Para los asistenciados y jubilados cubanos no hay más aspiración que la subsistencia

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Cuba
  • Comentarios de la entrada:Sin comentarios

El Gobierno ha logrado reducir al mínimo los anhelos de muchos cubanos, sobre todo de los más vulnerables.

Un jubilado cubano vende chucherías para completar su pensión. EL PAÍS

A medio mes de su inicio, la llamada «Tarea Ordenamiento» continúa generando polémica, insatisfacciones e incertidumbres, ya que muchos pasos parecen improvisados y el Gobierno ha tenido que retractarse de precios y volver a analizar cuestiones que debían estar estudiadas antes de la implementación.

«Nadie quedará desamparado» ha sido el mantra de las autoridades desde que anunciaron la unificación monetaria, el aumento de salarios y pensiones, la subida de precios y la gradual eliminación de «gratuidades indebidas y subsidios innecesarios». Sin embargo, las quejas de ancianos y personas que dependen de prestaciones de la Asistencia Social demuestran el temor de muchos, sobre todo en los sectores más vulnerables, a quedar en peor situación que antes, y recuerdan que el mantra gubernamental no pasa de ser más propaganda política.

¿Errores de cálculo?

Ante la drástica reducción de la asistencia a los comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF) y las críticas al aumento de los precios, la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, afirmó en la Mesa Redonda que estos precios no eran subsidiados y recordó que las personas que acuden a estos comedores tienen su canasta básica.

El Sistema de Atención a la Familia (SAF), creado en 1998, fue concebido para complementar la alimentación a adultos mayores, personas con discapacidad, embarazadas con alto riesgo y casos sociales críticos, con insuficiencia de ingresos y carentes de familiares en condiciones de prestar ayuda. La Resolución No. 96/17 ha regido el funcionamiento de este programa hasta el momento.

Si se trata de personas con insuficiencia de ingresos y carentes de familiares obligados y en condiciones de prestarles ayuda, ¿no necesitan subsidio? Los precios, que no excedían el peso, ¿no eran subsidiados? ¿Por qué entonces los aspirantes a este servicio debían cumplir el requisito de no contar con ingresos suficientes y carecer de familiares obligados a ayudarles? ¿Por qué debían ser aprobados por los Consejos de la Administración municipales del Poder Popular, tras escuchar el parecer de las Dirección de Trabajo en los municipios?

Si estos precios no eran subsidiados, entonces lo lógico hubiera sido que se incrementaran cinco veces, en proporción con el aumento de la pensión mínima. En ese caso, las comidas costarían cinco pesos en vez de diez y hasta 13 pesos cada una (hasta 26 pesos almuerzo y comida en Santiago de Cuba).

¿La canasta básica hace innecesario el subsidio en los precios del SAF?  

En su intervención en la Mesa Redonda del 11 de diciembre de 2020, Marino Murillo aseveró que el Gobierno creía que el coste de la alimentación equivaldría a 800 pesos. Con esa declaración, reconoció que los productos distribuidos mediante la libreta de racionamiento no alcanzan para comer todo el mes.

Algunos cubanos dicen que lo de la libreta les da para una semana. Otros dicen que les dura medio mes.

Si 800 pesos es lo que el Gobierno calcula que costará la alimentación de los cubanos a partir de ahora, ¿para cuánto alcanzará la asistencia social mínima, fijada en 1.260 pesos, si quienes dependen de ella deben pagar además medicamentos, gas, electricidad, agua, aseo y transporte, también con incrementos de precios?

Tras el aluvión de críticas por la subida de precios, en general en proporción con la de salarios y pensiones, el medio oficial Juventud Rebelde entrevistó a beneficiarios de la asistencia social para mostrar cómo el Gobierno «se ocupa» de los más vulnerables.

Una de las entrevistadas, Bárbara Luz Martínez Castillo, una camagüeyana madre de tres hijos de 10, siete y cuatro años de edad, dijo que ha recibido una prestación de 3.000 pesos para tres meses, pero puede peritarse y prorrogar la ayuda porque, aunque está en edad laboral (32 años), padece varias enfermedades.

Si, como calcula el Gobierno, la alimentación costará 800 pesos, la prestación de la Asistencia Social no le alcanzará a esta mujer ni para alimentarse ella y sus hijos. Pero supongamos que solo gasta 1.500 pesos; le quedarán otros 1.500 para el gas, la electricidad, el agua, el transporte, el aseo y la merienda escolar, que quizás ni siquiera pueda comprar a sus tres hijos todos los días. ¿Podrá comprarles ropa y zapatos? Para esta familia, cualquier salida de fin de semana constituirá un lujo.

Por otra parte, ese cálculo gubernamental de que la alimentación costará 800 pesos, depende de la capacidad del Gobierno de abastecer el mercado para evitar que los precios en el sector informal se disparen, algo que no ha conseguido hasta el momento.

Cuando no hay pan en los puntos estatales de venta, las personas se ven obligadas a acudir al sector privado, donde el precio de una bolsa de ocho panes se ha disparado desde los 25 hasta los 35 y 40 pesos.

¿A qué puede aspirar un jubilado en Cuba?

El tunero Raúl Estrada Zamora percibe 2.219 pesos de jubilación con el nuevo incremento, tras 46 años de trabajo. «Lo que cobré alcanzará para adquirir alimentos y sufragar servicios fundamentales, amén de otros gastos, siempre y cuando se controle a esos oportunistas que recurren a precios abusivos y especulativos», dijo a Juventud Rebelde.

No especificó qué gastos, pero si con 2.219 pesos debe comer, cubrir gas, electricidad, agua y transporte, ¿cuánto le quedará para comprarse una muda de ropa nueva y un par de zapatos al año?

Alfaro Díaz, jubilado residente en Mayabeque, al parecer no tiene ese tipo de preocupaciones. «A mi edad, no necesito comprarme ropa y no fumo ni bebo en demasía, por mi salud y porque trabajé mucho para jubilarme, ¿cómo malgastarlo en algo tan dañino?», declaró al diario oficial.

Su razonamiento es una muestra de cómo el Gobierno ha logrado reducir las aspiraciones de los cubanos. Llegados a cierta edad, la ropa deja de ser una necesidad para convertirse en un lujo. La inmensa mayoría de los ancianos, jubilados o beneficiarios de la Asistencia Social que se ven en las calles cubanas, visten ropas desgastadas y resulta evidente que se asean poco. ¿Pero quién va a pensar en ropas, e incluso en aseo, cuando debe preocuparse por comer y cubrir gastos esenciales como electricidad, gas, agua, transporte y medicamentos?

El hecho de que, tras décadas de trabajo, los jubilados cubanos no tengan más ambición que la subsistencia, contrasta con lo que dispone el Artículo 88 de la Constitución: «El Estado, la sociedad y las familias, en lo que a cada uno corresponde, tienen la obligación de proteger, asistir y facilitar las condiciones para satisfacer las necesidades y elevar la calidad de vida de las personas adultas mayores. De igual forma, respetar su autodeterminación, garantizar el ejercicio pleno de sus derechos y promover su integración y participación social».

Tomado De DIARIODECUBA

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.