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La PNR comprobó que la llamada no había sido en vano. En el apartamento había bulla, pero también mucha bebida, sobre todo en cajas.

Dicen las malas lenguas en el barrio que fue Roberto Martínez el vecino que llamó a la Guardia Operativa de la PNR el pasado sábado 20 de febrero a las dos de la madrugada, para reportar una fiesta con mucha bulla en su edificio.

En la llamada, comentó la operadora a una amiga al otro día, “se escuchaban gemidos y gritos de mujer”, así como chiflidos y vítores de macho “enardecido”. Lo que sucedía dentro del apartamento de la 3ra planta del edificio 739 sito en 32 y Avenida Kohly, Plaza de la Revolución, en La Habana, solo lo sabían los que estaban dentro. Uno de ellos era Sandro Castro.

Sin embargo, solo levantaron el acta y se llevaron el testimonio del vecino(a) que lo denunció.

Era su apartamento.

Este apartamento, en el edificio 739, sito en Calle 32 y Ave. Kohly, en Plaza de la Revolución, funciona una casa almacén, regentada por Sandro Castro.

Lo que encontró la policía

También la policía vio a otras tres chicas; una de ellas pelirroja y pecosita, de a lo sumo 16 años de edad, algo tomada y con los ojos “achinados” (tal vez por la bebida), pero lo que más le interesó fue lo que se encontraron dentro.

Nieto de Fidel Castro, Sandro Castro haciendo un paella en el balcon de su apartamento ubicado en el edificio 739, sito en Calle 32 y Ave. Kohly, en Plaza de la Revolución

En el apartamento, que funciona como almacén para el traslado de mercancías y servicio a domicilio desde marzo del 2020, la policía halló 16 cajas de Cerveza Cristal de botella, 11 cajas de malta; además de cajas de whisky de diferentes marcas; tres televisores de pantalla plana de 52 pulgadas, cada uno en su caja; y otras tres cajas, con sus respectivas tres lavadoras dentro.

El denunciante – haya sido Roberto o no – le dijo a la PNR que esas fiestas son frecuentes y que en alguna que otra ocasión que se le ha llamado la atención al joven su respuesta siempre ha sido: “¿Tú no sabes quién era mi abuelo, eh?”, que a veces cambia por: “¿Tú no sabes de quién yo soy nieto, verdad?

Alega que a su entender “ahí se celebran orgías” y que a la joven Laura Daniela Álvarez Torres, novia oficial de Sandro Castro, se le conoce en el barrio como “La Gritona”.

La novia oficial de Sandro Castro, el nieto malcriado de Fidel Castro. Laura Daniela Álvarez, conocida en el barrio como “La Gritona”.

“Una vez la escuché decir: “Dame duro, mi Comandante“,” se le dijo a la policía.

El auto que usa Sandro Castro para mover el alcohol por toda La Habana.

La persona que llamó dijo estar cansada de estos “fetecunes” que principalmente tienen lugar los fines de semana o cada vez que “el nene” hace un negocio. Aseguró este, en su llamada, que Sandro Castro utiliza para mover la mercancía por toda La Habana, un Kia Picanto que tiene un sello distintivo detrás: una calcomanía de Fidel. La chapa del auto es P 208 195. Según su testimonio, ningún otro auto tiene ese calcomanía, lo cual debe tener algún objetivo. Según él, el auto llega y se va a cualquier hora, incluso en período de toque de queda.

A pesar de todo lo que se le dijo a la policía, esta debió retirarse del lugar una vez que recibieron orientaciones de arriba. Ya estaba hecha sin embargo la denuncia y redactada el acta donde constaba que la reclamación “dio a lugar”

Este es el auto que utiliza Sandro Castro para transportar mercancías por toda La Habana. La calcomanía circulada es una foto de Fidel Castro, un sello único y distintivo que ningún auto de La Habana tiene y que sirve, presuntamente, para que los policías sepan que ahí viaja el nieto de Fidel Castro. Nótese que el auto tiene dos gomas sobre la acera, interrumpiendo el tránsito, pero ¿quién lo multa?

Al vecino se le dijo que “el hecho sería investigado oportunamente”, pero que ni siquiera había evidencias para procesarlo por propagación de epidemias.

En cuanto a la mercancía, dijeron que Sandro Castro les había mostrado las facturas que amparaban la compra como legal.

Unos días después, Sandro Castro era visto, a bordo de otro “juguetico”. Un Mercedes Benz, corriendo por alguna carretera de La Habana, a 140 kilómetros por hora.

TOMADO DE CUBANOSPORELMUNDO

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