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Más de 18 personas han muerto durante un nuevo día de protestas en Myanmar. AFP – STR

El líder de los diputados derrocados en la clandestinidad instó a los manifestantes a defenderse, después de uno de los días más mortíferos desde el golpe de Estado militar del pasado 1 de febrero, que deja más de 80 muertos en Myanmar en las últimas seis semanas. Mientras la junta militar declaró la ley marcial en la región de Rangún, algunos policías están huyendo de sus órdenes para no ser cómplices de las muertes.

Las inmensas barricadas improvisadas y los plantones pacíficos de cientos de jóvenes en las calles de Myanmar no han frenado la represión de las fuerzas de seguridad birmanas durante una nueva jornada de masivas manifestaciones prodemocráticas.

«Lo siento mucho por la gente que dio su vida por la revolución, así que lucharé hasta el final por los héroes caídos, tanto como pueda», se lamentaba una joven manifestante de 21 años, mientras la cifra de «héroes de la revolución» no dejaba de aumentar.

Este domingo, en el último día de protestas contra el golpe de Estado militar, al menos 14 personas habrían muerto en los enfrentamientos con el Ejército, que –una vez más– usó munición real, gases lacrimógenos, cañones de agua y detenciones arbitrarias para silenciar la voz del Movimiento de Desobediencia Civil.

El número de fallecidos en la última jornada podría ser mucho mayor 

Sin embargo, las cifras de fallecidos podrían aumentar drásticamente. Según denuncian en Twitter varios activistas y opositores al Gobierno de la junta militar, serían más de 30 los muertos en todo el país.

«Ahora la gente está haciendo equilibrios en la cuerda floja, así que si nos caemos de la cuerda podríamos morir de repente. Me da mucha pena que la gente haya perdido la vida. Algunas personas han sido detenidas incluso en sus casas. Así que creo que no debería ser así. Es violento», decía Pan Aye Thar, manifestante de 23 años.

Las protestas se vienen replicando en todo el país desde el pasado 1 de febrero, cuando el Tatmadaw (o Fuerzas Armadas de Myanmar) dio un golpe de Estado, alegando que las elecciones de noviembre de 2020 fueron fraudulentas, lo que culminó con la detención de la líder depuesta Aung San Suu Kyi y buena parte de su partido.

Los manifestantes del Movimiento de Desobediencia Civil siguen saliendo a las calles de todo el país. REUTERS – STRINGER

Desde entonces, los ciudadanos de grandes ciudades como Rangún o Mandalay, y otros tantos de las zonas rurales, se han levantado en rebelión pacífica contra la junta militar golpista, exigiendo la restauración de la democracia en el país y la liberación de sus líderes políticos.

Pero el balance es cada vez más dramático, con al menos 80 fallecidos desde el inicio de las protestas. «Tenemos que luchar por nuestro futuro. No acepto el golpe militar», reclamaba la joven Aye Thar.

Sangrienta represión de los militares en todo el país

El Ejército –que siempre ha gozado de amplios poderes, incluso bajo el mandato de Suu Kyi– respondió a las multitudinarias protestas pacíficas con violencia e intimidación hacia sus ciudadanos, una tónica que se ha replicado en todo el país. Cada jornada de resistencia civil ha culminado con sangre y miedo, pero los birmanos continúan firmes en sus reclamos y han prometido salir a las calles hasta que sus demandas se vean cumplidas.

Los medios de comunicación birmanos alertaron de que las fuerzas de seguridad abrieron fuego en el distrito de Hlaingthaya, un suburbio empobrecido que alberga a la mayor densidad de migrantes de todo el país.

«Un funcionario del Hospital Hlaingthaya dijo que el número de muertos y heridos seguía creciendo», según el medio local Myanmar Now, que apuntaba que las cifras aumentarían en las próximas horas, después de que varias fábricas textiles de empresarios chinos fueran incendiadas.

La junta militar declaró la ley marcial en la región de Rangún

La junta golpista de Myanmar declaró la ley marcial en dos barriadas de la ciudad de Rangún el domingo por la noche, informaron medios estatales. Los militares «otorgan el poder administrativo y judicial de la ley marcial al comandante regional de Rangún para que la aplique», según recogieron los medios. Esto significa que los militares y otros cuerpos policiales controlarían el movimiento y la detención de personas dentro de la capital económica, una de las ciudades donde las congregaciones son masivas. 

Manifestantes salen a la calle con antorchas en la región de Sagaing, Myanmar. REUTERS – STRINGER

El líder del LND desde la clandestinidad: «El amanecer está cerca»

Este domingo, en su primer discurso público a través de Facebook, Mahn Win Khaing Than, el vicepresidente de Myanmar, miembro del partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND), dijo que este «es el momento más oscuro de la nación», pero que hay esperanza para el pueblo birmano: «El amanecer está cerca».

Mahn Win Khaing Than se encuentra escondido y liderando la resistencia junto con otros diputados afines a Suu Kyi, que instan a los manifestantes a salir a protestar con «invencibilidad» y que pongan a prueba su resistencia «contra los momentos oscuros».

Los políticos del LND están organizando desde la clandestinidad un «Parlamento» denominado Comité de Representación de la Pyidaungsu Hluttaw (CRPH) bajo el que denuncian al Gobierno militar y piden el reconocimiento legal para tomar acciones políticas en el país, al tiempo que hacen un llamado a la intervención de la comunidad internacional.

El CRPH publicó un documento en el que legitima a los manifestantes a defenderse por todas las vías de la violencia de las fuerzas de seguridad birmanas, denominando a la junta militar «organización terrorista» y dando potestad a la sociedad civil de actuar en defensa propia para preservar sus vidas.

«Este levantamiento es también la oportunidad para que todos luchemos juntos, mano a mano, para establecer una unión democrática federal que nosotros –todos los hermanos y hermanas étnicos que han estado sufriendo diversos tipos de opresión de la dictadura militar– hemos deseado durante mucho tiempo», añadió el líder de la CRPH.

Imagen de archivo. El general golpisa Min Aung Hlaing junto con el líder del «Parlamento» en la clandestinidad y opositor al golpe, Mahn Win Khaing Than. AFP – STR

Policías buscan el exilio y huyen de las órdenes del Ejército golpista

Por su parte, el líder de la Junta Militar, el general Min Aung Hlaing, se muestra indiferente ante el brutal repunte de violencia en Myanmar y desoye los llamados de la comunidad internacional y organismos internacionales como Naciones Unidas, pese a las sanciones que varios países occidentales han impuesto a la nación y a los miembros de la junta. El Tatmadaw ha dicho que la formación de la CRPH es similar a la «alta traición», que conlleva una pena máxima de 22 años de cárcel.

La violencia desatada en el país ha llevado también a que muchos funcionarios públicos y miembros de la Policía deserten de sus cargos y traten de huir de Myanmar a través de la frontera con India, luego de que los generales al mando ordenaran disparar a la población civil. «No puedo disparar a la gente y golpear a las personas que no cometen ningún delito. Solo son manifestantes pacíficos y también inocentes. No puedo golpearlos ni dispararles. Por eso me fui», relataba a la cadena británica Sky News el agente Trun Trun.

Con AFP, Reuters y EFE

Tomado de France24

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