Mortalidad materna en Cuba: el color de la piel sí hace la diferencia

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Una afrocubana tiene entre seis y siete veces más posibilidades de morir en el embarazo, parto o puerperio que una cubana blanca. También sufre más los vaivenes económicos. Este es el primero de una serie de artículos sobre graves diferencias dentro de la población de la Isla según el color de la piel.

Mortalidad materna y raza en Cuba. Ilustración. DIARIO DE CUBA

Con este artículo, iniciamos una serie de trabajos basados en resultados obtenidos por científicos sociales cubanos que, analizando varios indicadores de salud, han clarificado las diferencias —algunas inhumanamente obscenas— dentro de la población cubana en cuanto al color de piel.

Esta serie de escritos partirá de reconocer que, durante la Revolución, gracias a políticas inclusivas en salud y educación —cuyo éxito o fracaso no juzgamos aquí—, ha habido una importante convergencia entre los grupos de cubanos según el color de la piel, aunque no la proclamada por la propaganda oficial.

Defenderemos como hipótesis que las importantes desigualdades remanentes son debidas a la marginalidad en la que aún se concentra mucha población mestiza y negra, algo que no puede ser resuelto bajo el modelo castrista, demostradamente incapaz de generar las oportunidades necesarias para superar ese estado socio-económico.

Este primer artículo se centra en la evolución diferencial de las mujeres según su color de piel, con respecto a variables relacionadas con el embarazo, el parto y el puerperio, correlacionando esto con los vaivenes de la economía cubana.

Nuestra hipótesis predice que las cubanas blancas pueden aprovechar mejor las alzas económicas y son más resistentes ante las caídas; mientras las mujeres negras, que parten de una situación socialmente más frágil, tienen un patrón diferente: para mejorar necesitan un crecimiento económico sostenido y rápidamente reflejan un retroceso cuando la economía se tambalea.

Para comprobar la hipótesis, usamos como fuente el estudio La mortalidad materna en Cuba. El color cuenta, de Juan Carlos Albizu-Campos Espiñeira y Patricia Varona Pérez, correlacionando los datos en él recogidos —que pertenecen al periodo 2002-2018— con los resultados del PIB durante esos años.

Hecha la correlación, podemos horrorizarnos descubriendo que, durante esos años, si las adolescentes blancas empeoraron su mortalidad un llamativo 45%, las adolescentes negras lo hicieron un pavoroso 404%; si las mujeres blancas adultas redujeron su mortalidad un 13%, las adultas negras, al contrario, la aumentaron un 84%. De ahí que una mujer o adolescente negra tenga entre seis y siete veces más posibilidades de morir en el embarazo, parto o puerperio que una adolescente o mujer blanca.

Pero en lo que queremos centrar la atención es en cómo repercute el ascenso y posterior retroceso del PIB en las variables estudiadas con respecto al color de la piel.

Según la experiencia internacional, para que una economía tan depauperada como la cubana reduzca la miseria y la marginalidad, necesita tasas de crecimiento del PIB superiores al 7 u 8% de manera sostenida, algo solo logrado en el trienio 2005-2007, cuando el PIB creció de media un 10,2%, cayéndo luego a tasas aún inferiores a las de antes de ese corto boom económico.

Si nos fijamos en variables como «Mortalidad femenina por complicaciones del embarazo, parto y puerperio»; «Riesgo de toda la vida de fallecer por complicaciones del embarazo, parto y puerperio» y «Años de vida potencialmente perdidos por complicaciones del embarazo, parto y puerperio», las mujeres blancas mejoraron simultáneamente con la economía y, si bien posteriormente empeoraron algo, concluyeron el periodo de observación con una mejoría neta, lo que muestra resistencia ante la involución económica.

En las mujeres negras el patrón fue diferente. La declinación fue constante durante todo el periodo estudiado, concluyendo con un empeoramiento absoluto en todas las variables; sin embargo —y aquí está lo relevante—, el empeoramiento desaceleró momentáneamente en respuesta a la anteriormente señalada notable mejoría económica del trienio 2005-2007.

Esta diferencia entre los patrones de mujeres blancas y negras con respecto a las variables analizadas es consistente con la hipótesis planteada, e indica que para esta subpoblación las diferencias según color de piel se están ampliandoLa causa fundamental es la crónica debilidad económica; la subpoblación negra es la que menos se beneficia en los periodos de bonanza económica y es la que más se perjudica cuando llega la recesión.

Aplicando la hipótesis al periodo posterior a 2018 —donde acabó el estudio utilizado como fuente— no erraremos asumiendo que la pendiente económica por donde ha resbalado Cuba hasta la aguda crisis actual ha potenciado la divergencia de los índices de salud analizados según el color de la piel y, aunque aun no hay datos sistematizados, se puede afirmar que las mujeres negras son hoy más vulnerables, y se habrán visto desproporcionalmente afectadas por el aumento de la mortalidad materna causado por la pandemia del coronavirus.

Concluyendo, como sugiere nuestra hipótesis, de cara a la igualdad de los cubanos por el color de su piel, el modelo castrista está agotado. Su fallido planteamiento económico no solo está impidiendo que la población afrocubana mejore, sino que está provocando que pierda lo que había ganado.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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