Policías repartieron golpes a diestra y siniestra en parque habanero

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*Foto referencial tomada de Periodismo de Barrio

La víspera, en horas de la noche, se vivieron fuertes sucesos de represión en el Parque de La Fraternidad, en La Habana, según denuncia a través de sus redes sociales el periodista cubano Jorge Carpio.

El reportero fue testigo de todo lo que allí se vivió. Un grupo de personas, recuerda, esperaba una guagua que nunca llegó y en la espera los agarró las nueve de la noche, horario en el que inicia el toque de queda.

Justamente en ese momento llegaron varios oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria que, tonfas en mano, repartieron golpes a diestra y siniestra contra todos los que estaban en el lugar.

No importaron, asegura Carpio, las súplicas ni los pedidos de clemencia de ancianos también reprimidos, al final, varios fueron multados y arrestados de manera arbitraria.

“Se escuchaban los gritos y los golpes de los represores a quienes se oponían”, relata el comunicador. Su denuncia íntegra a continuación:

Anoche, la Policía Nacional Revolucionaria reprimió en el Parque de La Fraternidad. No es noticia, pero lo hizo.

Multaron a personas mayores, por permanecer en la calle después del horario establecido; los más jóvenes pudieron escapar a la saña de sus perseguidores. Simplemente esas personas de a pie esperaban una guagua que nunca apareció. Pero eso no lo tuvo en cuenta la policía, ellos no están para resolver los problemas del transporte.

En la medida que se aproximaba la hora miraban el reloj, desesperados por cumplir la orden encomendada. A las nueve en punto salieron a reprimir, recordé los perros de la granja de Orwell, a una ciudadanía hambreada que esperaba ansiosa un transporte para llegar a casa.

Pero los policías no tuvieron compasión, se dispersaron por el parque, tonfa en mano, y capturaron satisfechos a sus presas amedrentadas. Los que pidieron explicación no fueron escuchados y los que alzaron la voz fueron conducidos a un camión y llevados para la unidad. Allí no sé qué sucedió, aunque lo intuyo.

Se escuchaban los gritos y los golpes de los represores a quienes se oponían. Gritos denigrantes y golpes duros. Los subían a la fuerza en los camiones, con mucha violencia, y los insultaban. Una mujer mayor, jubilada, cargada de bultos, de seguro con algo para los suyos, pedía clemencia, pero ellos decían que no. Si no tiene dinero para pagar la multa que se la paguen sus hijos, señora, le gritaban.

Por supuesto, en tiempos de dictadura la policía no está para proteger a los ciudadanos. Lo sé. Su función es velar por los intereses del estado; y, sobre todo, proteger a los mandantes que no esperan guagua en el Parque de La Fraternidad, ni hacen colas para llevarle algo de comer a la boca de sus hijos.

Y por si lo han olvidado: el pasado año, por este tiempo, cuando empiezan los calores a arreciar, la policía cubana asesinó a un joven, según ellos, porque estaba cometiendo un delito y agredió a los agentes del orden; se trataba de un delincuente, decían.

¿Cómo reaccionó la ciudadanía? Hizo silencio, un silencio bochornoso. Aunque algunos en la calle se hicieron eco de los medios de difusión, y repitieron que Hansel, el joven asesinado, era un delincuente.

Los órganos represivos cubanos siguen arremetiendo, y cuando la víctima aguanta los golpes en silencio el maltratador se ensaña, embiste con más fuerza, todo el mundo lo sabe.

TOMADO DE CUBITANOW

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