Más robos en las viviendas, los corrales, los cultivos: ¿qué campesino cubano duerme bien?

‘Siempre han robado, pero nunca como ahora. Todo ha cogido demasiado valor por la escasez’, dice un productor holguinero.

Gallinas en Cuba. DENNIS VALDÉS PILAR/FACEBOOK

Ordanis, un joven del barrio de Guayabo, en Mayarí, Holguín, fue víctima de un robo con fuerza en su vivienda. «Se metieron de madrugada en su casa mientras dormía con su esposa y dos hijos. La cosa está tan mala que los ladrones (que entran a las casas) roban hasta comida», comenta a DIARIO DE CUBA Luis, uno de sus vecinos.

«Le robaron el fogón de inducción, el aceite, el arroz, losas de la cocina y unas cuantas cosas más. Sacaron unas tablas de la pared y se metieron. El que hace eso está dispuesto a todo, siempre van armados por si alguien se despierta hacerle daño. Menos mal que no despertaron porque vale más la vida que cualquier cosa material. Esa familia está después de eso asustada, ni duerme bien», dice Luis.

Los robos en los patios son comunes en los barrios de Mayarí, como en casi todo el país, pero los robos con fuerza, introduciéndose en las casas, hasta ahora habían sido poco habituales. Ha sido con la profundización de la crisis económica en el último año, agudizada por la Tarea Ordenamiento, que se han vuelto cada vez más frecuentes.

Principalmente desde que, durante el aumento de los contagios de Covid-19, se puso en práctica de reclusión forzada de familias enteras en centros de aislamiento, lo que las obligaba a dejar solas sus viviendas, aumentó el número de robos. Aunque los ladrones roban lo que sea, van desde los «cuatreros» que solo quieren «resolver» el día a día a costa de otra persona, hasta los que pretenden «hacer dinero» con sus prácticas delictivas y abusivas.

A Luis, un campesino del barrio de Colorado, se le han «perdido» numerosas aves y frutos de sus siembras en las últimas semanas. «Siempre han robado, pero nunca como ahora. Es que todo ha cogido demasiado valor por la escasez. Con cualquier cosa que te roben te hacen un hueco y ellos hacen el día».

«No hay semana que no se me pierda una gallina o un pollo. Tenía un yucal y me llevaron en tres golpes más de 100 cangres (equivale a una planta cada uno)», relata el campesino con pesar.

«Tuve que sacar el yucal nuevecito (antes del tiempo óptimo de cosecha). Si hubiera podido dejarlo un par de meses más, hubiese dado más rendimiento. Por culpa del robo los campesinos perdemos doble o triple: lo que nos roban, lo que dejamos de coger al tener que cosechar antes de tiempo, y ni hablar de que se podría sembrar mucho más, pero en lo primero que hay que pensar es en lo que cuesta pagar guardias (unos 200 pesos la noche), que a veces no da negocio, o decidir que no se puede porque se lo roban y pierdes la inversión y el trabajo», añadió.

Ismael Rodríguez, otro campesino de la localidad de Guayabo, sufrió en días pasados un golpe demoledor. «Le robaron todas las reses de la corraleta: la yunta de bueyes, la vaca, una novilla y un ternero. No dejaron nada. Ahora tiene que comprar otra yunta de bueyes para seguir trabajando y otra vaca para desayunar la familia», dijo uno de sus familiares, que no quiso identificarse.

«Lo que ganó en el tabaco este año, que era para ir viviendo, ahora tiene que invertirlo en eso. De milagro no se ha vuelto loco. No hace ni tres años se tuvo que operar y, mientras se estaba recuperando en el hospital, le robaron la yunta de bueyes y la vaca, igual que ahora. Es terrorismo lo que hay. Con tanto robo no se puede vivir tranquilo ni prosperar. ¿Quién avanza así?», lamenta el familiar.

La inseguridad es demasiado patente en el día a día de los cubanos. No todas las familias pueden invertir en rejas metálicas para proteger puertas y ventanas, algo que se ha vuelto imprescindible en Cuba, ni todos los campesinos pueden pagar custodios para sus fincas, sea por falta de dinero o de mano de obra confiable.

Cuando duermen o se ausentan de sus casas, los campesinos lo hacen con la preocupación de despertar o regresar y encontrarse despojados de sus bienes. Muchos inspeccionan sus fincas al amanecer, haciendo inventario para verificar que todo esté como el día anterior.

El incremento de los robos —y en general de la delincuencia— es un flagelo en Cuba producto de la disfuncionalidad generalizada del sistema estatal-socialista del Partido Comunista de Cuba, que obliga al pueblo a pasar estas y otras tantas vicisitudes. 

TOMADO DE DIARIODECUBA

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