«Los inspectores vigilan la venta de tomate en Cuba como si fuera cola de langosta»

El fruto ha desaparecido de los mercados por la presión de la Policía para controlar los precios

El mercado de 19 y B, en El Vedado, es prácticamente en su totalidad de gestión privada y se rige bajo la ley de la oferta y la demanda. (14ymedio)

Lo que se espera de esta temporada, cuando las temperaturas comienzan a bajar en Cuba, es que lleguen los tomates a los mercados. Sin embargo, este año, el fruto está ausente de muchas tarimas agrícolas de La Habana. La razón: las cotidianas batidas policiales, puestas en marcha desde hace unos días, contra los altos precios, y la decisión de los comerciantes de retirar el producto para no venderlo con pérdidas.

«En todo este mercado no hay nadie vendiendo tomate», sentenciaba la mañana de este domingo un joven que gestiona una de las tarimas en el local del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) de la calle Tulipán, en Nuevo Vedado. «Nos han dicho que no podemos venderlo a más de 200 pesos la libra y esa cantidad no nos da negocio», añade para 14ymedio.

En los diferentes kioscos ubicados en el mercado del EJT se veían este fin de semana plátanos burros, coles, boniatos y ajo porro pero no el característico color rojo de los tomates para confeccionar una sabrosa ensalada. «Ese producto es candela. Te ganas una multa enseguida», advertía el joven.

«Para poder recuperar la inversión, el tomate hay que venderlo ahora mismo entre 250 y 270 pesos la libra»

«Para poder recuperar la inversión, el tomate hay que venderlo ahora mismo entre 250 y 270 pesos la libra», detalla Jorge, un habanero de 38 años que se dedica a transportar mercancías desde la zona de Güira de Melena y Alquízar, en la provincia de Artemisa, hasta el mercado de 19 y B en El Vedado. «Por debajo de ese precio ya estaría trabajando con pérdidas».

El local de El Vedado, conocido por su gran variedad de productos y sus altos precios, es prácticamente en su totalidad de gestión privada y se rige bajo la ley de la oferta y la demanda. Un aguacate en 100 pesos, la libra de cebolla pequeña en 350 y la de pepino en 80 hacen que una compra modesta en ese mercado se monte en una factura de cuatro cifras.

«Aquí han venido a intentar presionarnos para que bajemos los precios, pero son los mismos que después te venden la cerveza en un restaurante estatal por más de 180 pesos», lamenta Jorge. «Para nosotros todo se ha encarecido también, desde el combustible que se consigue por la izquierda hasta el precio que le pone el campesino a su cosecha».

«Lo que está haciendo la gente es que prefieren no traer algunos productos para la venta aquí en el lugar», explica a este diario. «Si a través de sitios digitales en los que compran desde el extranjero para la familia de aquí dentro se puede vender a un precio más razonable para nosotros, qué necesidad hay de buscarse una multa trayendo la mercancía hasta aquí».

En portales dirigidos a los emigrados, la libra de tomate ronda los 4 dólares, casi 500 pesos al cambio oficial. Las entregas se hacen a domicilio y el cliente paga online con su tarjeta de crédito o débito. «Te quitas de encima a los inspectores, la policía y tener que esconder el producto cada vez que te avisan de una redada», explica Jorge. «Si esto sigue así los únicos que se van a poder comer una ensalada de tomate serán los que tienen familia en Miami».

«Así le hicieron a la carne de cerdo: empezaron a poner multas a los vendedores y el resultado fue que se perdió el puerco de los mercados»

En mercados como el del EJT, administrado por los militares, las presiones sobre los comerciantes son mayores. «No es que nos hayan prohibido vender tomate, pero es como si lo hubieran hecho, porque nos quieren forzar a mantener el precio bajo, pero por otro lado cuando se les pregunta si hay precios topados te dicen que no, que no es eso, es parte de una batalla contra las ilegalidades», explica el intermediario.

Para la prensa oficial, no es cuestión de recuperar inversiones sino de especular. «Dicho en otras palabras: se trata de obtener, por todos los implicados en la cadena, márgenes de ganancia lógicos, a partir de precios de venta justos y razonables, contrario a quienes, con estatus legal o no, acaparan las producciones, especulan y esquilman al público sin un mínimo de pudor», sentenciaba este domingo el periódico Granma.

«Urge cerrar todo resquicio a la fuga de productos hacia destinos no lícitos, y llamar a capítulo a quienes participan de manera directa en la comercialización; llámense mercados, placitas, puntos de venta, carretilleros o vendedores ambulantes», amenazaba el órgano oficial del Partido Comunista.

La ofensiva se extiende también a los vendedores que, como Dayron, ofrecen sus mercancías en un triciclo en alguna esquina habanera. «La semana pasada me pusieron una multa de 6.000 pesos que todavía no he podido pagar. El inspector me dijo que no podía tener la pata de cebolla a 1.000 pesos ni los tomates a 220, como los tenía».

Con su punto de venta, Dayron recorre algunas partes de la barriada de Los Sitios. «Ahora hay que mover el tomate como si fuera cola de langosta. Con más cuidado y vigilando que no se acerque un inspector o un policía», lamenta el hombre. «Prefiero que se me eche a perder en la casa o que mi mujer los tenga que convertir en puré, pero a 150 o 180 pesos la libra no los voy a vender».

Y concluye el comerciante: «Así le hicieron a la carne de cerdo: empezaron a poner multas a los vendedores y el resultado fue que se perdió el puerco de los mercados. Ahora le está tocando al tomate y mañana va a llegar la hora a cualquier otra cosa, la malanga o el pepino, da igual porque lo de ellos es querer controlarlo todo».

TOMADO DE 14YMEDIO

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