 explica mejor cómo dos años después, con Cuba ya sovietizada y recibiendo subsidios desde Moscú, Jruschov estableció una «base militar soviética masiva» en la Isla, junto con el «despliegue de armas nucleares», según los documentos secretos ahora dados a conocer en Washington.

En octubre de 1962 el Kremlin instaló en Pinar del Río 42 misiles balísticos de medio alcance (hasta 3.000 kilómetros de distancia) con ojivas nucleares. Y apuntando hacia Washington y Nueva York, como admitió el Che Guevara el 29 de noviembre de 1962, en La Habana, al diario británico Daily Worker (comunista, desde 1966 se llama Morning Star).

En la entrevista el comandante argentino fue más lejos: «Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba nosotros los habríamos usado contra el propio corazón de EEUU, incluyendo la ciudad de Nueva York (…) nosotros marcharemos hacia la victoria aun si ello cuesta millones de víctimas en una guerra».

Castro ocultaba el peligro atómico para evitar el rechazo cubano

Fidel Castro estuvo negando todo el tiempo la existencia de armas nucleares en Cuba. Y también Moscú. En la Asamblea General de la ONU el embajador cubano, Mario García Incháustegui, lo negaba «indignado». Insistía en que eran «rumores malintencionados para descreditar a la revolución». El dictador Castro I juraba que los barcos soviéticos no descargaban cohetes en la Isla, sino alimentos.

Fue el 22 de octubre de 1962, cuando el presidente John F. Kennedy presentó al mundo las fotos de los misiles y las rampas de lanzamiento, que los cubanos se enteraron de que sí había armas nucleares en la Isla, y que quien había mentido hasta en la ONU era Cuba y no EEUU.

Pero, una vez descubierta la falacia, Castro hizo creer a los cubanos que aquellos cohetes eran «defensivos», que solo tenían la función de evitar una invasión a la Isla.

También por documentos secretos desclasificados en 1996 se conoció que el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional le hizo dos propuestas al presidente Kennedy: un bloqueo naval o un ataque inmediato a Cuba.

El mandatario eligió el bloqueo naval, llamado «cuarentena», iniciado el 24 de octubre con 16 destructores, tres cruceros, un portaviones y 150 navíos que cerraron el acceso a Cuba, hacia donde se dirigían 25 navíos soviéticos escoltados por submarinos nucleares. Y uno de aquellos submarinos soviéticos estuvo a punto de lanzar un misil nuclear por problemas de comunicación que confundieron al capitán del submarino.

Nadie sospechaba que Moscú tenía en Cuba todo un ejército de ocupación con más de 44.000 efectivos, incluyendo generales y coroneles; 24 plataformas para lanzamiento de misiles; 45 ojivas nucleares; 42 bombarderos Ilyushin IL-28; 40 aviones MiG-21, dos divisiones soviéticas de defensa antiaérea, cuatro regimientos de infantería mecanizada y otras unidades militares.

Fui testigo de todo aquello, y de lo desconectados de la realidad que estábamos, incluyendo las decenas de miles de milicianos movilizados, como este articulista.  

Puedo asegurar que ninguno de mis colegas, que atrincherados en el este de La Habana esperábamos a los «invasores», tenía idea del peligro real en que nos encontrábamos. No había motivos para pensar en una guerra atómica. Viendo la TV y leyendo la prensa castrista nadie podía imaginarse que «sin comerla ni beberla» en cualquier momento todos podíamos desaparecer incinerados en un infierno peor el de La Divina Comedia.

¿Se imaginó alguien a una Cuba hambrienta 60 años después?

Aquel silencio irresponsable del dictador tenía el propósito que la ciudadanía no fuese consciente del peligro inimaginable que él mismo había causado, pues muchos no habrían estado dispuestos a apoyarlo y exigirían el retiro de los cohetes lo antes posible.

Tampoco pudo nadie saber en la Isla que Fidel Castro le propuso a Nikita Jruschov dar el primer golpe nuclear a EEUU si se producía una invasión con tropas terrestres a Cuba. Y no fue una «bola», pues así lo reveló días después el propio líder soviético en el Kremlin a una delegación gubernamental de Checoslovaquia.

Para concluir este breve repaso de aquella crisis mundial nada mejor que en forma de pregunta: ¿Se imaginaron quienes fueron a las trincheras entonces y aún viven, que 60 años después, en octubre de 2022, sus hijos, nietos, y ellos mismos, estarían sumidos en la pobreza extrema, con «hambre vieja», sin medicinas, con apagones de hasta 12 horas, emulando en nivel de vida con ugandeses, etíopes o sudaneses?

Lo menos que debiera hacer hoy Raúl «El Cruel», a propósito de este aniversario sexagésimo, sería pedir perdón al pueblo cubano por la Crisis de Octubre.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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