Luanda pide perdón a las víctimas de una masacre en la que intervinieron tropas cubanas

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El presidente de Angola, Joao Lourenço, reconoce que en 1977 se produjeron ‘ejecuciones sumarias’ a manos del Gobierno de Agostinho Neto.

Fidel Castro y Agostinho Neto en la fachada de una vivienda en Angola. PICFAIR

El presidente de Angola, Joao Lourenço, presentó disculpas oficiales por las matanzas que se produjeron en ese país en mayo de 1977 tras una escisión en el gubernamental Movimiento del Pueblo para la Liberación de Angola (MPLA), que se saldó con decenas de miles de muertos.

«Nos reunimos con las víctimas de los conflictos y con los angoleños para pedir humildemente en nombre del Estado nuestras disculpas públicas por el gran mal que fueron las ejecuciones sumarias en ese momento y circunstancias», dijo, según el reporte de Europa Press.

Lourenço destacó el «arrepentimiento sincero y una voluntad de poner fin a la angustia con la que cargan las familias desde hace años por la falta de información sobre el destino de sus seres queridos», reseñó el diario local Jornal de Angola.

El mandatario dijo que «lo que importa es que cada uno asuma sus responsabilidades» y anunció que su Gobierno empezará a entregar los primeros certificados de fallecimiento a los familiares de las víctimas de las matanzas del 27 de mayo de 1977.

También se procederá a la exhumación de los cadáveres, si bien advirtió que «es de esperar que no se logren localizar e identificar los restos mortales de todas las víctimas».

«Haremos todo lo posible para que el mayor número posible de familias enlutadas puedan realizar un funeral digno para sus seres queridos», señaló, al tiempo que dijo que se trata de un gesto de «gran simbolismo» que «da un gran alivio a las familias de las víctimas y al Estado angoleño».

«Es momento de alegría y, al mismo tiempo, de derramar las lágrimas contenidas desde hace muchos años, que nos traen el alivio deseado y nos llevan a jurar no permitir que el país vuelva a vivir tan tristes hechos en el futuro», remarcó.

Las matanzas tuvieron lugar después que una facción del gobernante MPLA encabezada por el entonces ministro del Interior, Nito Alves, intentara da un golpe de Estado. La intentona fue rechazada por las fuerzas leales a Agostinho Neto, quien ocupó el cargo entre 1975 y 1979, bajo el amparo de las tropas cubanas desplegadas en el país.

Neto fue el primer presidente del país desde su independencia y encabezó el MPLA durante la guerra de independencia contra Portugal entre 1961 y 1974. El país se vio sin embargo sumido en una guerra civil inmediatamente después, que no concluyó hasta 2002.

Tras el intento de asonada de Alves, miles de personas fueron detenidas por sus presuntos vínculos o apoyo al levantamiento y posteriormente ejecutadas de forma sumaria, un proceso bajo supervisión del Gobierno de Neto con apoyo de Fidel Castro.

Según datos oficiales, las matanzas dejaron alrededor de 3.000 muertos, pero Amnistía Internacional ha asegurado que la cifra es diez veces superior. Otras fuentes hablan de hasta 90.000 víctimas mortales.

Décadas de lucha por la memoria

La matanza permaneció bajo un manto de secretismo y miedo hasta que las víctimas comenzaron a unirse para exigir respuestas.

«Mis padres fueron vistos por última vez entrando en el Ministerio de Defensa, tomados de la mano», contó a la BBC en 2020 João Ernesto Van Dunem, quien nunca volvió a ver a su madre y a su padre.

En mayo de 2017, cuatro décadas después de la desaparición de sus padres, 24 de los hijos ahora adultos, incluido Van Dunem, escribieron una carta abierta al entonces presidente José Eduardo dos Santos, exigiendo respuestas. No la obtuvieron. En enero de 2018, crearon una asociación de huérfanos, llamada M27.

Sus miembros buscan restaurar la dignidad de los muertos y que sean vistos como víctimas, no como villanos. Quieren recuperar los restos de sus padres y emitir certificados de defunción, demandan una lista de todas las personas que fueron asesinadas y piden que se construya un monumento para honrarlos.

La participación cubana en la purga

El general cubano Rafael del Pino, jefe de la agrupación aérea de La Habana en Angola en 1977, contó en 2007 el periódico portugués Diario de Noticias que las tropas cubanas, si bien no intervinieron directamente en las matanzas, sí ofrecieron la cobertura para que esta se produjera.  

Del Pino, quien abandonó Cuba siendo general de brigada para irse a EEUU, aseguró que La Habana dispuso el despliegue de sus tanques T-34 en Luanda tras la revuelta, dado que la mayor parte de las tropas cubanas estaban en el sur. Los tanques «pertenecían al centro de entrenamiento (…) la mayoría de ellos ni proyectiles tenía. Pero a partir de aquí, las tropas fieles a Neto podían actuar».

El militar afirmó también que Nito Alves, el líder con más prestigio del MPLA después de Neto, contaba con el apoyo de la KGB, dado que «era el hombre de los soviéticos en Angola y Agostinho Neto el de los cubanos».

«Los soviéticos pensaron que Nito Alves podría serles más leal y que así tendrían más posibilidades de intervenir en Angola. Como los sudafricanos ya se habían ido, la URSS argumentó que ya no se necesitaban tantas tropas cubanas. Con Nito en el poder, Moscú tendría mayor capacidad para presionar a Luanda y reducir el contingente cubano a un grupo de instructores», refirió.

Según Del Pino, la asonada fue «una operación secreta de la KGB. Pero los cubanos controlaron la situación de inmediato. Cuando Cuba se dio cuenta de que Nito estaba siendo protegido por los soviéticos, imagino que La Habana reaccionó y se quejó a Moscú. En cualquier caso, hubiera sido muy difícil para Cuba haber aceptado la deposición de Agostinho Neto en caso de que la URSS siguiera adelante con su propósito. Neto obedecía totalmente a Fidel Castro».

«Cuando fracasó el golpe, Nito Alves se refugió en la embajada de la URSS. Y Moscú se vio obligado a darle protección. Imagino que a los soviéticos les sorprendió el fracaso de la operación y que no les quedó más remedio que protegerlo. Pero el caso es que Cuba finalmente se enteró de lo que estaba pasando y pidió a los soviéticos que lo entregaran».

De acuerdo con Del Pino, «los cubanos pidieron que se les entregara a Nito Alves y los soviéticos lo entregaron, permitiendo que los cubanos lo entregasen a Agostinho Neto más tarde».

Sin embargo, una versión de los hechos difundida por Luanda en ese entonces aseguraba que Alves había sido capturado como fugitivo por la población de una aldea. Según Del Pino, esa versión respondía a evitar que se supiera que «Nito Alves era prosoviético y que la URSS lo había instado a tomar el poder. Si se hiciera público, sería muy embarazoso para todos. Especialmente para el presidente Agostinho Neto».

Las tropas cubanas salieron de Angola a finales de los años 80, dejando un país presidido por José Eduardo Dos Santos, quien estuvo 38 años en el poder tras suceder a Agostinho Neto.

Dos Santos renunció a presentarse como candidato a la Presidencia del país, primero, y cedió más tarde el control sobre el MPLA. Angola es hoy uno de los países más empobrecidos y corruptos de África.

La familia Dos Santos ha acumulado una cuantiosa fortuna y su hija Isabel, presidenta de la petrolera estatal Sonangol, es considerada la mujer más rica de África y una suerte de «princesa» en el continente y «emperatriz en Portugal».

Joao Manuel Gonçalves Lourenço asumió la Presidencia de Angola en septiembre de 2017 en una ceremonia en la que estuvo Miguel Díaz-Canel, enviado por Raúl Castro.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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