Para un cubano trabajador del Estado, ahorrar puede significar ‘tener un pie en la cárcel’

‘Los trabajadores estatales nunca hemos podido ahorrar del salario; incluso las vacaciones pagadas siempre fueron un chiste’, dice una habanera.

Un hombre empuja un carretón en La Habana. DIARIO DE CUBA

Ahorrar para comprar o reparar una casa, hacer turismo, e incluso para sobrevivir mensualmente por encima del umbral de la pobreza, es una meta inalcanzable para un trabajador estatal cubano que no recibe remesas del extranjero.

La imposibilidad de ahorrar para quien vive del salario obrero es grave en un país donde la gente apenas tiene otra posesión que «un techo a medio desplomarse sobre la cabeza».

«En Cuba, durante los últimos 60 años, los trabajadores estatales nunca hemos podido ahorrar del salario; incluso las vacaciones pagadas siempre fueron un chiste, a duras penas alcanzaban para irte a un campismo con tu familia en el verano», recuerda el habanero Pedro Proenza.

«Lo poco que un cubano pudo tener como propiedad, o inversión, fueron las prendas y joyerías de oro y plata que el Gobierno nos ‘confiscó legalmente’ a través de aquellas llamadas ‘Casas del Oro y la Plata’. Ni hablar de terrenos, fincas, automóviles, embarcaciones. Mira hoy quiénes son los que pueden pagarse una ruta migratoria irregular: aquellos pocos que tenían una moto, un carro, o una casa y la vendieron a riesgo de todo. Quienes lo hacen de forma regular es porque tienen familiares en el extranjero», añade Proenza, quien cumplió sanción por malversación en su centro laboral, «buscando la posibilidad de pagar un pasaje en una lancha».

Sumarse a la ilegalidad en los centros de trabajo es la única manera que los cubanos tienen para mejorar sus ingresos mensuales. «La búsqueda», «el salve», «el invento», «la cruz», sinónimos de malversar, sobornar o robar, son componentes naturales de la sobrevivencia para aquellos trabajadores que laboran en fábricas o empresas que almacenen o produzcan «cualquier mercancía o producto vendible en las calles».

«Esa es la única vía de ‘ahorro’ para los trabajadores del Estado, con su consiguiente costo, y eso no es un secreto para ningún cubano, al contrario, es casi una obligación de vida», apunta Margarita, quien durante más de 25 años fue especialista en Recursos Humanos de una empresa productora de conservas.

«Esta casa y este carro, ¿cómo crees que los adquirí? Si mis dos hijos hoy viven fuera de este infierno de país, ¿cómo crees que lo conseguí? Supe bandearme y siempre supe a cuáles jefes ‘tocar’. Ni reuniendo mi salario mensual íntegro, junto a la estimulación salarial, hubiese podido comprar nada de lo que tengo. Esa es una realidad que, te aseguro, cada miembro del Buró Político del Partido sabe perfectamente bien. Es bien triste que para un cubano trabajador ‘ahorrar’ signifique literalmente tener un pie en la cárcel», añade Margarita, quien es visitada actualmente, dice, «por todos esos mismos jefazos del Partido que enviaron a la cárcel a no pocos obreros por robarse el 0,2% de lo que nosotros desviábamos en un mes».

Los salarios mínimos, medios y máximos mensuales en la Isla —de 2.100, 3.900 y 9.800 pesos, respectivamente— no sacan a los trabajadores del umbral de la pobreza, según los estándares que establece el Banco Mundial (BM), que lo sitúa en 1,90 dólares diarios. Considerando las actuales tasas de cambio para acceder a divisas extranjeras como el dólar, en un hogar de tres miembros donde el tramo de ingresos llega hasta 10.000 pesos mensuales cada miembro vive con poco más de 0.93 dólares al día.

Trabajar en una entidad de Comercio Interior es un puesto laboral codiciado entre los cubanos. Escalar en cargos dentro de sus empresas, almacenes o locales es un «verdadero deporte de alto riesgo». Pero no es por los salarios de esas posiciones, sino por aquello a lo que dan acceso, como refiere Fermín, actual administrador de una sucursal provincial.

«Pregunta a un bodeguero, carnicero o administrador de cafetería si ha podido ahorrar o vivir de su salario. Pregúntales a dónde han ido o pueden ir con esos ahorros. La esperanza de permanencia en estos trabajos es corta. Recuerdo las palabras de mi padre, bodeguero durante 25 años: ‘para tener casa y carro en Cuba tienes que caer preso, y jamás revelar, te caigan los años que te caigan, dónde tienes el dinero guardado’. Y esa máxima no es mentira. Mentira han sido 60 años de promesas de que los cubanos viviríamos de nuestros salarios obreros», lamenta Fermín.

«Los trabajadores del Estado que hemos reunido para poder viajar dentro de Cuba y fuera de ella ha sido robando. Los que tenemos buenas casas y carros no ha sido ahorrando de los salarios, sino robando. Que nadie te robe la verdad», concluye.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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