Para Vladimir Putin se acabó el tiempo de la cosecha

El líder ruso está probando ahora lo que antes que él conocieron otros cabecillas envejecidos, como Daniel Ortega y Fidel Castro.

Vladimir Putin (der), durante una visita a Fidel Castro en 2014. GETTY

En octubre de 2022, el año en que ha ordenado la más criminal de las invasiones de su carrera política, Vladimir Putin debe cumplir 70 años. En abril de 2018, cuando reprimió las protestas que resultaron del rechazo popular a la reforma de la Seguridad Social, y agravó su talante autoritario, Daniel Ortega tenía 72 años. En 2003, cuando dio luz verde al enjuiciamiento y condena de hasta 28 años de prisión a 75 opositores políticos, a la vez que propició el asesinato de tres jóvenes que, desesperados por huir de Cuba, habían secuestrado una embarcación, Fidel Castro iba a cumplir 77 años.

Sobre la invasión rusa a Ucrania ha habido muchas interpretaciones que parten del histórico recelo ruso hacia occidente, y el menosprecio de su tradición por la cultura liberal que llega de Europa.

Menos son las que analizan que el líder ruso, a la par que ha concentrado las decisiones fundamentales del Estado en su persona, ha envejecido en un sistemático proceso de envilecimiento que tuvo, como antecedente más remoto, su entrada al servicio del Comité para la Seguridad del Estado (KGB) soviético en 1975, cuando tenía 23 años. Que si de una vida dedicada al sacrificio por el bien de los semejantes puede esperarse afecto y respeto, de lo contrario solo cabe concebir odio e impiedad.

Cultura e historia o veleidades de cabecilla

Para quienes vivimos en un sistema totalitario, hay razones para desconfiar de las interpretaciones que exaltan el carácter nacional, la historia o cualquier elemento esencial al país, en las decisiones de quienes se erigen en sus cabecillas absolutos.

El 17 de diciembre de 2014, hacia el mediodía, el presidente estadounidense Barack Obama y el dictador cubano Raúl Castro anunciaron de manera sorpresiva que sus gobiernos restablecerían las relaciones diplomáticas.

Para los castristas, la Revolución y la confrontación con Estados Unidos eran poco menos que idénticas. Por esa identidad la nación fue reescrita con razonamientos rústicos que hacían de Estados Unidos el causante de todos sus males.

El 17 de diciembre de 2014 demostró que aquella reescritura tenía poca o ninguna importancia para los jerarcas criollos, capaces de acomodarla en función de lo único importante en una tiranía: el poder.

Más sorprendente fue corroborar que tampoco era fundamental para los castristas aquella interpretación. Que aquellos que lloraban en actos de recordación de víctimas de agresiones imperialistas hasta el mediodía del 17 de diciembre, podían después de esa hora, anuncio de Raúl Castro mediante, abrazar al nuevo socio llenos de expectativas de prosperidad.

El fenómeno dejó claro que los castristas, a fuerza de acomodar su capacidad de reflexión y sentimientos a las inconsecuencias de Fidel Castro primero, y Raúl Castro después, habían perdido ambos.

Alguien que ha vivido bajo la hegemonía de la tiranía cubana no se inmuta frente al uso oportunista que, de la tradición rusa, el naufragio soviético o la expansión de la OTAN hace Vladimir Putin. La subordinación de los medios de prensa rusos al poder, las concentraciones en favor del cabecilla, y los golpes de pecho diplomáticos, académicos y bélicos, pertenecen menos al ámbito de la nación de Nadia Tolokonnikova y Garri Kaspárov, y más al del sometimiento de la turbamulta a la voluntad del cabecilla: espectáculo infausto que no requiere de fronteras.

Psicología de la perfidia

La frase «uno cosecha lo que siembra» tiene en la Biblia uno de sus antecedentes más antiguos. Su sentido literal necesita poca explicación, como metáfora define la suerte humana como un proceso. Afianza la noción de que la persona es responsable de su destino.

Proceso y responsabilidad son dos conceptos esenciales para las humanidades. Para la Psicología del Desarrollo —un área del estudio de la Psicología—, el ser humano se configura en el tiempo.

Algunos psicólogos del desarrollo dividen la existencia en etapas. En los primeros años de vida se trazan los fundamentos del individuo. Mientras la vejez es, como ninguna otra etapa, el resultado del proceso de la existencia. Cada etapa tiene sus novedades, pero también cada una es un antecedente importante de la siguiente.

Si a lo largo de la vida las decisiones que tomamos y las conductas regentes vigorizan nuestra individualidad, hasta encontrar en la adultez una acabada síntesis de los sentimientos y cavilaciones que más nos frecuentaron, la cosecha de cada ser humano será el producto de su propio curso, y donde las bajezas rigieron, de perfidia se llenará la cesta.

Seguridad del Estado, un mal comienzo

La edad a la que Vladimir Putin comenzó su carrera como oficial del Comité para la Seguridad del Estado (KGB) no difiere de la que tienen los que en la actualidad se encargan de reprimir a la sociedad cubana por su reacción a la falta de derechos políticos, y a la política de control por el hambre y la miseria que es el castrismo.

Además de sus nombres semejantes, el Comité para la Seguridad del Estado (KGB) tiene algunas equivalencias con el Departamento de la Seguridad del Estado (DSE) castrista. Tales instituciones no tienen similar en los países democráticos desde el punto de vista de sus métodos, impunidad, facultades legales y opacidad en cuestiones como financiamiento y número de miembros. Las escuelas de la Seguridad del Estado modelan un individuo acorde a su tarea, y lo que las escuelas no consiguen, lo hará después el servicio que se les encomienda.

El 9 de octubre de 2019 falleció la niña Paloma Domínguez luego de recibir una vacuna del sistema de Salud Pública. Los padres denunciaron el fallecimiento en las redes sociales y los medios de prensa independientes. Días después, fueron citados al Ministerio de Salud Pública. Funcionarios de Salud y oficiales de la Seguridad del Estado se alternaron para amenazarlos con la prisión por sus denuncias.

El 11 de diciembre de 2020 desapareció el niño Yosvany Villar Ávila, de 14 añosLas denuncias familiares motivaron las amenazas de los oficiales de la Seguridad del Estado. Una visita del periodista de DIARIO DE CUBA Serafín Martínez recibió la siguiente contestación de la familia del niño: «Esta vez sí vinieron en serio, nos dieron la última oportunidad y tenemos miedo de caer presas y que los niños queden pasando trabajo. Agradezco todo el interés que te has tomado en ayudar, pero, por favor, no vengas más, que no vamos a hablar».

Camila Rodríguez es la coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Detenciones por Motivos Políticos Justicia 11J, que registra la suerte de los presos de las manifestaciones por la libertad del 11 de julio y el 15 de noviembre de 2021.

El primero de abril de 2022 publicó en Facebook una crónica de su visita al oftalmólogo y el optometrista. «Pude ir caminando hasta el lugar —comenta en su escrito—, aunque en el trayecto de ida y regreso estuve vigilada por dos policías y dos mujeres vestidas de civil que viajaban en la patrulla 305A, y al menos un hombre en moto. En el centro de salud me esperó el primer teniente Ernesto». Camila tiene 31 años y al publicar el texto cumplía 14 días de confinamiento obligatorio en su vivienda. Un crimen de Estado difícil de concebir en ningún régimen que no sea totalitario.

Quien logra acomodarse al inicio de su carrera profesional en la persecución de padres desesperados por la muerte de su hija de un año, o por la desaparición de un hijo adolescente, o persiguiendo a una mujer encargada de mitigar el sufrimiento de familiares y presos políticos, prefigura una personalidad retorcida. Si logra avanzar en la vida sorteando los efectos del alcohol, los imperativos del desarrollo moral, y la corrupción prosaica que le permite la impunidad, el oficial de la Seguridad del Estado se adentra en una vejez de elaborada perfidia: Vladimir Putin es el resumen de semejante curso.

La invasión a Ucrania, un pésimo fin

Para la edad adulta, la Psicología del Desarrollo establece, en general, que el sujeto sea capaz de manejar las pérdidas que acompañan al envejecimiento. Pérdida de seres queridos, espacios significativos, capacidades físicas. El psicólogo y educador norteamericano Robert Havighurst asignó a las etapas de la vida algunas demandas propias que llamó «tareas evolutivas». Para la edad adulta, resolver los retos que plantean las pérdidas es un objetivo estimulante para vivirla con plenitud.

La poderosa individualidad que la vejez perfila, según algunos psicólogos del desarrollo, es un lazo demasiado estrecho para los individuos viciados y corruptos. Y los tirones con que buscan desatarlo solo consiguen ceñirlo hasta la asfixia.

El correlato de las mentes insaciables es la envidia por todo aquello que, en poder de otros, les está vedado. El rostro fresco, la popularidad y la suficiencia del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, de 43 años de edad, movilizan odio suficiente en un Vladimir Putin que se resiste al dominio de los años, como para desear doblegarlo como le enseñaron en las escuelas de la KGB.

Para un hombre que, a la manera de los esbirros de la Seguridad del Estado castrista que hoy acosan a Camila Rodríguez en su vivienda, comenzó su carrera en pie frente a las víctimas de la maquinaria estatal, el presidente bailarín no puede menos que hacerle aparecer toda su vida como un fracaso proverbial.

Para quien exhibe la apariencia fría de un reptil —como lo describió Madeleine Albright, la ex secretaria de Estado de Estados Unidos—, el presidente comediante ucraniano le humilla cada hora de su vida. Para Vladimir Putin, Zelensky y Ucrania son la misma cosa, y mientras no logre ultimar a uno, el cuerpo de toda la nación le será un objetivo digno de asesinar.

Vladimir Putin está probando ahora lo que antes que él conocieron Daniel Ortega y Fidel Castro: a quien se encarga de apiñar un país en un sistema escueto de demandas y soluciones al alcance de su intelecto, le desespera hasta el equívoco la idea de perder nada en la vejez.

Es imposible imaginar cosecha más mortificante para un cabecilla envejecido.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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