Luis Manuel Otero Alcántara: El régimen cubano ‘tiene miedo a que yo me muera’

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‘El Movimiento San Isidro va a seguir existiendo por encima de todo’, dice el artista cubano en entrevista con DIARIO DE CUBA.

Luis Manuel Otero Alcántara junto a Oscar Casanella y amigos, 9 de junio en La Habana. O. CASANELLA/FACEBOOK

El principal objetivo ahora de Luis Manuel Otero Alcántara es luchar para sacar de prisión a sus amigos. «Apenas he podido dormir todos estos días con el tema de Maykel (Osorbo), Esteban (Rodríguez) y los presos de Obispo», comenta en entrevista con DIARIO DE CUBA.

El artista reconoce que el régimen es muy bueno generando espacios de culpabilidad, pero «uno tiene que sobreponerse y saber cuál es el verdadero objetivo», señala el coordinador del Movimiento San Isidro (MSI), quien estuvo secuestrado casi un mes en el Hospital Universitario Calixto García.

Durante su estancia allí, con la que el régimen forzó el fin de su huelga de hambre y sed, varios activistas fueron detenidos y encarcelados cuando se manifestaron en apoyo al activista o intentaron visitarlo en el centro hospitalario.

Ahora Luis Manuel Otero Alcántara se encuentra en un proceso donde necesita «restaurar su cuerpo» y sus emociones, para poder seguir «generando proyectos para acabar con la dictadura». Algo que no deja de ser complicado «a nivel emocional», confiesa el artivista.

«A nivel emocional estoy fundido por el hecho de salir y encontrarme a mis hermanos presos. (…) Aunque no me siento impotente, nunca me he sentido así porque siempre hay algo que hacer», dice.

«A nivel físico estoy muy agotado. Ha sido un tiempo, el año pasado y este año, superagresivo», señala. «Estás encerrado en la casa, fajado con la Seguridad del Estado, la obra tampoco camina mucho… Tienes un nivel de estrés y presiones… Creo que he estado más del 70% del tiempo vigilado» en los últimos tiempos. 

Tras el acuartelamiento y huelga colectiva de varios activistas en la sede del MSI, el régimen colocó una cámara de vigilancia frente a la vivienda de Otero Alcántara en San Isidro, a donde aún el artista no ha regresado. Desde la casa de su familia en el Cerro conversa con DIARIO DE CUBA.

Es inevitable hablar del secuestro, cuéntanos cómo ocurrió y qué lectura le das a ese momento.

Mis vecinos estuvieron al tanto como hasta las cuatro de la mañana. Ellos (la policía política) esperaron que todos mis vecinos se acostaran, que el barrio se tranquilizara.

Yo presentía que ellos iban a entrar, y tenía un mensaje de texto preparado para mi tío Enix. En el momento que siento que rompen la puerta y entran, me despierto. Tenía el sueño muy ligero porque estaba en candela con la huelga de hambre y sed. Enciendo el teléfono y me da tiempo a enviar el mensaje. En ese momento entran tres policías. Yo estaba desnudo. «Vamos, vamos», me levantan, y dicen: «No le lleven desnudo». Me ponen una ropa mía que estaba ahí y me llevan, como forzado pero con «cuidado». Todo eso fue esposado.

Afuera habían unos médicos. Me montan en la ambulancia. Me acuestan. Esposado, pero al menos acostado. Luego me quitan las esposas y me toman los signos vitales. Los médicos que están ahí no son los mismos que después me reciben en el Calixto García.

Yo estaba decidido a morirme (…) Si no soy capaz de luchar por mis derechos personales, qué le voy yo a demostrar a la gente que lucha por sus derechos.

El hecho de que yo no pudiera ni siquiera pintar, que es el ejercicio más noble de las artes visuales, ni siquiera el performance público, ni siquiera el gesto, que yo no pudiera pintar dentro de mi casa porque tú (policía política) ibas a entrar a romper, eso a nivel artístico es un nivel de frustración total, es como matar al artista.

Y lo otro es la obra. Yo amo mi obra. Que tú rompas mis obras me genera un nivel de molestia total y de incertidumbre total.

Y está el ciudadano, al que tú no le permites reclamar por sus obras. Porque yo quería reclamar por mis obras y ellos no me lo permitían. Me estaban negando la condición de poder exigir. Todo eso me empujó a la huelga de hambre y sed decidido totalmente. 

Pero indiscutiblemente morir da miedo. Aunque uno no lo demuestre, aunque la gente que esté delante de un paredón de fusilamiento no lo demuestre, ese minuto antes de morir da miedo. 

Cuando ellos rompen la puerta, yo me digo: «no quieren que esté muerto». Y continuo con mi decisión de morir. Pero ese miedo ya se mezcla con que esta gente no quiere que yo esté muerto, me van a llevar a su espacio y en ese espacio yo voy a seguir exigiendo.

¿Cómo fue la estancia en el hospital?

Allí era Luis Manuel versus Estado cubano. Y vamos a echar la batalla hasta el último minuto. Y eso fue lo que sentí. Allá adentro empiezo a tomar agua para tener conciencia de lo que pase conmigo.

Amigos como Coco Fusco me habían aconsejado que tomara agua para dar tiempo (…) Pero en ese momento yo pensaba: si tengo que morirme, voy a morirme en una semana. Estamos en la Era YouTube, en la Era Twitter, que todo tiene que ser rápido. Morirse o salvarse. Y no me gusta el martirio.

Pero dentro del hospital eso había cambiado. Decido tomar agua para poder tomar decisiones claras. Y para dar tiempo.  (…)  Pasa la semana, y el viernes yo digo: «si no me dan mis obras vuelvo a montar mi huelga de hambre y sed, decidido a morirme…»

Me decían que era un suicidio, y yo les decía: no, es un asesinato. Porque el régimen tiene que tomar la decisión de una injusticia cantada. Y ellos no reconocen que se equivocaron. Y eso es una decisión que tomó el régimen, o me salvas o reconoces tu error. Pasé una semana sin tomar agua, y en un momento me dijo un médico: No te vamos a dejar morir, es una orden. Y tú decides si vas a vivir con un riñón en candela, porque te voy a salvar dentro de una semana cuando el riñón esté hecho leña (…) Tú decides si vas a continuar tu lucha en esas condiciones.

Entonces empecé a comer, y la batalla se transformó en que tienes que soltarme para ir para la calle.

Eres vulnerable dentro de un centro médico. Yo pensaba que me iban a sacar de allí directo para Villa Marista. Y uno está ahí como testando y confiando sobre todo en lo que está pasando fuera, que no tienes información ninguna.

El cuerpo se empieza a transformar en un vehículo de resistencia. Y lo otro es que el régimen no quiere que yo me mueraTiene miedo a que yo me muera, aún por mi decisión.

¿Cuáles fueron los momentos más tensos de tu estancia en el hospital?

Los primeros días fueron tensos. Cuando empecé a comer pensé que me iban a sacar de allí para un lugar heavy, para torturarme peor. Otro momento tenso era cuando me dejaban la luz encendida, y eso es un mecanismo de tortura.

¿Cuáles eran los momentos más relajados?

Uno de los momentos más relajados era cuando (el doctor) Ifraín me traía un libro. Pero yo sabía que si me traían un libro era porque iba a durar más tiempo allí. Esos eran los momentos más relajados, cuando entraba un doctor, que podía hablar, hacer un cuento, reírme de alguna manera.

¿Cómo fue el trato médico?

El trato médico fue bien, tranquilo, sobre todo las enfermeras, que eran con las que más rato pasaba, eran cariñosísimas, pero estaban bajo presión. (…) Estos médicos estaban preocupados porque su familia y conocidos los pudieran ver como represores. 

El doctor Ifraín se sentía como si fuera el médico de Gandhi. Él lo decía así mismo. Se sentía dentro de un momento histórico, que él sabía que estaba manipulado por la Seguridad del Estado. Uno se da cuenta que Ifraín es el tipo al que le permitieron traerme libros.

Y ahora que vi la grabación mía comiendo, eso es una falta de respeto, ese médico me trató muy amable también, fue el que me dijo que no me iba a dejar morir (…) pero filmó eso, se prestó para algo que yo no autoricé. Y eso es una falta de respeto.

Una de las razones por las que Cuba no avanza en pro de una libertad, es porque nosotros caemos en el juego del régimen con el que nos pone delante. Nos ponen delante al médico, al policía, al represor, y por supuesto, tenemos que ir contra esos personajes, pero el que tiene que dar el rostro no lo da, que es el ministro del Interior o el ministro de Salud Pública, que son personajes «intocables». (…)

Está en la psicología del cubano que Fidel Castro era intocable, y nos fajamos supuestamente con el que es de nuestro peso. Pero no, Raúl Castro y Díaz-Canel son de mi peso, el sistema es de mi peso. (…) Un ministro es un funcionario público que tiene que atenderme a mí.

¿Y el trato de la Seguridad del Estado?

Eran tres tipos ahí sentados, vigilándome. Yo me movía y ellos se movían, yo daba un paso y ellos daban un paso. Entre 21 o 30 personas hubo de todo. Hubo uno que me regaló un bolígrafo. Yo tenía un bolígrafo que no dibujaba, y él me vio pasando trabajo. A ellos le dan un bolígrafo para apuntar todo lo que yo hacía, desde comer hasta ir al baño, todo. Y me dio su bolígrafo, que era un medio básico. «Dibuja con este que es nuevo», y luego se puso feliz de verme dibujando.

También había policías vestidos de civil. Y el tratamiento es diverso, hay tipos que se creen más el personaje, hay otros que están allí como para matar el tiempo.

Indiscutiblemente, el hecho de que te estén vigilando 24 x 24, que no sepas si vas a estar dos días, tres días o una semana (en el hospital), el frío constante, (… ) el seguroso vigilándote, que estés haciendo tus necesidades y que te toquen «Alcántara», la luz encendida 24 x 24, (…) que te dejen ver a tu hermana a cinco metros, todo eso es tortura de la peor.

¿Cómo fue la relación con tu familia en el tiempo que estuviste allí?

Con mi familia era todo muy raro. Yo sabía que mi familia estaba tensa con este tema. No sabía cuánta información estaban dando ellos afuera, y realmente me di cuenta que ninguna. La relación de mi familia con mis amigos fue tensa. Pero mi familia estaba preocupada, incluso hubo un momento en que mi familia se planta y dice que no va a permitir que me quede más ahí.

¿Cómo valoras tu huelga?

Para mí la huelga fue una victoria. (…) Pero yo voy a seguir demandando por mis obras desde el espacio legal, ¿ellos no dicen que hay una legalidad?, pues yo voy a ir al espacio legal.

Qué mensaje quieres enviar a las personas que te siguen y que apoyan al MSI.

El primer mensaje es que tenemos que trabajar. Tenemos que empezar a posicionarnos como los seres que podemos lograr un cambio. Y eso como único lo vamos a poder generar es desde los espacios de pensamiento.

El Movimiento San Isidro es un concepto, no un grupo de personas. (…) Siempre que exista Maykel, donde quiera que esté, va a ser Movimiento San Isidro, y Esteban, donde quiera que esté, y yo estoy luchando por ellos. El Movimiento San Isidro existe y va a seguir existiendo por encima de todo.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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