Las negligencias acentúan el dolor de los santiagueros por sus muertos

A Héctor y Nancy le dieron dos versiones distintas de la muerte de su madre en un hospital de Santiago de Cuba.

Un féretro de fallecido por Covid-19 en Santiago de Cuba. A. A. TORREBLANCA DIARIO DE CUBA

El sábado 21 de agosto Héctor y Nancy acudieron al Hospital General Juan Bruno Zayas, de Santiago de Cuba, en busca de información sobre su madre. La noticia fue lapidaria: la anciana había fallecido y, por «no tener familia y vivir sola»,  las autoridades sanitarias decidieron incinerarla.

Nancy, en medio del dolor y la desesperación, explicó a la funcionaria que no habían pasado 24 horas desde que la llevaron al policlínico y dio positiva al Covid-19. «Allí consignaron sus datos, apuntaron los teléfonos y nos dijeron que la trasladarían hacia esta institución hospitalaria», dijo.

Sin apenas levantar la vista y el menor signo de amabilidad, la funcionaria refutó: «A diario llegan muchos pacientes con los nombres y las direcciones equivocadas. Esta es la historia clínica de su madre y, como ven, faltan detalles. Nosotros no hemos violado nada; cumplimos con el procedimiento que establece el protocolo para quienes mueren de coronavirus».

Ambos hermanos se ahogaron en lágrimas. En medio de su consternación, los transeúntes y hasta el personal médico que presenció la escena les contaron anécdotas de otras personas que tampoco habían podido recoger las pertenencias de sus parientes y darle sepultura.

Pasadas 48 horas, Héctor recibió una llamada. Esta vez solicitaban su presencia en el Hospital Provincial Saturnino Lora, donde le pedían identificar el cadáver de su madre, de 76 años, quien oficialmente no había fallecido de Covid-19, sino de una supuesta bronconeumonía bacteriana.

Otra vez el sufrimiento cobró forma, pero ahora con una mezcla de indignación y angustia por la insensibilidad con que las autoridades sanitarias  encaran las pérdidas de vidas humanas.

Nancy acompañó a su hermano, pero no tuvo el valor de pararse frente al cadáver de su madre.

En la morgue una funcionaria de la intendencia los esperó y pidió disculpas. Luego les informó que por la gravedad de las violaciones, el Gobierno había enviado equipos de trabajo a todos los departamentos de admisión de los hospitales de Santiago de Cuba, con el objetivo de frenar la pérdida de los cadáveres.

Al concluir la identificación del cádaver y colocarlo en el ataúd, se lo entregaron para que lo velaran en la funeraria Bartolomé Masó por espacio de tres horas.

Antes de partir la funcionaria exigió discreción y no divulgar lo sucedido en las redes sociales, porque casos como el suyo «empañan la imagen de la salud y la Revolución cubana».

Frente a la fosa común abierta en el cementerio ubicado entre las localidades de El Oasis y La Arenera, en las inmediaciones de la playa de Siboney, Héctor y Nancy dieron el último adiós a su madre, pero al dejar caer una flor sobre su tumba sintieron «repugnancia por un Gobierno que miente, irrespeta a los difuntos y menosprecia el dolor de sus ciudadanos».   

El desorden epidemiológico agrava la pandemia     

Casos como este no son únicos. Por el contrario, convierten a Santiago de Cuba en uno de los epicentros de la pandemia de Covid-19.

Aquí la falta de exigencia, los errores en la pesquisa y el nivel de improvisación de las autoridades propician el desorden epidemiológico.

Según los partes del Ministerio de Salud Pública, la provincia cerró el mes de julio con 13.602 casos positivos y 67 fallecidos; sin embargo, hasta el 25 de agosto acumula 14.419 contagiados y 165 defunciones, cifras que confirman no solo la agresividad de las cepas que circulan, sino la ineficacia de las políticas fallidas para contener la propagación del coronavirus.

De acuerdo con la información publicada en Facebook por el periodista Anolvis Coscó Tarradel, desde marzo de 2020 a la fecha han fallecido 342 santiagueros y existen 1.662 focos activos, como resultado de los altos niveles de contaminación en todos sus municipios.

En un panel informativo de la televisora oficial Tele Turquino, Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública, reconoció que dicha situación «trae como consecuencia que los servicios de salud se vean abarrotados, a partir del número de casos con sintomatología que llegan a los cuerpos de guardia y son tributarios de un ingreso o una observación exhaustiva».

«Hay más de 6.000 capacidades, tanto para aislamiento como para hospitalización, y un plan que tiene previsto otros centros, si se incrementa el número de casos… como se prevé suceda en las próximas semanas», explicó Peña García al referirse a las tensiones del sistema de salud para garantizar el soporte respiratorio a pacientes graves y críticos.

Atendiendo al nivel de dispersión y la gravedad de la situación, la viceministra aseguró que «cuando un foco aporte cinco o más casos se considerará un evento de transmisión y decretarán la cuarentena», medida que debió implementarse desde el inicio de la pandemia.

Tras reconocer las denuncias en cuanto al trato degradante que recibe el pueblo, la funcionaria dijo: «Estamos preparando condiciones en todos los cuerpos de guardia de los policlínicos, para que los pacientes que requieran traslados tengan una estancia digna y en el menor tiempo posible lleguen a los centros donde serán hospitalizados o vigilados».

García Peña aseguró que durante enero y febrero circuló en el territorio la cepa de Wuhan, pero desde mayo están activas las del Reino Unido, California y Sudáfrica, con sus dos variantes. «Una gama que inevitablemente tiene que ver con la explosión de casos y el incremento de la mortalidad.»

Sin embargo, evitó referirse a la variante Delta, o cepa india del Covid-19, que los médicos y el personal de laboratorio aseguran extraoficialmente que se expande con celeridad por Santiago de Cuba.

Tal es así que la dirección política y gubernamental de la provincia divulgó un centenar de medidas que se suman al toque de queda nocturno, el trabajo hasta las 11.00AM y la restricción de movilidad a partir de la 1.00PM.

Durante su última visita de trabajo, el presidente Miguel Díaz-Canel criticó la desorganización con que las autoridades locales enfrentan la dispersión del coronavirus y reconoció que Santiago de Cuba es uno de los territorios con peor situación en el país.

Díaz-Canel explicó que la falta de disciplina atenta contra el control de la pandemia en una provincia con transmisión en sus nueve municipios y una tasa de letalidad en aumento, debido a que los pacientes presentan un rápido deterioro de su cuadro clínico en un estadio temprano de la enfermedad.

En tanto, el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, informó los resultados de una inspección del Gobierno central, que reveló violaciones en la aplicación de los protocolos sanitarios que impactan en el curso de la epidemia, repercuten en el derroche de recursos, coinciden con las denuncias de la población y sobrecargan el ya tenso sistema sanitario cubano.

Ninguno de los dos dirigentes hizo alusión a su propia responsabilidad en la situación, tampoco a que en las farmacias no se hayan vendido mascarillas, geles u otros productos esenciales para combatir el Covid-19.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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