Los camagüeyanos crían a sus hijos con agua contaminada

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Arabia Saudita financia obras de infraestructura hidráulica en la provincia, donde falta mucho por hacer para que la gente tenga agua.

Trabajos en la red hidráulica, en Camagüey. ADELANTE

El testimonio de América Chapellí y Girando Cousín resultó lapidario: «Crecimos y criamos a nuestros hijos con agua contaminada». Este es un fenómeno que atenta en Camagüey contra la salud de unos 400.000 habitantes, cuyas casas no tienen redes o reciben un servicio inoperante y deficitario.

«Yo padezco de cólicos nefríticos y mi esposo de insuficiencia renal crónica como resultado de consumir agua de pozo con altos niveles de sodio y potasio. Al paso que vamos, los mellizos (sus hijos) terminarán como nosotros, en el servicio de hemodiálisis», argumentó Chapellí al cuestionar a las autoridades por dilatar la solución de las conductoras y las redes  hidráulicas.

«Para el agua de tomar compro los porrones de 20 litros, a 100 pesos; pero el resto de los quehaceres los resuelvo con agua casi putrefacta«, explicó Elio Girón, quien se abastece «en una micropresa donde lavaban tractores, bañaban animales y van a parar los residuales albañales de un caserío cercano».

Abel Salas García, presidente de la Organización Superior de Dirección Empresarial de Agua y Saneamiento de Cuba, señaló en su última rendición de cuentas que Camagüey figura entre las provincias que más agua distribuyen en pipas, mayor cantidad de letrinas tienen por erradicar y menos redes ponen a disposición del pueblo.

A juicio de Rachel, «en La Rubia te pasas la mitad del mes dando bateo para que pongan el agua y el resto remendando los depósitos. Ya nos aburrimos de gritarle al delegado que pagamos una millonada a los particulares para que limpien las fosas y arreglen los salideros».   

Para Kenia Luaces «la insensibilidad no tiene límites y la prensa tampoco ayuda», en referencia a la manera en que desinforman sobre un tema que —junto al de la comida— asfixia a muchas familias de bajos ingresos.  

«Salí de Santa Cruz del Sur huyéndole al agua salobre y compré un apartamento en el Reparto Previsora para mejorar la calidad de vida de mi hijo, que tiene cálculos en los riñones. Ese fue mi peor error. Aquí los ciclos insultan y bombean cuando el diablo da tres voces», dijo iracunda.   

Cuenta Maidel Gallardo que en La Caridad «la gente limpia con el agua con que lava, y al conflicto del abasto se suma el del alcantarillado. Si no haces una cisterna, estás frito. Y la mayoría solo utiliza el baño para el aseo, pues los desechos fisiológicos los evacuan en las letrinas que tienen en los patios».

A principios de año la viceministra primera Inés María Chapman Waugh, insistió en que las soluciones a los problemas del agua debían alejarse de las trabas y ganar en agilidad, deficiencia que lastra los objetivos del sector hidráulico.

Orlando Alcántara, morador de Nuevitas, asegura que «en los edificios sus vecinos recogen el agua con que friegan para descargar los servicios sanitarios y atenuar el mal olor en los apartamentos, mientras que están pendientes de la que escurre de las azoteas para garantizar el aseo».
 
«De qué le vale a esta provincia ser la que más presas tiene en Cuba (54), si no produce alimentos y el 70% de las familias se ven obligadas a utilizar el agua de pozo, que los laboratorios certifican como no apta para el consumo», cuestionó Liván Augerí, técnico de Acueducto y Alcantarillado.

En la misma cuerda, Leyanet Téllez, discrepó del sentido triunfalista con que  las autoridades se escudan en el «bloqueo» para justificar los problemas, «cuando el Estado es quien no tiene dinero, ni cumple sus compromisos de pago».   

Arabia Saudita asume la solución del desastre

Aunque resulte contraproducente el pueblo tiene razón: no es el Gobierno de Cuba, sino el Reino de Arabia Saudita, el que asume el costo para mejorar la calidad y el abasto de agua en la provincia de Camagüey.

Al cotejar lo publicado por el diario oficial Adelante, los sauditas han erogado más de 175 millones de euros para reducir los ciclos, construir redes, empalmar conductoras, reparar potabilizadoras, erradicar barrios insalubres, eliminar fosas, encauzar los residuales y ordenar el tema hidráulico.

Consultado sobre el tema Omar Orta, un económico con 30 años de experiencia, ironizó: «Imagino que los árabes pongan ese crédito en el saco del olvido o lo cedan en un gesto de caridad; pues si Cuba no tiene fondos para resolver esos problemas, de dónde los sacará para retribuir la inversión».

A juicio de los especialistas, en las últimas tres décadas la población de Camagüey se ha duplicado, pero las redes de agua continúan siendo las mismas de hace una centuria.

Por lo que se infiere, el problema que enfrenta el territorio es de previsión, control, cumplimiento de los cronogramas, uso inadecuado de las aguas subterráneas y falta de voluntad política para resolver la situación.

Recientemente, Antonio Rodríguez, presidente del del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), llamó a «eliminar los atrasos de la primera etapa». Esa etapa debía terminar en marzo, no se encuentra ni a la mitad y se ejecuta a un costo de 40 millones de euros.

Un operario aseguró a DIARIO DE CUBA que «los 72 kilómetros de conductoras y 45 de redes están al garete y por ahora no van a funcionar». Mientras que los 1.800 litros de agua por segundo que debían llegar a la ciudad de Camagüey para estabilizar el servicio a unos 300.000 habitantes «parecen el cuento de nunca acabar».

Una situación peor exhiben los objetos de obra de la segunda fase, a la que destinarán otros 45 millones.

Entre ellos la conductora de 1.000 milímetros del nudo de Altagracia, los 24,4 kilómetros de colectores para evacuar los residuales que contaminan los ríos y los 154 kilómetros de redes que llevaran agua potable a unos 100.000 moradores de Nuevitas y Florida, dos zonas del litoral donde la sobreexplotación de los pozos acentúa la intrusión salina.

Sin proyecto figuran la sectorización hidrométrica, el tema de los metrocontadores y la erradicación de las ilegalidades en la capital provincial. Otros 90.000 euros fueron destinados a comprar toberas y válvulas.

El deterioro es tan grande que en Nuevitas hay que partir de cero para dar un servicio decoroso y que el pueblo deje de beber agua sin potabilizar. Mientras que en Florida se deben reparar los cuatro pozos de San Antonio, hacer todas las redes y construir dos tanques de 5.000 metros cúbicos de capacidad, para que sus habitantes no consuman el agua «cruda» de la presa Caonao.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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