Al día con Florencia, Cuba y el Mundo

Paso es el paso del mulo en el abismo

Para un mulo el concepto de abismo no existe. No lo hace porque no se le ocurre hacerlo. Un mulo no posee iniciativa propia, pero cuando le enseñan a hacerlo o se lo ordenan, lo cruza sin mareos

Tenía razón Lezama Lima, solamente un mulo es capaz de cruzar un abismo sin enterarse, y rebuznar como su padre mientras lo hace. Parece que lo hace solo, pero a un mulo solo no se le ocurriría atravesar el abismo.

No es que le tenga temor, pues ni siquiera sabe que podría caer. Para un mulo el concepto de abismo no existe. No lo hace porque no se le ocurre hacerlo. Un mulo no posee iniciativa propia, pero cuando le enseñan a hacerlo o se lo ordenan, lo cruza sin mareos.

Así anda en este 2021 el presidente cubano que nadie eligió, el designado de ingrata tarea Miguel Díaz-Canel, que escuchó un día la voz de mando y partió entusiasmado a bordear el abismo en el que sus predecesores han puesto a la siempre fiel isla de Cuba. Y no solo cruza ese abismo, sino que lo proclama orgulloso, porque los mulos son, en el fondo, muy tercos.

En un momento en el que aquel “hombre nuevo” que vaticinaban y que querían, reclama cambiar las reglas del juego y pide dialogar, razonar, buscar puntos comunes, el mulo de Díaz-Canel mueve de un lado a otro las grandes orejas en absoluta negación. Dice: No, niet, nananina, nico, ochin ploja, no procesa, negativo compañero, creyendo que ese “hombre nuevo” no es el verdadero hombre nuevo, que a este lo ensambló el enemigo, y el enemigo, igual que el coco o el hombre del saco, solamente quiere hacerle daño al país.

Miguelón ha llegado a hablar como hablaría Astérix el galo, con una obsesión por “el imperio” rayana en el delirio. No sé qué toma en las mañanas, pero a todas luces no es nada parecido a la poción mágica donde cayó, de niño, el compañero de andanzas de Astérix, el obeso Obélix. El puesto a dedo Astérix Díaz-Canel ha escrito (de milagro) en Twitter: «Plantados juntos en un barrio llamado Cuba. No cederemos ante amenazas, injustas y crueles sanciones, bloqueo genocida. Por nosotros mismos, con nuestro empeño y talento saldremos adelante derrotando al imperio”. Cierra de golpe todas las puertas diciendo que habrá diálogo solo si es ‘por el socialismo y para todo lo que sea por la Revolución’

Se están hundiendo y no lo saben. O lo saben y fingen ignorarlo. O ignoran que lo saben y se mantienen en sus trece, dividiendo en lugar de unir, y sin embargo “esos” que odian y atacan, son los que necesitan imperiosamente para subsistir, porque ninguno de ellos genera “la moneda que reclama con sus húmedas manos el barbero”, como escribiera Martí en su poema “Al buen Pedro”.

Lo cierto es que este equino gubernamental estrenó el año por todo lo alto, intentando romper la marca de ridiculeces que él mismo impuso el pasado año, envuelto (como un tallullo) en la bandera cubana en una “tángana espontánea” en el Parque Trillo, donde se dio un baño de masas pechito con pechito con los demás revolucionarios, sin cumplir los requerimientos mínimos para evitar el COVID-19. Antes el Parque Trillo era conocido porque algunos iban allí a fumar mariguana. Viendo lo sucedido con Diaz-Canel y compañía, y lo que allí dijeron e hicieron, me parece que los efectos del cannabis son retardados.

Pero no hay que fumar hierba para alentar la violencia, como hizo en reiteradas ocasiones el puesto a dedo. Hace unos días, uno de sus antiguos colaboradores, supuestamente ministro, y nada menos que de Cultura, fue noticia mundial por su comportamiento agresivo con los artistas frente al ministerio que dice dirigir. Era de esperarse. Ya el mismo Díaz-Canel, en una impronta populachera y bravucona lanzó su grito de guerra contra la prensa independiente diciendo que “Se acabó el pan de piquitos”. Lo que se acabó, al final, fue el pan. El de piquitos y el otro.

Pero el mulo sigue sorteando el desfiladero con lo que parece un paso sereno, mientras contemplan su andar los militares de la mafia de Gaesa. Ya nadie cree en viejas consignas, ni en esa operación de taxidermia de urgencia que es cargar el cadáver de Fidel Castro e insuflarle vida artificial a la cabeza del pueblo. El mulo camina trémulo, indeciso, y la risa de los cubanos lo hacen caminar más lento.

A lo mejor sus mismos entrenadores lo tumban, lo empujarán cuando ya les resulte demasiado lleno de mataduras o se vea débil, o haya metido los cascos en el mismo agujero más veces que lo deseado. Ya buscarán a otro, y él lo intuye, porque un mulo es hasta agradecido con quien le pone una pesada carga y lo azuza a golpes. A lo mejor un día hasta el mismo mulo se da cuenta de que no era en realidad un mulo, sino un burro, un burro por los cuatro costados.

Tomado De ADNCUBA

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