Las trabajadoras sexuales, la reapertura de las fronteras y la extinción del ‘peligro’

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A la reapertura del turismo en Cuba podría sumarse la eliminación de la ‘peligrosidad predelictiva’ con que se juzga la prostitución.

Malecón de La Habana. CUBALOG

Para Lilianne Rosales, el anuncio de la reapertura de las fronteras al turismo internacional es la única buena noticia que ha escuchado en el último año y medio, y asegura estar lista. Madre soltera de dos menores de edad, desde hace diez años ofrece servicios sexuales a extranjeros, un oficio que quedaría en paro total tras la expansión del Covid-19 en la Isla.

«Estoy lista para recomenzar mi trabajo. Fue un año y medio muy duro para mis hijos y para mí, que tuve que volverme hasta ‘colera’ para poder mantenerlos alimentados y bien vestidos», relató Rosales, de 31 años de edad, quien se reconoce a sí misma como «trabajadora sexual».  

«No me percibo como jinetera, porque entonces todos los negocios relacionados con el turismo lo serían también. Nadie les dice jineteros a los choferes de autos de lujo ni a los cocheros que ofrecen sus servicios exclusivamente a extranjeros en La Habana Vieja. Tampoco discrimino a los cubanos, simplemente elegí trabajar con extranjeros del mismo modo que quienes administran un hostal, o un guía turístico, o los artesanos que venden souvenir en las ferias del Casco Histórico», aclaró Rosales, asegurando además que ya «renovó» sus convenios con dos administradores de hostales en La Habana y otros dos en Trinidad.

Prevista por las autoridades del régimen a partir del próximo 15 de noviembre, la reapertura de las fronteras al turismo internacional es una bocanada de oxígeno para las trabajadoras sexuales, especialmente para aquellas que tienen hijos menores de edad, situaciones de vivienda que las obliga a vivir alquiladas o familiares de la tercera edad con problemas de salud.

Aunque la mayoría son jóvenes —no sobrepasan los 35 años de edad— y tienen como proyecto futuro migrar a otros países, deben lidiar con la sobrevida en Cuba mientras llega la oportunidad de «poner mar por el medio».

«Una mujer no llega a ofrecer servicios sexuales del mismo modo que eliges estudiar una carrera universitaria. Al menos no en mi caso ni el de todas mis amigas en este giro. Lo que sí aprendes, para contrarrestar el repudio de la gente y del Gobierno, es a respetarte a ti misma y al trabajo que haces», puntualizó Yaneisys Cedeño, quien por razones económicas en su familia no pudo concluir la Licenciatura en Química.

«Por eso me gané el respeto de los dueños de los tres hostales y de varios restaurantes y bares donde suelo trabajar. No me ven como prostituta o jinetera, sino como otra trabajadora más del giro que se gana su salario con honradez. Durante todo el tiempo que estuvo cerrado el país tuve que hacer cosas mucho menos agradables, como millones de cubanos, por obligación para no morirme de hambre ni yo ni mis hijos y mis dos padres. Ninguna cubana quiere ser colera, revendedora o vendedora ambulante de escobas y trapeadores. El Gobierno habla de que las mujeres en Cuba están emancipadas y empoderadas, pero eso solo sucede dentro de la pecera que ellos llaman Revolución. La realidad es otra, y bien distinta», remarcó Cedeño, de 26 años de edad.

Además de la reapertura de las fronteras y el regreso de empleo para decenas de trabajadoras sexuales habaneras, las modificaciones previstas por el régimen a la Ley de Procedimiento Penal podrían favorecer a todas las trabajadoras sexuales en la Isla que, por su oficio, son hostigadas y acosadas por las autoridades policiales.

Durante décadas, a las trabajadoras sexuales que ofrecían sus servicios a extranjeros se les llamó peyorativamente «jineteras». A pesar de que el propio Código Penal no reconoce la prostitución como delito, estas mujeres eran procesadas bajo la figura de peligrosidad predelictiva —comúnmente conocida como «el peligro»— que preveía sanciones de hasta cuatro años de cárcel.  

El Artículo 72 del Código Penal vigente considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista.

Por su parte, el Artículo 73.1, sostiene que el estado peligroso se aprecia cuando en el sujeto concurre alguno de los índices de peligrosidad como la embriaguez habitual y la dipsomanía; la narcomanía; la conducta antisocial. En su Apartado 2, el citado Artículo considera en estado peligroso por conducta antisocial al que quebranta habitualmente las reglas de convivencia social mediante actos de violencia, o por otros actos provocadores, viola derechos de los demás o por su comportamiento en general daña las reglas de convivencia o perturba el orden de la comunidad o vive, como un parásito social, del trabajo ajeno o explota o practica vicios socialmente reprobables.

Según las declaraciones de Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular, podría desaparecer la figura «peligrosidad predelictiva» del Código Penal vigente, aludiendo a que «el Derecho Penal solo se ocupa de hechos que sean delitos establecidos en el Código Penal».

«Esa sería otra buena noticia, si acaso podríamos creer que no tienen [el régimen] otra trampa bajo la manga con la cual asfixiarnos como siempre», objetó Sahilí Rodríguez Peña, de 25 años de edad y madre de una niña de cuatro años.

«No solo deberían despenalizar el peligro, sino también ese otro delito que nunca estuvo en el Código Penal, pero que la policía aplicaba y los tribunales admitían con las consecuentes actas de advertencia: el asedio al turista. Muchísimas de nosotras trabajábamos o estudiábamos, pero para mantener a hijos o familiares a nuestro cargo, salíamos en las noches a ofrecer servicios sexuales a extranjeros. Aun así, éramos asediadas por la Policía, el jefe de Sector y los delatores que se escudan tras los cargos del Comité, la Juventud o el Partido. Muchas mujeres de este oficio sufrieron hasta cárcel; así que espero que, tras la bendecida reapertura de las fronteras, también este Gobierno se abrá a la tolerancia de las mujeres jóvenes, y no pocas madres solteras, que nos ganamos el sustento con este servicio», concluyó Rodríguez Peña.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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