Pintar o reparar una casa en Cuba: ‘más rápido reúnes el dinero para un billete de avión que te saque de aquí’

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‘¿Y después de comprar los materiales para arreglar la casa qué hago, me como a mis dos hijos o ellos me comen a mí?’, cuestiona una habanera ante los nuevos precios del Gobierno.

Edificio deteriorado en La Habana. J. E. RODRÍGUEZ DIARIO DE CUBA

Omar Sánchez Orovio lleva más de cuatro años intentando pintar su apartamento de dos cuartos, donde vive con su esposa y una sobrina. Como custodio de un paupérrimo parqueo del Estado cubano, apenas gana 2.200 pesos, y la chequera de jubilación de su esposa es de unos 1.600 pesos.

«Tenía esperanza en que con el reordenamiento monetario algunas cosas podrían mejorar, y al menos con el salario poder comprarme un poco de pintura vinyl. Una manito de pintura a veces te da la sensación de que tienes una casa nueva», dijo Sánchez Orovio, uno de los millones de cubanos que no tienen familiares en el extranjero y, por consiguiente, no tiene acceso a las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC).

Los nuevos precios del Programa de Materiales de Construcción, emitidos por el Ministerio de Comercio Interior, ahondaron las brechas sociales y redujeron las posibilidades adquisitivas de trabajadores como Sánchez Orovio.

«Lo peor del asunto es que el Estado no vende pintura que valga la pena desde hace mucho, y los precios en el mercado negro son de ciencia ficción. La tanqueta de vinyl blanco más barata cuesta 2.500 pesos y la más cara 5.000. Si la compro, nos morimos de hambre los tres en el mes. Ese el resultado de trabajar 30 años: que con tu salario no puedas siquiera darle una mano de pintura a tu apartamentico«, lamentó.

La Resolución No.139 de 2020 de Comercio Interior ‒en vigor desde el pasado 1 de enero‒ aumentó los precios de un centenar de productos que se deben comercializar en pesos cubanos a través de las tiendas de materiales de construcción, o en los Mercados de Artículos Industriales y de Servicios.

Según el documento, a consecuencia del proceso de unificación monetaria y cambiaria se ha hecho «necesario» modificar el precio minorista en pesos cubanos de los materiales de construcción y otros para la reparación y conservación de viviendas.

«Es decir, otra especie de cerrojo para los cubanos que solo dependen de sus salarios y no tienen la merced de las remesas familiares», dijo Ibis Acanda, cuadro del Partido en su centro de trabajo, en referencia a que los actuales precios implementados por Comercio Interior están reñidos con los salarios estatales en Cuba.

«¿A través de cuál aberración se llega a la suposición de que debo usar mi salario íntegro de un mes para cambiar mis dos ventanas, que están sostenidas desde hace años por el propio comején? Mi salario es de 2.300 pesos y cada ventana galvanizada doble de 1,40 x 1,20m cuesta 1.135 pesos», explicó. «¿Y después qué hago, me como a mis dos hijos, o ellos me comen a mí? Ya ni siquiera se trata de ser revolucionaria, se trata de que la propia Revolución le vira la espalda a los trabajadores que la apoyamos produciendo lo poco que hay y defendiendo el proyecto socialista. Que una mujer que trabaja y con dos hijos no pueda restaurar lo mínimo su apartamento es vergonzoso y no admite justificación alguna», cuestionó Acanda.

Conservar una vivienda promedio en Cuba con los salarios estatales siempre fue una proeza para cualquier obrero en la Isla. El reordenamiento monetario y cambiario, concordaron los habaneros consultados, no ha podido solucionar problemáticas de décadas, «sino que las empeoró».

La Resolución No.139 se implementó sin tener en cuenta que los jubilados, pensionados y obreros de más bajos ingresos no pueden cubrir las necesidades de sus familias, muchísimo menos las de sus viviendas, resaltaron.

Una puerta de entrada con llavín, que cuesta 1.230 pesos, representa prácticamente todo el ingreso de un jubilado que recibe la pensión mínima (1.528 pesos) y más del 60% del un obrero con salario mínimo (2.100).

Otros precios modificados por Comercio Interior fueron catalogados de «inadmisibles» por los habaneros: un fregadero inoxidable, 610 pesos; un rollo de papel de techo, 670 pesos; un tanque de abesto cemento de 500 galones, 3.250 pesos; un tanque para 600 litros de agua, 1.100 pesos; un lavabo pequeño, 630 pesos; una puerta de madera simple, 2.511.

«Pero el cinismo es que más del 80% de esos materiales solo están disponible en esos listados, o en el mercado negro«, dijo Gregorio Delgado, un obrero que apenas devenga 3.100 pesos mensuales y que ya no tiene esperanzas de tapizar sus muebles de hace 12 años.

«En los llamados ‘Rastros’ y en los Mercados de Artículos Industriales y de Servicios nunca hubo surtido ni para los casos de prioridad, como los damnificados y quienes requerían ayuda del Estado para conservar o remodelar sus viviendas por esfuerzo propio. Llevo desde el año pasado buscando telas asequibles para tapizar el juego de muebles de la casa, y las únicas que encuentro se venden en dólares porque la gente no quiere pesos cubanos», añadió Delgado.

En el mercado informal, las telas de vinil o damasco superan hasta los cinco dólares el metro. Como el régimen en la Isla no vende dólares ni ninguna otra moneda extranjeralos cubanos también tienen que recurrir al mercado informal para comprar divisas. Al cierre de esta nota, el dólar se estaba cotizando a 65 pesos en el mercado negro y todo indica que seguirá subiendo.

La licenciada en Biología Laura Mitjans abandonó sus esperanzas de cambiar las ventanas de su apartamento y comprar un tanque para almacenar agua potable. Vive cerca del mar y el salitre es inclemente, y «para colmo hay problemas desde hace años con este servicio (de distribución de agua)» en Playa, territorio donde reside.

«Ni soñando puedo darme el lujo de pagar 5.000 pesos por un tanque ni 1.135 pesos por una ventana cuando tengo que cambiar las seis de la casa. Creo que más rápido reúno el dinero para comprar un billete de avión. Esos precios del Estado, sumados al desabastecimiento legendario de materiales de construcción para arreglar o restaurar esas pequeñas cosas en comparación con otras necesidades del cubano, es lo que hace que el mercado negro se adueñe del terreno«.

«Los problemas ya ni siquiera giran en torno a no tener una vivienda, sino que los trabajadores no pueden costearse ni los arreglos de sus casas de toda la vida. Te queda esperar a que se te caiga encima», dijo Mitjans.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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