¿Por qué el régimen no da detalles sobre la explosión del hotel Saratoga?

El régimen evita dar detalles que revelen el desastroso estado de las infraestructuras de la industria turística en Cuba. O no fue un accidente.

Hotel Saratoga, La Habana. EFE

¿Por qué el régimen de Raúl Castro no acaba de explicar de modo claro y convincente las causas de la tragedia ocurrida en el emblemático hotel habanero Saratoga?

Hasta ahora, medio mes después, sin presentar pruebas concretas afirma que la explosión se debió a un escape de gas, pero sin dar detalles precisos. Da la impresión de que la dictadura le quiere «echar tierra» al asunto.

¿Por qué ese silencio? Parece haber dos razones: o finalmente no fue un accidente, o lo fue y el Gobierno no quiere dar detalles que revelen el estado desastroso de la infraestructura que tiene la industria turística, ya en franco retroceso por la mala calidad de sus servicios; al tiempo que su vecina República Dominicana rompe récords de avalanchas de vacacionistas de todo el mundo.

Lo cierto es que explotó un hotel con el trágico saldo de 46 muertos, cerca de 100 heridos, y 38 viviendas de la zona sumamente afectadas. Es de imaginarse las consecuencias que habría tenido para el turismo y para los cubanos si el hotel Saratoga no hubiese estado cerrado por reparaciones y con vacacionistas de todo el mundo allí hospedados y toda la empleomanía correspondiente. La cifra de fallecidos habría superado entonces el centenar. Y el escándalo internacional habría asestado un golpe demoledor al ya alicaído turismo, principal sector de la economía cubana.

El hotel Saratoga iba a ser reabierto cuatro días después, el 10 de mayo. La explosión del hotel ha sido una de las peores ocurridas en Cuba, y recuerda la del barco «La Coubre», en 1960.

El régimen debe mostrar las pruebas de que fue un accidente

Al no ofrecer detalles de cómo ocurrió esta desgracia, la dictadura inevitablemente nutre la suspicacia de que quizás no fue un accidente. La especulación esta vez no es creer que fue la CIA ni la oposición interna. La sospecha esta vez apunta a que el imperio empresarial militar GAESA, dueño del Saratoga, tiene enemigos en la propia cúpula castrista.

Hay un segmento allí marginado de «la piñata» que enriquece a los generales, coroneles, y sus familiares nucleados en GAESA, que está atada a la pandilla narcotraficante que usurpa el poder en Venezuela. Todo indica que ambas pandillas, la cubana y la venezolana, lavan dinero con la construcción de hoteles en Cuba, pero esa es otra historia. Lo que cuenta ahora aquí es que, luego de la asesoría de economistas socialdemócratas enviados por Rafael Correa a Caracas, Maduro ha comenzado a abrir la economía venezolana al capital privado para asociarse con él, jugada con la cual van a expandir sus ganancias la mafia madurista, y su partner GAESA.

Volviendo al Saratoga, llamó la atención que lo primero que hizo Miguel Díaz-Canel al referirse al siniestro del hotel fue declarar que «no fue una bomba» y culpar a la prensa independiente de afirmar que había sido una bomba. Toda una infamia, pues ningún medio libre cubano había dicho eso.

Tampoco nadie ha explicado por qué, horas antes de la explosión, se notó en La Habana cierto movimiento de fuerzas policiales y del PCC. ¿Para prevenir qué? ¿Se conocía que algo iba a pasar y no se sabía dónde?  

El fuerte olor a gas,  «cuestión psicológica»

De todas formas, si la tragedia fue causada por un escape de gas, eso es muy preocupante para los habaneros, pues evidencia la crisis económica generalizada y ya terminal del modelo económico castrista, de la cual no escapa ni el privilegiado sector del turismo.

Antes de la explosión del Saratoga se reportaban diariamente en La Habana unas 30 fugas de gas caseras o en redes externas. Ahora se reportan 140, según ha reconocido el monopolio estatal del gas en La Habana.

Claro que han de ser muchas más las fugas de gas, pero son silenciadas por razones políticas. Por ejemplo, el 12 de mayo la directora de Producción del monopolio estatal del gas en La Habana, Daina Álvarez, negó que hubiera escapes de gas. Aseguró que el fuerte olor a gas que la gente siente por todas partes «no es real», sino «una cuestión psicológica» debido a lo sucedido en el hotel Saratoga.

Asumiendo que fue un accidente, de no estar Cuba sumergida en una crisis económica devastadora no habría tenido salideros la manguera del camión que llenaba los depósitos de gas del hotel Saratoga, como se ha dicho. Y esos depósitos habrían estado fuera del edificio y no dentro. ¿Puede suceder algo así en el hotel Hilton de Cancún, el Palais Royal de París, o el Table Bay de Ciudad del Cabo?

El céntrico hotel Saratoga, ubicado frente al Capitolio Nacional y cuya construcción data de la época colonial (1879), iba a reabrir sus puertas al turismo internacional luego de una segunda remodelación y reparaciones capitales. Algo insólito si se tiene en cuenta que había sido ya totalmente remodelado a un costo de 15 millones de dólares a cargo de Habaguanex, la empresa que dirigía Eusebio Leal, y fue reinaugurado en 2005 como un complejo hotelero de cinco estrellas, con 96 habitaciones y suites de lujo.

El nuevo deterioro del hotel comenzó desde que en 2016 el general López-Calleja le quitó a Leal el hotel y la empresa Habaguanex y los pasó al consorcio Gaviota, perteneciente a GAESA. La desidia y el abandono fueron arrancando una a una las cinco estrellas del hotel y lo rebajaron a hotel de medio pelo con un pésimo servicio, mal equipado, visiblemente «dejado de la mano de Dios», como se decía antes en la Isla.

GAESA y CUPET no indemnizarán a nadie

La dictadura tiene la obligación de indemnizar a los familiares de los fallecidos y heridos, y a las familias cuyas viviendas fueron severamente dañadas. Por cierto, los sobrevivientes y familiares de los 98 fallecidos en el derrumbe de un edificio de viviendas en Miami Beach en julio de 2021 recibirán casi 1.000 millones de dólares de indemnización.

Pero según el Código Penal de Cuba, el anterior y el actual, a ninguna institución estatal se le puede exigir responsabilidad penal. O sea, GAESA y la Unión Cuba Petróleo (CUPET), involucradas en el desastre, están exentos de responsabilidad penal. Y, en lo civil, ambas entidades alegarán que no tienen fondos para indemnizaciones. Y nadie las obligará a dar nada. Y si el Gobierno construye viviendas para los damnificados es para hacer propaganda política, aprovechando la enorme cobertura mediática de todo lo relacionado con la explosión del Saratoga.

Lo peor en todo esto es el peligro físico que corren los habaneros por el estado calamitoso de la infraestructura del abastecimiento de gas. Cinco días después del desastre del Saratoga, hubo otra explosión por fuga de gas en una vivienda de La Habana Vieja, con el resultado de un padre y su hijo de 11 años heridos de suma gravedad, y un vecino con heridas menores. El primero sufrió 90% de quemaduras en su cuerpo y el niño en un 75%. Ambos están en peligro de muerte.

Ese mismo día, 11 de mayo, un fuerte olor a gas provocó la evacuación del Hospital Infantil Marfán-Borrás, en el Vedado. Pero no, no hay que preocuparse según la directora Daina Álvarez, pues el olor a gas no es real, es «psicológico», puramente imaginario.

La conclusión aquí es doble: 1) la mafia militar castrista debe responder por la tragedia del hotel Saratoga, sea accidental o no; y 2) habrá más explosiones por fugas de gas, con víctimas y destrucción, si la plaga dictatorial sigue en el poder.

TOMADO DE DIARIODECUBA

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

%%footer%%