Los ucranianos creen en la victoria, pero se preguntan cuándo acabará la guerra

El partido de la guerra pierde la paciencia con Putin 

Rusia avanza en el Donbás pero sufre pérdidas

Yuri, un niño de 4 años, juega en un parque infantil junto a un boquete provocado por un bombardeo en Járkov. (EFE)

(EFE).- Los ucranianos se muestran en su mayoría confiados en ganar la guerra, con su lucha y el apoyo de otros países con armamento y ayuda humanitaria, pero se preguntan cuándo llegará el final de la invasión rusa que hoy cumple cien días. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, reitera que con esta ayuda sus Fuerzas Armadas están cada vez más cerca de superar al enemigo, mientras los combates se concentran especialmente en el este del país.

En la calle, el sentir de la gente en ciudades como Járkov, la segunda mayor del país, es que Ucrania ha evitado que la invasión fuera lo rápida y fácil que quería el presidente ruso, Vladímir Putin, pero no se ve aún cercana una victoria final.

El enorme mercado de Barabashovo en Járkov, con una 75 hectáreas, está prácticamente desierto. Los puestos de venta están muchos destruidos por bombardeos o cerrados porque apenas hay clientes, en una ciudad cuya área metropolitana tenía unos millones de habitantes antes de que muchos fueran evacuados cuando comenzó la invasión el pasado 24 de febrero.

«Nos estamos moviendo hacia la victoria, esperamos la victoria, cualquier otra opción no la queremos», subraya este hombre de 42 años

Uno de los pocos que abre es Morov Oleksandr, un vendedor de menaje para el hogar que como muchos en esta zona del este de Ucrania habla ruso. «Sobrevivimos, rechazamos el ataque, pero tengo miedo», comenta a Efe, pues aunque los ucranianos lograron que los rusos no entraran en la ciudad, el frente de guerra sigue en los alrededores, próximo a la frontera con Rusia.

«Nos estamos moviendo hacia la victoria, esperamos la victoria, cualquier otra opción no la queremos», subraya este hombre de 42 años.

El vendedor repite lo que mantienen muchos en el país, empezando por el presidente Zelenski, que Ucrania no va a regalarle nada a los rusos, pero pocos hablan de Crimea, anexionada por Rusia, o del Donbás, donde la guerra comenzó en 2014 con territorios autoproclamados repúblicas con el apoyo de Putin.

«Cometieron maldades, nos llamaron hermanos, pero luego nos atacaron vilmente», denuncia, confiado en que ganarán los ucranianos, «todo estará bien, reconstruiremos, lo haremos incluso mejor que antes, la comunidad mundial (…) nos ayudará, ya está ayudando».

Barbara Yankowska, una de las pocas clientes que se ven, que también responde en ruso, confiesa a Efe que le gustaría que la situación fuera mejor, pero por ahora «nadie responde a la pregunta de cuándo termina la guerra». «Me gustaría que fuera cuanto antes, (…) que todos estén bien», pero «escuchas las explosiones más de una vez y no están demasiado lejos, tengo miedo, es peligroso», lamenta esta mujer de 52 años.

El sonido de explosiones de proyectiles marca el día a día en zonas de la ciudad relativamente cercanas al frente de guerra, como este mercado. Pero «hay fe en el futuro, quiero que termine cuando antes», concluye.

«Les han lavado la cabeza. Solo saben lo que ven en la tele, la propaganda. Solo tienen un pensamiento colectivo» que dicta el Kremlin, critica

Victor Serduko, un vendedor de vajillas, piensa que «esta guerra tiene que acabar de una vez, necesitamos volver a trabajar». Una de las consecuencias de la guerra, comenta a Efe este hombre de 68 años, es que las diferencias entre dos pueblos vecinos serán difíciles de superar: hace tiempo que no habla con una hermana que tiene en Moscú.

«Les han lavado la cabeza. Solo saben lo que ven en la tele, la propaganda. Solo tienen un pensamiento colectivo» que dicta el Kremlin, critica. Si bien considera que esas diferencias comenzaron a percibirse en 1991 con el fin de la época soviética, fue con la guerra en el Donbás en 2014 cuando se radicalizó: los clientes que tenía de la vecina Rusia fueron dejando de venir.

Svitlana Volodymurivna, otra vendedora, cuenta a Efe que se vuelve a casa, no merece la pena abrir su tienda sin apenas clientes. La mujer, de 69 años, asegura que «al principio de la guerra pensaba que terminaría pronto, pero ahora no». «Ahora, con esta destrucción la relación nunca será la misma» entre ambos países, afirma con los restos de tiendas calcinadas al fondo.

El gobernador de la región de Járkov, Oleh Synehubov, ha declarado a Efe que muchos edificios de la ciudad y sus alrededores con impactos de misiles son irrecuperables, por lo que trabajan lo más rápido que pueden para que la gente tenga donde vivir, antes de que llegue el frío en invierno.

El comandante Shkirkov Eugene, que dirige una unidad de fuerzas especiales de Ucrania, manifiesta a Efe que quizás ya en otoño se vea «una mejora significativa» hacia el lado ucraniano, en el objetivo de «liberar toda la región de Járkov», en el este, fronteriza con Rusia, y Jersón, en el sur, ocupada por los rusos. «Nosotros como militares haremos todo para ganar, todo lo demás dependerá de la política», opina.

El presidente Zelenski mantiene que Ucrania está más cerca de «superar a los ocupantes» militarmente, pero depende de la ayuda exterior para lograr la victoria. Este jueves, el líder anunció que ya se está trabajando en nuevos paquetes de sanciones contra Rusia para hacerle pagar el precio por «destruir la vida» de sus vecinos ucranianos. «Paso a paso, privaremos al estado ruso de todos los elementos de una economía moderna» y «ningún lobby de ningún país ayudará a Rusia», dijo.

«Si no declaramos la guerra, la perderemos», aseguró en una entrevista Ígor Guirkin, el retirado oficial ruso que lideró la sublevación armada prorrusa en el Dombás en 2014

Mientras, en Rusia, la población sigue apoyando mayoritariamente la «intervención militar», pero cada vez son más las voces críticas tanto con la marcha de la campaña como con sus funestas consecuencias para el país. Los halcones demandan una inminente movilización, mientras los pacifistas piden la pronta firma de un alto al fuego. «Si no declaramos la guerra, la perderemos», aseguró en una entrevista Ígor Guirkin, el retirado oficial ruso que lideró la sublevación armada prorrusa en el Dombás en 2014.

Según las encuestas, muchos rusos comienzan a entender después de cien días de combates que el objetivo real no es tanto defender a la población del Dombás, sino garantizar la defensa de su país de la amenaza de la Otan. La palabra victoria ha desaparecido del vocabulario propagandístico ruso, sólo se habla de «objetivos» y la información llega a cuentagotas.

Los partidarios de la guerra, de hecho, consideran que el Ejército ruso no ha logrado su principal objetivo -la desmilitarización de Ucrania- y, de hecho, acusan al Kremlin de renunciar a la victoria total sobre los «nazis» ucranianos, lo que debería incluir la toma de Kiev. Además, consideran que los oficiales rusos apenas tienen experiencia militar, sus estrategias están trasnochadas, y los soldados y los milicianos prorrusos no están debidamente instruidos.

Otro de los efectos que consideran negativos es el fortalecimiento de la Otan. El comité directivo de la Asamblea Rusa de Oficiales publicó una carta en la que exige abiertamente una declaración de guerra como única salida al estancamiento. En ella exigen declarar la movilización parcial de la población, la imposición de dos años de servicio militar obligatorio, y el restablecimiento de la pena de muerte.

Según avanza la contienda y se vislumbra de manera más clara su impacto, el atrevimiento de los más críticos con el Kremlin va en aumento. No sólo es el encarcelado líder opositor, Alexéi Navalni, quien no tiene nada que perder, ya que cumple 9 años de prisión. Profesores, activistas, diputados municipales y personalidades de la cultura han roto una lanza en favor de la paz. Muchos otros han protestado exiliándose.

«Es poco probable que las fuerzas rusas tengan las fuerzas necesarias para tomar un territorio sustancial en la región de Donetsk»

En el frente, el ejército ruso ha sufrido «pérdidas significativas» en la ciudad de Popasna, en el sureste de Ucrania, según el último parte del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Esas pérdidas alcanzan al menos al 50% de los efectivos rusos que combaten en esa urbe de la región de Lugansk. «Es poco probable que las fuerzas rusas tengan las fuerzas necesarias para tomar un territorio sustancial en la región de Donetsk», considera el el Instituto para el Estudio de la Guerra de EE UU.

El secretario general de la Otan, Jens Stoltenberg, de visita a Washington para preparar con Joe Biden la próxima cumbre de la Alianza en Madrid, advirtió de que hay que estar preparados para una «larga guerra de desgaste» que sólo puede acabar, dijo, en una mesa de negociación.

En declaraciones en la Casa Blanca tras reunirse con el presidente estadounidense, Joe Biden, Stoltenberg señaló que depende sólo de Ucrania decidir si cede territorios si llega el momento de negociar, y que la obligación de la OTAN es ayudar a ese país a defender su soberanía.

TOMADO DE 14MEDIO

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