Los colombianos pisarán terreno desconocido en la segunda vuelta electoral entre Petro y Hernández

Ni Gustavo Petro ni Rodolfo Hernández están alineados con las fuerzas habituales en el sistema político de las últimas seis décadas en Colombia.

Dos transeúntes ante propaganda electoral en Bogotá. EFE

Con un sistema político tradicional, en el cual liberales y conservadores se repartieron el poder presidencial en las últimas seis décadas, Colombia terminará por adentrarse en un terreno desconocido cuando el 19 de junio, en la segunda vuelta electoral, escoja como nuevo presidente entre dos figuras que no están alineadas con las fuerzas habituales: Gustavo Petro y Rodolfo Hernández.

Petro está en su tercera carrera electoral en pos de la presidencia, que le ha resultado esquiva. Ex alcalde de Bogotá con una gestión polémica, y ex guerrillero del M19, de 62 años, un triunfo de Petro colocaría a Colombia en una situación inédita, pues sería el primer presidente colombiano abiertamente izquierdista.

Sin embargo, en la primera vuelta celebrada este 29 de mayo, la gran sorpresa la constituyó que el ex alcalde de Bucaramanga (igualmente polémico en su gestión municipal) Rodolfo Hernández, de 77 años, ha remontado en escasas semanas una diferencia que favorecía de forma amplia a Federico Gutiérrez, ex alcalde de Medellín y quien encabezaba la coalición conservadora.

Con casi el 100% de los votos escrutados, Petro quedó en primer lugar con 40,3%, Hernández de segundo con 28,1% y Gutiérrez tercero con 23,9%. Gutiérrez tenía una sólida ventaja duplicando a Hernández hasta hace escasas semanas, mientras que éste afincándose en las redes sociales y con un discurso antisistema logró escalar de forma vertiginosa en las preferencias.

El consultor político Jaime Durán Barba había advertido que Hernández al conectarse con jóvenes, principalmente, que estaban ajenos al debate político por las vías convencionales, podría ser la gran sorpresa. Y lo ha sido.

Gutiérrez es el gran derrotado, así como el centrista Sergio Fajardo que ni siquiera alcanzó el 5% de los votos luego de que en 2018 estuviese peleando la segunda posición con Petro por escaso margen de votos.

Hernández, quien es un acaudalado empresario metido en la política con mensajes muy drásticos sobre cómo acabar con la corrupción o con severos cuestionamientos a la clase política tradicional, es literalmente un outsider. El mundo conservador colombiano, ante el temor de que triunfe la izquierda, podría terminar nucleándose en torno a su candidatura, pero Hernández se ha negado a establecer pactos o alianzas.

Los resultados electorales, por otro lado, simbolizan el final de las dos décadas en las cuales el dos veces presidente Álvaro Uribe fue el factor de poder en la política colombiana. Disidente del partido liberal, Uribe en sentido estricto encarnó una corriente conservadora afincada en el discurso de hacer frente por todos los medios a los grupos guerrilleros. El presidente saliente, Iván Duque, por ejemplo, fue un delfín político en la corriente uribista.

En las últimas seis décadas de historia electoral, es la primera vez que una presidencia se definirá entre dos figuras que no provienen de los partidos tradicionales. Liberales y conservadores, apuntan analistas, viven su ocaso como referentes principales en Colombia.

La votación del 29 de mayo simboliza el fin de una era, y que los dos candidatos que van al balotaje coincidan en su discurso antisistema da cuenta de un hartazgo del ciudadano expresado en darle apoyo a estas dos figuras que no tienen lazos, de ninguna índole, con liberales, conservadores o uribistas.

Este país se adentra también en un período presidencial, gane quien gane, que tendrá como interlocutor a un Congreso bastante fragmentado, sin que haya un grupo o corriente mayoritaria. El nuevo presidente colombiano deberá negociar seguramente a varias bandas con distintos referentes en el Legislativo, lo cual también es un terreno desconocido hasta ahora para la dinámica política local.

La rápida decisión de Gutiérrez, quien el mismo 29 de mayo tras aceptar su derrota anunció que pedirá a sus seguidores que voten por Hernández, y se espera que Fajardo haga un pronunciamiento similar, comienza a dibujar lo que podrían ser un frente «todos contra Petro» en la segunda vuelta.

El candidato izquierdista, asimismo, parece haber alcanzado su techo, con esta votación en torno al 40% de votos. De hecho, en los últimos meses no creció y más bien estuvo estancado.

Hernández tiene a su favor que es el candidato que viene en crecimiento vertiginoso, en las últimas cuatro semanas, y si esa tendencia se repite dentro de tres semanas podría dar una nueva sorpresa y hacerse con la presidencia, algo que parecía lejano o casi imposible hace dos meses cuando el ex alcalde no sumaba ni siquiera el 10% de intenciones de voto.

Hasta hace algunas semanas se daba por descontado, según lo que arrojaban las encuestas, que Petro tendría garantizada su elección como presidente si Gutiérrez era su rival en la elección, para el balotaje pautado para el 19 de junio.

El escenario ha cambiado de forma sustantiva. Al crecimiento que viene exhibiendo Hernández, como tendencia en materia de opinión pública, está lo inclasificable que es este hombre de 77 años, a quien en la campaña se le ha bautizado como «el viejito del Tik-Tok».

La narrativa polarizadora entre izquierda y derecha tenía mucho sentido, y hacia allí apuntaba Petro previendo que Federico Gutiérrez fuese su contendor. Al ser Hernández, quien también tiene un radical discurso antisistema y promesas populistas de diverso orden, no está tan claro cuál será la narrativa de Petro para enfrentarle.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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