Lo que se está devaluando no es el peso, es el Gobierno cubano

El encarecimiento del dólar en Cuba ha sido espectacular, y nada presagia que vaya a detenerse. Que el Gobierno no pueda defender la moneda, reafirma que el castrismo está quebrado.

Cola para comprar pan a las 6:30 de la mañana en la calle Neptuno, de La Habana. DIARIO DE CUBA

Espectacular ha sido el encarecimiento del dólar en Cuba, superior al 30% en apenas dos semanas, sin que nada presagie que vaya a detenerse en los 100 pesos que cuesta ahora. Momentáneamente, se aminorará esta trepidante valorización por el efecto barrera sicológica asociada a números cerrados como el 100. Las personas, deliberada o inconscientemente, marcan límites que luego, por la fuerza del mercado, terminan rompiendo tras un breve periodo de adaptación mental.

A su vez, es esperanzadora y bienvenida la meridiana claridad con la que el Gobierno cubano reconoce que no defenderá su moneda. Esperanzadora, porque reafirma que el castrismo está absolutamente quebrado; bienvenida, porque es fundamental que haya certeza en el actuar de las autoridades. Ahora que es conocido que el Banco Central de Cuba (BCC) no comprará pesos para apuntalar su valor, los usuarios del dinero podrán tomar decisiones económicas mejor informados. Aunque con el castrismo nunca se sabe, parece que el Gobierno está siendo sincero, reconociendo que no tienen un quilo prieto partido al medio.

Y tras esta debacle del peso, ¿debería adoptar Cuba un tipo de cambio flotante?

El peso cubano, como toda moneda fiat, que es siempre un pasivo financiero estatal, vale según el Gobierno y la economía que lo respalda. Si el castrismo dejara flotar el tipo de cambio, se vería nítidamente cuánto se valora al Gobierno revolucionario… lo que sería un tanto humillante, pero no es esa la razón principal para no ir a ese modelo.

Un régimen cambiario flotante solo tiene sentido si la formación de precios es descentralizada, con lo que desaparecerían los subsidios hoy implícitos en los controles de precios, algo que llevaría a la ineficiente economía cubana, tan dependiente de las importaciones, al colapso. El mecanismo de transmisión entre el tipo de cambio y la inflación sería de giro uniforme, es decir, los precios reflejarían casi automáticamente cada desplome de la moneda nacional, lo que conduciría, a muy corto plazo, a una hiperinflación.

Aun así, ¿qué sentido tiene intentar sostener un tipo de cambio fijo si no se puede defender el valor del peso? El régimen de cambio fijo implica, de necesidad, un banco central cargado de divisas que pueda responder a la cantidad y velocidad del dinero circulante más los sustitutos monetarios a corto plazo; sin eso, el mercado negro está servido y el ridículo del Gobierno garantizado.

Como están las cosas, al Gobierno solo le queda escoger entre mal peor y el suicidio. Una opción que debe estarse sopesando es que el BCC devalúe oficialmente el peso a 100 por un dólar, reconociendo el precio del mercado negro, lo que le daría credibilidad a la contabilidad y se podrían evaluar más seriamente los costes empresariales. Pero ello conllevaría una agresión potentísima contra el poder adquisitivo de los salarios y pensiones, lo que sería el último puntillazo a la Tarea Ordenamiento, sin que a cambio, como muchos piensan, se facilite la exportación.

Abaratar la moneda como herramienta de exportación es útil únicamente cuando la balanza comercial es potencialmente positiva; pero cuando el país depende de importar para vivir, devaluar solo consigue encarecer lo que se compra fuera. Por ejemplo, China no exporta mucho porque devalúe su moneda, sino que, como exporta mucho, puede devaluar su moneda —y eso ayuda a su sector exterior—, demandando grandes cantidades de dólares y efectos financieros norteamericanos.

La productividad es previa a la devaluación; como en Cuba la productividad es bajísima, una devaluación monetaria no cambiaría nada en la economía real, se sigue y seguirá produciendo poco y mal. Las reformas económicas necesarias en Cuba no van por ahí.

Relacionado con lo anterior, pero como punto aparte, encontramos que, si espectacular ha sido la revalorización del dólar, muy llamativo es que esa moneda, ilegalizada como medio de intercambio en Cuba, haya superado el valor del MLC (o dólar bancario), que sí es una unidad monetaria con total capacidad de compra en la Isla ¿Qué ha pasado? Pasó Nicaragua.

Que el dólar cueste más que el MLC, indica que las ganas de emigrar de los cubanos son inmensas, y también, que la economía paralela, donde sí es aceptada la divisa estadounidense, gana peso con respecto a la economía estatal. Dos malas noticias para el castrismo y su afán de sostener, cueste el sufrimiento que cueste al pueblo, su estrambótico modelo de núcleo estalinista, parcheado con retazos capitalistas, que está en esa crisis que Gramsci describe como «cuando lo nuevo no termina de nacer porque lo viejo no termina de morir». Cuba no necesita ni aguanta reformas, precisa borrón y cuenta nueva para poder renacer.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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