Cuba

Las colas en Cuba no creen en dólares ni en moneda nacional, y el COVID-19 anda suelto en estos espacios

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Una de las situaciones más criticadas en la actualidad en Cuba, con las conocidas colas. Por ejemplo, en la tienda de 3ra y 70, en La Habana, se forman colas de más de 200 personas diariamente para comprar los productos en Moneda Libremente Convertible (MLC) que allí expenden.

Son largas filas caracterizadas por la desorganización y por el incumplimiento de la separación física que requiere la pandemia. En estas tiendas, existe una persona que es la responsable de mantener el orden en las colas, reparte tickets que se ponen en el documento de identificación del comprador, asignándole así un número que le indicará cuándo podrá entrar a la tienda. Además, también es su trabajo conducir a las personas desde la calle hasta el establecimiento, trayecto que realiza aproximadamente cada 45 minutos.

Independientemente de las condiciones del tiempo, aunque sea alta la temperatura o haya muchas precipitaciones, todos necesitan comprar en estas tiendas, por lo cual, los clientes se adaptan cualquier condición climatológica y persisten para no perder su turno. Un pequeño número de personas busca el lugar ideal para pasar el tiempo, si es a la sombra, mejor, mientras que muchísimas personas aguantan de pie en donde se les indicó. Llegadas las 11 de la mañana, se puede observar al responsable de organizar la cola, transmitirles a los compradores que el establecimiento terminará su jornada laboral en poco tiempo por lo cual no puede asegurarle a todos la entrada ese día.

Muchos son los ciudadanos que, enfurecidos, comienzan a quejarse, denunciando que es abusiva la espera, ya que un grupo de ellos, se encuentra esperando desde horas tempranas de ese día. El trabajador comienza a molestarse y desde su lugar, alza la voz, se retira su mascarilla y expresa que es un trabajador del Estado, por lo cual hay que respetarlo debidamente, les dice a los compradores a causa de las quejas por su mala gestión en el cargo. También, hace un llamado a mantener el orden y la organización, ya que dice molestarse por el mal comportamiento de los clientes. Entre tantas voces, se oye a una mujer reclamar porque en la jornada anterior esperó tres largas horas para adquirir cigarros únicamente.

El descontrol y la desorganización reinan en la cola. El trabajador continúa justificándose con que las colas son así, que él no puede hacer más nada, mientras que todos escuchan y se quejan al mismo tiempo. Muchas personas se encuentran a su alrededor y, aun así, él continua con la mascarilla mal puesta sin importarle los clientes, sabiendo que ahí se encentran personas que pueden ser de muy vulnerables por la situación epidemiológica existente. Se oye una voz que le reclama el uso correcto de su mascarilla, pero a este hombre solo le interesa reiterar una vez más que por el cargo que representa exige respeto.

La isla en estos tiempos atraviesa su peor momento desde que comenzó la pandemia. Desde los directivos del país se habla de endurecer las acciones de prevención y de sancionar a aquellos que no respeten las normas aplicadas, pues, Cuba está registrando más de 8000 pacientes nuevos cada día.

Una vez más, ante una ardiente disputa entre los presentes, el encargado de mantener el orden en la fila de espera, insiste en que se le debe respetar por ser un empleado del Estado. Después de este momento, de pérdida de tiempo totalmente innecesaria, otorga los tickets enumerados a los compradores y conduce alrededor de 20 personas hacia el interior del establecimiento. Una vez terminado el recorrido, regresa a su puesto fijo, en la entrada del local donde tiene una silla al lado de una pequeña mesita, ahí se encuentran envases con cloro para desinfectar las manos de los clientes. Utiliza su walkie-talkie para comunicarse con trabajadores al interior de la tienda y así conocer (entre otras cosas) que tan llena está la misma. Por supuesto, esta “autoridad” trabaja casi el 100% del tiempo usando incorrectamente la mascarilla, sin importarle las exigencias de las autoridades reales del país y las normas de prevención. Ante tanta irresponsabilidad del encargado, un matrimonio comenta que, en una ocasión, los sancionaron por bajarse la mascarilla para tomar helado en la calle, en ese instante, con mucha amargura recordaron los dos mil pesos cubanos que tuvieron que pagar.

Por otra parte, los compradores ingresan al establecimiento sin el mantenimiento de las normas de prevención y sin que nadie controle el desorden que existe al interior del establecimiento. Después de guardar sus pertenencias en los conocidos “guarda bolsos”, en donde un señor de muy avanzada edad se encarga de recogerlos, logran finalmente acceder al mercado. Los pomitos para la desinfección de manos son ignorados por casi todos, excepto por determinados compradores que usan desinfectante propio, pero a la mayoría, no les interesa higienizarse. Aun así, se puede sentir en el ambiente, cierta tranquilidad por haber logrado entrar, después de una interminable espera, que siempre genera un cansancio excesivo, tanto físico como mental.

Regresando a la cola, poco más después de la 1 de la tarde, el encargado de la fila les comunica a los compradores que el local se encuentra a punto de cerrar por ese día y que más nadie podrá acceder al mercado. Nuevamente se acaloran las personas. Se escucha una voz que expresa que, en la puesta del establecimiento, dice claramente que terminan su día a las 2 de la tarde. Ante la queja, el hombre de muy mala gana contesta que ese itinerario no es el vigente y se marcha. Entra al establecimiento por una puesta trasera, donde se agrupan muchos ciudadanos para adquirir pan en un puesto de venta estatal que radica allí. Sin importar como deja la situación en la cola, este hombre se ha marchado, dejando atrás a la pobre mujer hablando sola. Muchos se quejan de que no se respetan los derechos de los compradores. Aun así, no pasa nada, pues no tienen a nadie que los ayude por parte de los trabajadores del centro, solo les queda esperar a ver si pueden comprar, aunque sean los últimos clientes del día.

Es evidente, que, en este complejo de tiendas, las personas sufren por la mala gestión de los que se dedican a “mantener el orden” en el lugar. Las desesperantes horas de espera y el maltrato por parte de los trabajadores que mantienen la organización en la entrada del lugar son las principales reclamaciones que se hacen diariamente en el establecimiento. Muchos de los que ejercen esa labor, les hablan a los clientes con mucha superioridad y en diversas ocasiones, con un tono bastante desagradable, llegando a molestar muchísimo a los compradores. Por suerte, estos desagradables enfrentamientos solo ocurren para acceder al mercado. En las otras áreas de venta de la instalación, ya sea de venta de artículos para la casa o venta de ropa, los trabajadores tienen otras atenciones con los ciudadanos. A pesar de este maravilloso trato, en estas tiendas tampoco existe el personal que se encargue de velar por el cumplimiento de las medidas de prevención de la Covid-19, ni tan siquiera la desinfección de manos. Estos descuidos sanitarios pueden ser resultado del desgate físico y emocional que sufren los trabajadores del local. Sin embargo, no es suficiente razón como para no cumplir con lo establecido, ya que la salud de todos está en juego.

En diversos establecimientos del Estado de ventas en Moneda Libremente Convertible (MLC), ocurre lo mismo que hoy en 3ra y 70 como por ejemplo en el conocido complejo de tiendas Carlos III. Las personas que tienen la responsabilidad de hacer cumplir las medidas de higiene en las tiendas y el orden de las colas no realizan su trabajo correctamente, han perdido la percepción del riesgo. Por lo cual, tampoco exigen la separación entre los ciudadanos que esperan fuera de los establecimientos. Incluso, lamentablemente, muchas veces les alzan la voz como si fueran niños, sin tener en cuenta que todos merecemos un buen trato, por muy difícil que sea la situación.

Cada día del mes son cientos de personas las que acuden a adquirir alimentos entre otras mercancías en los establecimientos en MLC. A pesar, de que estas personas, son dichosas de poseer una entrada regular de esta moneda, ya que todo el país no la tiene, no es del agrado de nadie arriesgarse en plena pandemia a hacer una cola, para que los encargados no hagan bien su trabajo y encima, maltraten a los presentes. Como ya se ha mencionado anteriormente, muchos de estos encargados, que violan las medidas higiénicas implementadas por el Estado, tampoco les interesa hacerlas cumplir y como si fuera poco, pierden los modales cuando atienden al público. En ellos también puede hallarse la responsabilidad de algún comprador o trabajador infectado.

TOMADO DE CUBACUTE

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