¿Por qué los peloteros de otros países no se fugan y los peloteros cubanos no se fugaban antes de 1959?

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El caso de César Prieto en el Torneo Preolímpico de las Américas es uno más en una larga serie del béisbol de Cuba.

El pelotero cubano César Prieto.

César Prieto, segunda base de los Elefantes de Cienfuegos e integrante del equipo Cuba al Torneo Preolímpico de las Américas, escapó el pasado 26 de mayo apenas la delegación arribó a Florida. Por lo repetitivo del hecho, aunque no clasifica como noticia, si deviene objeto de análisis.

¿Por qué los peloteros cubanos, que no se fugaban antes de 1959 lo hacen ahora? ¿Por qué los de otros países no se fugan? La respuesta está en la historia. Vayamos a ella:

Entre 1939 y 1943 en La Habana se celebraron cinco series mundiales amateurs, de ellas los cubanos ganaron cuatro. En los años 40 se fundó la Liga Cubana con los equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, y el Gran Estadio del Cerro (hoy Latinoamericano) pasó a ser la sede de la pelota cubana. En 1949 la Serie del Caribe, que se inauguró en La Habana, Cuba se impuso en siete de las 12 ediciones en que participó, en las últimas cinco de forma consecutiva. Desde 1954 los Cubans Sugar Kings  (equipo de las Ligas Menores, afiliados a los Cincinnati Reds, con sede en La Habana que jugó en la Triple A de 1954 a 1960) jugaban la mitad del tiempo en el estadio del Cerro y la otra mitad en el exterior. En 1960 Cuba tenía 98 jugadores en Grandes Ligas y 68 fueron candidatos para integrar el Salón de la Fama. La Liga Cubana era el circuito principal en América Latina y la segunda del mundo. Esos y otros muchos resultados convirtieron a la pelota en pasión.

Aunque en la década del 40 se creó la Dirección General de Deportes, la pelota amateur y profesional era dirigida por empresas privadas e instituciones civiles. A partir de febrero de 1961, con la creación del Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), cambiaron las reglas del juego. Se prohibió el deporte profesional, se suspendieron las trasmisiones del béisbol norteamericano y se calificó de traidor a todo el que intentará participar en la pelota «esclava».

El béisbol no fue sino un caso particular de la absorción de todo y de todos por el Estado, que asumió todos los gastos a cambio del control absoluto y la fidelidad. Los atletas convertidos en «gladiadores» eran enviados para representar al Estado en las competencias internacionales.

La subordinación de la pelota a factores extradeportivos se ilustra con el discurso del líder de la revolución: 1- «Algún día cuando los yanquis se decidan a coexistir con nuestra patria, también los venceremos en béisbol, y entonces podrá comprobarse la ventaja del deporte revolucionario sobre el deporte explotado» (enero de 1962); 2- «Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota» (enero de 1967); 3- «La esencia del éxito de nuestro deporte es la desaparición del profesionalismo» (marzo de 1970): y 4- «Si en otros países de América Latina no existe la revolución social… por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte» (octubre de 1975).

El éxodo

Ante las prohibiciones del INDER muchos de los cubanos que participaban en las Grandes Ligas se radicaron en EEUU. En 1980 un grupo abandonó el país por el puerto de Mariel, entre ellos Bárbaro Garvey, el primer cubano proveniente de las series nacionales que jugó en 1984 con los Tigres de Detroit.

Le siguieron otros como el lanzador Edilberto Oropesa y el short stop Rey Ordoñez. En 1991 René Arocha, pitcher de los Industriales, fue el primero en abandonar una delegación oficial. Luego lo hizo Euclides Rojas, relevista de mismo equipo, que escapó con su familia por mar en una embarcación casera durante la estampida del Maleconazo en 1994.

El carácter permanente de la fuga y la ineficacia de las medidas represivas para detenerla, indican la existencia de una causa profunda, cuyo denominador común es la imposibilidad de los atletas de realizar sus sueños en Cuba. Algunos como Orestes Miñoso —gloria del béisbol de todos los tiempos— murieron sin volver a su tierra natal. Otros, como declaró Euclides Rojas, no fueron a jugar pelota, sino a buscar la libertad.

La pelota subordinada

Con el sistema totalitario comenzó el declive de nuestra pelota. Se estableció la supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales; lo que se calificó, apresuradamente, como la victoria de la «pelota libre» sobre «la pelota esclava».

Sin economía propia, la supremacía se logró gracias a las subvenciones soviéticas. En los Juegos Olímpicos de Múnich (1972), año en que Cuba ingresó al Consejo de Ayuda Económica (CAME), ocupó el lugar décimo cuarto del medallero. En Barcelona (1992), se ascendió hasta el quinto lugar. Sin embargo, en Río de Janeiro (2016), se descendió al lugar décimo octavo; cuatro por debajo del ocupado en 1972.

Otra demostración del declive fue el Clásico Mundial de Béisbol. En su primera versión (2006), Cuba, ocupó el segundo lugar. En la segunda versión (2009), pasó al quinto lugar. En la tercera versión (2013), el mentor cubano aseguró que ganaría, pero no pudo mejorar la quinta posición. El colofón fue la barrida sufrida (2013) ante estudiantes universitarios norteamericanos, a los que Cuba había derrotado anteriormente en ocho de diez oportunidades. Finalmente, después de 53 años ausentes a la Serie del Caribe, Cuba se reincorporó en la 56 edición (2014), disputada en Isla Margarita, Venezuela, donde ocupó el último lugar.

Los resultados no ofrecen dudas: la controversia entre la pelota «libre» y la «esclava» se decidió a favor de la segunda.

¿El «bloqueo»?

La explicación oficial de que el «bloqueo» impuesto por EEUU es la causa del desastre y de que los peloteros cubanos no pueden tomar parte en los circuitos competitivos de ese país, oculta que el conflicto comenzó con la decisión cubana de prohibir la pelota profesional y la calificación de traidores a los desobedientes. Tan manido argumento se utiliza para intentar sostener lo insostenible.

En marzo de 2017, el director nacional de béisbol de Cuba, Yosvani Aragón, declaró que «no habrá equipo unificado hasta que EEUU elimine las reglas del embargo que afectan a los peloteros y que no habrá concesiones que impliquen abrir las puertas a quienes negaron a su país o abandonaron delegaciones que contaban con sus esfuerzos». Sin embargo, nada se dice de la responsabilidad del totalitarismo cubano, menos de enmendar el error y muchísimo menos de devolver la libertad a la pelota y a los peloteros cubanos.

Mientras tanto se insiste, como en la economía, en salir del estancamiento con consignas y discursos. El 20 de mayo, seis días antes de la fuga de César Prieto, el presidente de Cuba se personó en los entrenamientos para repetir las conocidas arengas a los «gladiadores» del equipo.

Al conocerse la fuga, la nota oficial de la Federación Cubana de Béisbol dice que la decisión del atleta es «contraria al compromiso contraído con el pueblo». Ante el temor de que otros sigan el ejemplo de César, ordenaron —según se ha conocido— retirar los teléfonos a los miembros de la delegación para prevenir otras fugas. Y, según se comenta, la familia de César será desalojada de la casa que le dio el Gobierno, lo que demuestra que la dádiva es a cambio del sometimiento.

Esa conducta del Estado explica el grado de dependencia a que están sometidos los atletas cubanos y la verdadera causa de las fugas. En la dependencia del deporte y la ausencia de libertad de los atletas está la respuesta al por qué los peloteros cubanos no se fugaban antes de 1959, se fugan ahora y por qué no se fugan los de otros países.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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