Cuba

Nuevo Código de las Familias en Cuba: un paso más hacia el abismo

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Como siempre, sin una clara guía ética y haciendo lo que haya que hacer para mantenerse en el poder, el régimen opta por la peor opción.

Ruinas de un parque infantil en La Habana. DIARIO DE CUBA

Le han tratado de dar la vuelta a la «cosa» para ver si la gente se la traga. Finalmente, con el poder absoluto en la mano, y una represión jamás vista en más de 60 años, han llegado a la conclusión que este es el momento de imponer —no hay otra forma de entenderlo— el nuevo Código de las Familias.

Una vez más el órgano oficial actúa como lo que es desde tiempos leninistas: un medio de agitación y propaganda. A lo cual añadiríamos único, incontestable. No hay una voz discordante que pueda oponérsele a un extenso, mal escrito y repetitivo artículo que anticipa la aprobación —siempre por unanimidad— de esta nueva ley.

No está de más recordar quienes son los primeros y casi únicos responsables de haber dañado a la familia cubana hasta convertirla en lo que no debe ser. Si la excusa para la Operación Peter Pan fue algo exagerada, la verdad histórica es que «la revolución», desde sus inicios, separó a padres e hijos con becas y movilizaciones. De una manera subrepticia, el Estado comenzó a suplantar el papel principal de los padres en la educación de los hijos, y se arrogó el derecho, en exclusiva, de su formación ideológica. En contra de los padres el argumento fue que estos provenían de una sociedad atrasada, burguesa, con valores que no eran los del futuro comunista que se quería construir.

La historia de las becas y sus efectos nocivos sobre muchos jóvenes ha sido bien descrita en varios textos. Si bien para un grupo de esos jóvenes las becas fueron un escape a un tutelaje restrictivo, y para otros, una opción para alimentarse, aprender y vestirse mejor que en sus propios hogares, al final tenemos una sociedad donde aquellos muchachos no solo ignoran muchas buenas costumbres, sino que tienden al conformismo y a la llamada doble moral, que es ser inmoral.

Los comunistas lograron, en parte, el Hombre Nuevo: un ser apocado, carente de ideas propias, diluido en la masa. El daño antropológico a por los menos dos generaciones nacidas durante el proceso involucionario parte, sin duda alguna, del daño hecho a la familia cubana.

Pero no solo el perjuicio a la familia ha estado en quitarle su papel esencial en la formación de los hijos, su derecho natural a escoger para ellos la educación. Esta indebida apropiación y suplantación de papeles, como han hecho con todo lo material y lo espiritual de un pueblo, ha llegado al punto de estimular, con fines propagandísticos, el aborto y el divorcio.

En la Cuba que conocemos han muerto más seres humanos en las mesas de legrados que en todas las guerras juntas. Aun respetando a aquellos que creen que el aborto es un derecho de la mujer y no del non-nato, el aborto en la Isla es un método anticonceptivo que se practica con liberalidad extrema. La habitual pregunta de los médicos ante un nuevo embarazo es «¿te lo vas a sacar?». La «cosa» que es un ser vivo recibe el mismo trato de un tumor o una muela careada.

También el divorcio ha sido estimulado como algo «normal». Como un arma cargada que se lleva «por si acaso». Con la tarjeta del matrimonio se lleva la del divorcio en otro bolsillo. Son raras las consultorías y los psicólogos dedicados a terapias para mejorar las parejas en conflicto. Más bien, los consejos son todo lo contrario. Como resultado, abundan las familias conformadas por una extensa tribu de esposos, esposas, padrastros, madrastas, hijos e hijastros en una misma cueva que nos recuerdan Gugulandia: «cuando la furia de los placatanes imperaba en la Tierra».

La liberalidad con los abortosla precariedad del matrimonio y la familia, donde conviven por necesidad dos y más generaciones en una misma casa, ensimismadas, ha hecho que la población activa y la de remplazo vaya disminuyendo, y a eso debe sumarse la emigración, la cual no es privativa del régimen cubano, pero que por las razones antes expuestas hace que para la próxima década casi la cuarta parte de la población del país esté en edad de jubilación.

Tampoco está de más recordar que el régimen usa a la familia como rehén. A muchos «cimarrones» que escapan de la isla-cárcel se les retiene la salida de su familia como castigo. Hay hazañas de rescates familiares dignos de Hollywood, con aviones, lanchas y viajes disfrazados. Hasta hace muy poco la familia no podía emigrar junta si alguien era médico o trabajador de la salud; mientras, se enviaban profesionales de este campo a Venezuela y otros países.

Para quienes cumplimos con las llamadas «misiones internacionalistas», siempre fue curioso por qué los cooperantes de otros países tenían la familia con ellos, y los semi-esclavos cubanos estaban solos. Podía argüirse el peligro de la guerra, los secuestros. Algo que no ha impedido que dos galenos permanezcan por varios años en manos de sus secuestradores. La motivación, como siempre, es una sola: control. El «internacionalista» es vulnerable mientras su familia esté en la isla-cárcel.

El matrimonio de personas del mismo sexo, algo que causó mucho revuelo en la alta sociedad cubana machista, misógina e inculta, parece ser el pollo del arroz con pollo de este desaguisado. Es su inclusión en las leyes de la Republica, y no otra, la causa eficiente del nuevo Código de las Familias. Como siempre, el régimen cubano, sin una clara guía ética, y haciendo lo que haya que hacer, opta por la peor.

Con el Código de las Familias, en el cual por supuesto no todo es malo —se incluyen las uniones de hecho y otras figuras jurídicas—, se dará un paso más hacia el vacío moral al no reconocer el valor de la vida como principio ético, una clara y responsable definición de los límites del aborto y sus consecuencias, la inviolabilidad del derecho de la familia a escoger para sus hijos el tipo de educación que desean, la preservación del matrimonio hasta donde sea posible, la indivisibilidad de la familia por cuestiones migratorias, políticas, incluso de trabajo.

A no dudarlo, los líderes cubanos aprobarán las leyes que deseen y necesiten para seguir reinando. Nadie se opondrá, aunque «el tema será discutido por especialistas» de todas las ramas. Mientras, Cuba muere de Covid-19 y de desidia, por la incapacidad de esos líderes para buscar soluciones reales. No solo de leyes, reuniones y mítines vive la gente. Eso debían haberlo aprendido el 11J.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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