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El senador no debería olvidar la respuesta que la dictadura cubana dio a las medidas de buena voluntad adoptadas por el presidente Barack Obama

Patrick Leahy y Raúl Castro (Foto: Granma)

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Desde que el presidente Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos no han cesado las publicaciones de cartas públicas y declaraciones pidiéndole el cese total del embargo y la anulación de la Ley Helms-Burton.

Entre los firmantes hay numerosos infiltrados del G-2 que conforman grupos de agitación y propaganda comunista bajo la fachada de asociaciones que presuntamente defienden los intereses del pueblo cubano, intelectuales con mirada unidireccional y hasta legisladores estadounidenses de vasta experiencia política.

Entre estos últimos se encuentra el senador demócrata  Patrick Leahy, quien, en fecha reciente, afirmó “que las medidas punitivas aplicadas contra la dictadura cubana no han producido resultados a favor de la democracia, pero Cuba no está más cerca de unas elecciones libres y justas”.

Siendo uno de los millones de cubanos discriminados y reprimidos en su propio país por el hecho de tener ideas políticas diferentes a las que han sido impuestas ilegalmente por los comunistas, sugeriría al senador que, partiendo de la experiencia de la administración de Obama, analizara realmente si la flexibilización del embargo ─o su eliminación─- van a provocar esos resultados democráticos, o si, por el contrario, teniendo en cuenta la esencia manipuladora del castrismo, servirán nuevamente para que este se oxigene financieramente y afiance su represión mientras continúa postergando el cumplimiento de los objetivos democráticos que originaron lo que un día fue la revolución cubana.

En vez de atacar a los legisladores cubanoamericanos, el senador debería acercarse a ellos y a la comunidad cubana en el exilio, la cual, según recientísima encuesta, apoya mayoritariamente el mantenimiento del embargo. Es cierto que esos legisladores no viven en Cuba, pero conocen muchísimo más de nuestro país que él y, a pesar de haber nacido en EE. UU., siguen con el dolor de la Patria encima por respeto y veneración a sus ancestros. Y si piensan en ella no es en busca de negocios, sino de su verdadera y definitiva libertad.

Se equivoca el senador Leahy si cree que los viajes de los cruceros y el arribo de turistas de su país durante la administración de Barack Obama favorecieron al pueblo cubano en materia de derechos humanos; se equivoca si cree que la incipiente mediana empresa cubana representa un agente de cambio político positivo, pues la mayoría de esos empresarios tienen como único objetivo engrosar sus bolsillos y resultan obedientes cumplidores de las abundantes y abusivas cargas que les impone la dictadura.

Esperar de ese sector apoyo para los cambios que necesita nuestro país resulta otra ingenuidad. Un gremio que ha sido incapaz de organizarse por temor a las represalias ─pues vive acompañado del temor de que cualquier día su negocio pueda ser cerrado con cualquier excusa─ y cuyo concepto de Patria está constreñido a utilidades económicas no será jamás un agente de cambio. Si el senador lo duda debería ver las declaraciones que hicieron hace poco al Noticiero de Televisión (NTV) algunos de los dueños de pequeños negocios situados cerca de la embajada estadounidense en La Habana. Todos culparon a la administración del expresidente Donald Trump del cierre de sus negocios. Ninguno tuvo la honradez de mencionar siquiera que las autoridades cubanas deberían explicar por qué también hubo diplomáticos canadienses perjudicados por el incidente acústico. Muchísimo menos tuvieron el valor de hablar del bloqueo interno.

Con el evidente objetivo de que el presidente Joe Biden cambie su política hacia Cuba, el senador afirmó que “condicionar nuestro reencuentro con Cuba a pasos que sabemos que su gobierno no tomará y que no exigimos de los aliados de los Estados Unidos que no sean menos y en algunos casos más represivos, perpetuaremos una política que ha perjudicado, no ayudó, al pueblo cubano”, y añadió que Cuba está cambiando de manera positiva, en gran parte debido a la demografía e Internet.

No sé a qué se refirió al hablar de la demografía, pero, en cuanto al resto de la frase, volvió a equivocarse, porque en Cuba no hay un “gobierno”, sino una dictadura. El gobierno es elegido por el pueblo y los cubanos solo elegimos al delegado del Poder Popular, el más anodino de los representantes que solo responden a los intereses del castrismo. Cuba ha cambiado no solo por causa de Internet: lo ha hecho también por el valor de los cubanos que han decidido confrontar abiertamente ─de forma pacífica, pero enérgica─ a la dictadura más procaz y sangrienta de todo el hemisferio occidental. Y en esa parte del mundo no existe ningún aliado de EE. UU. más represivo que el régimen cubano.

El senador no debería olvidar la respuesta que la dictadura cubana dio a las medidas de buena voluntad adoptadas por el presidente Barack Obama, ni los insultos que los testaferros del castrismo y sus medios oficiales comenzaron a lanzar contra el mandatario apenas puso un pie en la escalerilla del avión que lo trasladó rumbo a Argentina.

No debería olvidar que en Cuba continúan mandando los mismos que sugirieron a Nikita Jrushchov que iniciara un ataque nuclear contra EE. UU. y que ayer mismo, en el programa 60 minutos del canal de televisión Rossiya-1, el legislador ruso Alexei Alexandrovich Zhuravlev propuso el desplazamiento de cohetes ofensivos en territorio cubano y venezolano como una posible respuesta a las recientes declaraciones del presidente Biden sobre Vladimir Putin, hechas a la cadena ABC.

Lejos de perseguir loables objetivos económicos, los políticos estadounidenses deberían hacerle honor a ideales más trascendentes, que son los que han convertido a su país en una gran nación.

Sufro las consecuencias del embargo y estoy contra él, pero también sufro más las del bloqueo que la dictadura mantiene sobre elementales derechos humanos. Ambos deben ser eliminados concomitantemente, sólo así se justificarían las medidas de acercamiento de la administración norteña a la dictadura.

El senador sabe que la dictadura se niega a ceder en eso no por una “cuestión de soberanía”, como alega, sino porque en unas elecciones libres y justas supervisadas por organismos internacionales, el partido comunista no obtendría ni el 10% de los votos.

El lector que me perdone por estas verdades de Perogrullo, pero hay que reiterarlas mientras persistan estos olvidos, equivocaciones e ingenuidades.

TOMADO DE CUBANET

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