Pollo, picadillo y salchichas: el grillete de los cubanos sin MLC

Y no es fácil conseguirlo. ‘Los cubanos tenemos más recuerdos haciendo colas que de nuestras infancias’, dice una habanera.

Cola para comprar pollo en Centro Habana. DIARIO DE CUBA

Sin percatarse apenas, la habanera América Nápoles acumula un extenso repertorio de «inventos» para cocinar el pollo. En su hogar, que incluye a tres nietos menores de edad, sus familiares miran con fastidio un menú que, desde hace un año, apenas varía en su plato fuerte: pollo. Los «sustitutos habituales», el picadillo y las salchichas, gozan de mucha menos aceptación en el núcleo familiar de esta pedagoga jubilada.

«No creo que los cubanos nos estemos muriendo de hambre, no comparto ese criterio, pero sí nos estamos muriendo de pollo, de picadillo y de salchichas: la tríada que nos toca a todos los que ni por asomo podemos acceder a las tiendas en divisas extranjeras, mucho mejor surtidas que las de moneda nacional«, dice.

Se queja de «largas y desgastantes colas donde tienes que lidiar con verdaderas fieras y defender tu turno a toda costa, para llevarte a casa los mismos tres alimentos que durante el último año han sido la única oferta regular para los ‘sin remesas‘».

Como todos los habaneros consultados, Nápoles critica el reordenamiento monetario. «No logró posicionar al peso cubano como una moneda de acceso a las importaciones, en un país donde la producción nacional es tan precaria que apenas logra garantizar los productos y los alimentos más básicos«.  

La promesa del régimen cubano de invertir la recaudación de las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) en proveer los establecimientos en moneda nacional de diversidad de ofertas «está bastante lejos de cumplirse». Mientras tanto, las extensas colas para adquirir estos tres alimentos (pollo, picadillo y salchichas), también racionados, son la única opción para el cubano de a pie.

«Los cubanos tenemos más recuerdos haciendo colas que de nuestras infancias, pero al menos antes hacíamos cola para una variedad más amplia de alimentos y de productos», dice Margarita Fumero, vecina de La Lisa, donde cada cola, ya sea para comprar alimentos o aseo personal, «se convierte en un campo de batalla».

«Entre la humillación por parte de los policías que simulan custodiar las colas, la agresividad de la gente y la ferocidad de los coleros, sales deprimida, con cinco kilogramos de pollo, dos tubos de picadillo y dos paquetes de salchichas», lamenta. «Te juras que harás todo lo posible por jamás volver a hacer cola para eso, pero no te queda otra cuando te enteras del precio de un dólar o un euro (en el mercado negro), divisas con las cuales podrías hacer una cola un poco más decente y llevarte a casa un mejor surtido para la despensa familiar», señala Fumero. Aseguró además sentirse hastiada «de la justificación del bloqueo yanqui como responsable de este desastre».

«Como país, hemos llegado hasta el increíble punto de que hablar de pollo, es hablar de política«, añade Fumero, en referencia a aquellas afirmaciones de Miguel Díaz-Canel de que el «enemigo» utilizaba las colas del pollo para desacreditar a su Gobierno.

La justificación del embargo estadounidense, utilizada rutinariamente por el Gobierno, cada día tiene menos credibilidad entre los cubanos, entre otras cosas porque buena parte del pollo que se vende en los establecimientos de la Isla procede de Estados Unidos.

Recientes datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos indicaron que el Gobierno cubano compró durante el pasado año 304 millones de dólares en alimentos a compañías estadounidenses. De esa cantidad, unos 276 millones de dólares correspondieron a pollo congelado. El resto fueron productos como carne de cerdo, especias, arroz, jugos y bebidas no alcohólicas.

La prensa oficial cubana no publica esos datos. Poco habla además de un apartheid económico sin precedentes, cuyo ensanchamiento la población contempla día a día. Productos como cigarros, café, puré de tomate, pastas, embutidos, conservas o pescado, y la gama de artículos de aseo y limpieza, «no se venden con regularidad en las tiendas en pesos cubanos«.

«Si por casualidad llega cualquier producto fuera del pollo, la salchicha y el picadillo, es otra cola, otra batalla que librar en una semana», dice Sergio Abel Santana, vecino del Vedado y taxista de servicio a hospitales, quien está convencido de que los alimentos que se importan desde los Estados Unidos «también se venden en esos combos de comida que solo pueden comprar los cubanos que viven fuera de Cuba«.

«He visto esos combos y son los mismos productos que encuentras muertos de risa en las tiendas MLC. Eso significa que de ninguna manera un trabajador puede variar su dieta alimenticia, pues solo podría si tiene acceso a divisas extranjeras que, como se sabe, el Gobierno no vende y, por tanto, su precio en el mercado negro está fuera de control», fustiga Santana.

A mediados de febrero Natalia Marzoa Silva, vecina de Playa, relató con sarcasmo los detalles de su compra del mes en el mercado que se supone le corresponde.

«Tuve que hacer dos colas separadas, una para mi madre, que entra en la categoría de ‘vulnerable’, y otra paralela para mi núcleo familiar, que incluye una niña de 14 años de edad», dijo. «El mecanismo para hacerlo de manera simultánea lleva un par de tenis con cámara de aire, porque tengo que zigzaguear volando entre ambos circuitos. A mi madre diabética le correspondieron seis paleticas de mango y cuatro tubos de picadillo que, según la etiqueta, pueden ser carne de ave, res o cerdo y extractos de proteínas animales… pienso en avestruz, cocodrilo, jutia o pelícano. No le tocó ron porque es una persona vulnerable».

«A mí, que estoy en el grupo de los ‘inquebrantables’, me correspondieron estas botellitas de ron y el picadillo. Me alegra, sin embargo, la idea del ron, porque así puedo ahogar mi tristeza por no haber clasificado para los culeros desechables y el agua embotellada, pues en mi casa faltan mucho ‘el preciado líquido’ y el papel higiénico. A mi niña tengo que seguir insistiéndole en que se mantenga lejos del alcohol», concluyó Marzoa Silva.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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