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Imagen de la película Plantados.

La película “Plantados” ha conmocionado al exilio y la emigración cubana. Se esperó seis décadas para dejar en la historia cinematográfica un legado audiovisual de los crímenes cometidos. La película de Lilo Vilaplana abrió las puertas a un debate para los cubanos en todas las orillas. Es doloroso el reencuentro con la realidad de los que sufrieron en silencio lo peor de la maldad humana.

La obra es clara en las torturas y vejaciones, pero a muchos les ha quedado la pregunta: ¿Quiénes eran estas personas encarceladas, golpeadas y asesinadas? Cuál había sido el crimen cometido para que en 1964 el Che Guevara dijera en la ONU: “Fusilamos y seguiremos fusilando hasta que sea necesario (…) tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de una batalla perdida en Cuba”. 

Los presos políticos desde 1959 hasta los años 70 tenían diversas procedencias. Como era de esperar la mayoría de los primeros encarcelados estaban vinculados a la dictadura de Fulgencio Batista. A los que no se le encontró delitos graves se les conmutó el fusilamiento por décadas de cárcel. 

Lo siniestro es que los plantados más fervientes, la gente que prefirió el martirio en las cárceles, los que aguantaron las peores golpizas, fueron los miembros del 26 de julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y miembros del Ejército Rebelde. Los que lucharon del lado de Fidel Castro y Ernesto Guevara fueron los que pagaron con creces sus discrepancias y críticas al estado de cosas en el país. 

“Yo no luché para esto”, era la frase peligrosa de los desengañados. Cristianos y liberales olieron el “comunismo” y el régimen fue a por ellos. Nombres como los comandantes revolucionarios Huber Matos o Eloy Gutierrez Menoyo, son los rostros de la alta oficialidad que mantuvo su rebeldía al autoritarismo. Huber Matos fue hecho prisionero por su oposición a la existencia de figuras adeptas al comunismo en el gobierno y Menoyo por sus acciones militares fallidas para derrocar al régimen. 

Los cristianos, evangélicos y católicos, especialmente asociados a los movimientos estudiantiles lucharon hasta el martirio contra Batista, un ejemplo de ello fue Frank País. Al triunfar la “Revolución”, las juventudes cristianas se convirtieron en barreras para la dictadura castrista. Los luchadores por la democracia terminaron en las mazmorras. Pedro Luis Boitel, el presidente de la FEU en 1960, fue uno de esos plantados. Condenado en 1961 por continuar su lucha antitotalitaria. Al terminar su presidio en 1972, el régimen se negó a soltarlo y Boitel prefirió dejarse morir en huelga de hambre como forma de ganar su libertad. 

En las noches, antes de las descargas de fusilería, se podía escuchar los gritos de “Viva Cristo Rey”, lanzado por los condenados. Amedrentaron a los revolucionarios que tenían una fe religiosa fuerte para dejar el camino libre al culto único del líder comunista. Fueron cientos los cristianos ejecutados para aleccionar o ablandar a los presos plantados. 

Las narraciones de los sobrevivientes recuerdan las peores horas del holocausto judío. Un testigo explicó al Comité Interamericano de Derechos Humanos: “Los fusilamientos se verificaban persiguiendo prácticamente a tiros al sentenciado. No puedo creer que todos aquellos hombres disparasen, pero sí los jefes de los pelotones, quienes eran los encargados de perseguir a tiros a los ajusticiados. Muchas veces, como es natural, el herido en una pierna cae, y en el ansia de vivir, trata de escapar. Entonces había que matarlo igual que a un animal. Así ocurría en La Cabaña”. 

Fueron los luchadores contra Batista los que se enfrentaron con más fuerza a la dictadura de Fidel Castro. La rebeldía de los verdaderos revolucionarios les atrajo el odio de la tiranía. Trataron de quebrarlos moralmente y no pudieron, les impusieron castigos para animales y magnificaron la humanidad de los plantados. Los asesinados retornan hoy como castigo a la dictadura moribunda que no tiene explicaciones para el derramamiento de sangre de los que deseaban la democracia, la legalidad y el respeto de la fe.

TOMADO DE CUBITANOW

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