Los migrantes cubanos descubren la ruta inversa de los Balcanes para llegar a Europa

Cientos de cubanos realizan una travesía terrestre desde Rusia a Grecia con el propósito de emigrar a Europa Occidental.

Emigrantes cubanos en el aeropuerto de Zakhintos en Grecia, el 27 de octubre. CORTESÍA DE YUMI ROMERO

Antes, para el cubano el peor castigo era emigrar. Ahora es una bendición, aunque no una suerte, porque salimos a sufrir», afirmó a la agencia EFE una mujer identificada como Nancy, quien llegó a Atenas hace unas semanas desde Cuba a través de Rusia, por la ruta de los Balcanes, que tantos refugiados atraviesan para llegar a Europa, aunque los cubanos la realizan a la inversa.

Como ella, una veintena de cubanos con historias similares se reunieron para hablar con EFE en un semisótano, situado en el barrio ateniense de Ambelókipi, en el que vive de alquiler una pareja de médicos cubanos, Danay y Eduardo, junto con su hija y con otra pareja.

Como ellos, muchos —en torno a un millar, según sus propias estimaciones— malviven en Grecia a la espera de que las autoridades locales les den —o no— el visado para continuar hacia otros países.

«Tenemos familiares en España, Italia o Alemania que quieren hacerse cargo de nosotros, no queremos ser un estorbo para la Unión Europea. Queremos trabajar, la mayoría somos profesionales, tenemos muchos niños, pero pronto nos quedaremos en la calle porque se están agotando nuestras reservas económicas», sostuvo Danay.

Para la gran mayoría de ellos, la gota que colmó el vaso y les empujó a salir del país fue la represión policial ante las protestas antigubernamentales que arrancaron el pasado 11 de julio contra la gestión de la pandemia y la falta de libertades.

«Salimos a la calle a protestar pacíficamente y la policía se limitó a grabar, pero luego por la noche te venían a buscar a casa», explicó Agustín, otro de los presentes, que tras lo ocurrido decidió marcharse «de un día para otro». Ahora asegura que el regreso a Cuba «no es una opción».

«Cuba es una dictadura, no hay libertad de expresión«, dijeron al unísono todos los presentes, pero esa falta de libertades no fue el único motor que les impulsó a salir, muchos lo hicieron en busca de más oportunidades para mejorar sus condiciones de vida.

Un día de trabajo para pagarse un refresco

Para Nancy, que perdió su plaza de profesora pública al regresar de un viaje a Alemania en 1996, por el simple hecho de haber salido del país, y que desde entonces se dedica a enseñar inglés por su cuenta, «Cuba nunca salió de ningún Periodo Especial«.

«La imagen que el Gobierno crea no es la que es, el que tenga dudas que visite la Isla y viva como vive el pueblo. La realidad es otra, todas las donaciones que llegan, el pueblo no las recibe, se las venden«, aseguró.

De un modo similar, Agustín rememoró cómo en Cuba tenía que trabajar un día entero en su tienda de telefonía para poder comprarse algo tan básico como un refresco o un cepillo de dientes.

Sin embargo, pese a llegar en mejores condiciones que muchos migrantes de Oriente Medio, al no tener permiso de trabajo, los cubanos se ven obligados a trabajar de jornaleros para conseguir algunos ingresos antes de que se les acaben los ahorros, trabajo en el que se sienten «explotados».

La mayoría inició un proceso para solicitar asilo, o está esperando a que le den cita, pero saben que es un proceso lento y complejo.

Por esta razón, con el fin de crear una red de apoyo entre conciudadanos, Agustín y Carlos, otro chico en la misma situación, abrieron recientemente una página en Facebook bajo el nombre «Que Bolá», donde intercambian experiencias con otros emigrantes cubanos.

La página también sirve «para que todo el mundo sepa los problemas que hay en Cuba, por qué el cubano emigra de un país donde prácticamente todo es gratuito», explicó Carlos.

«Todo el que se va es emprendedor o es profesional y eso es muy triste, es muy triste que un país pierda a los profesionales que él mismo forja y que se vayan por problemas de política«, lamentó el joven.

La ruta de los Balcanes, a la inversa

«No hemos pagado a mafias», aseguraron, sorprendidos y aparentemente ajenos a los habituales negocios ilegales a los que se someten sin remedio los migrantes que han de cruzar el Mediterráneo.

Sin embargo, a su vez, afirmaron que sin la ayuda de sus familiares en el exterior es imposible para el cubano salir del país, porque son incapaces de ahorrar suficiente como para subsistir durante los meses de travesía o pagarse el billete de avión.

Todos ellos hicieron escala en Moscú hasta llegar a Belgrado, desde donde iniciaron una odisea terrestre que les llevó a cruzar los Balcanes, atravesando Montenegro o Albania y Macedonia del Norte, hasta cruzar a pie la frontera con Grecia.

«Rusia es ahora mismo una válvula de escape porque no requiere visado«, aseguró Agustín, quien añadió, recordando el éxodo cubano de los marielitos en 1980: «Ahora Nicaragua será el próximo Mariel, porque han abierto el visado».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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